De
nuevo aparece el nombre del ministro de Hacienda de Brasil, Antonio
Palocci, en relación a los escándalos de corrupción.
La comisión parlamentaria (CPI) que investiga el
caso de los bingos votará la semana próxima
si citan a declarar a Palocci, algo que probablemente pondrá
de nuevo nerviosos a los inversores internacionales.
Cada
vez que el ministro de Hacienda es noticia por cualquier
asunto relacionado con los casos de corrupción, los
mercados brasileños se hunden porque los inversores
temen las consecuencias de la posible caída de Palocci,
actual hombre fuerte del Gobierno de Lula, en la economía
brasileña.
En
lo que va de semana, el índice bursátil Ibovespa
acumulaba una modesta revalorización del 0,7%, mientras
que el real permanecía prácticamente sin cambios
frente al dólar, con un avance mínimo del
0,1%.
La
atención estaba hoy centrada también en la
reacción del presidente del Congreso, Severino
Cavalcanti (PP), a las peticiones de dimisión
lanzadas desde los partidos opositores. Cavalcanti no ha
dejado lugar a dudas de sus intenciones: no piensa renunciar
a su cargo bajo ninguna circunstancia.
La
oposición pide la cabeza de Cavalcanti por su presunta
participación en un caso de corrupción. Al
parecer, según se ha publicado en la prensa brasileña,
el presidente del Congreso aceptó un soborno de 10.000
reales (3.419 euros) del restaurante que tiene una concesión
de la Cámara por renovar su permiso.
Mientras
tanto, en las calles sigue habiendo mucho ruido. Hoy se
han congregado 2.000 manifestantes para protestar contra
la corrupción y contra el presidente Lula. En la
movilización participaron sindicatos, empresarios
y miembros de algunos de los partidos aliados del Gobierno.
El
mandatario brasileño, muy lejos de este alboroto,
recibía hoy al presidente de Nigeria, Olusegun Obasanjo,
de visita en el país para tratar asuntos bilaterales
y preparar la primera Cumbre Latinoamérica-Africa.
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