El
presidente de México, Vicente Fox, ha dado la espalda
temporalmente a la reforma fiscal de Pemex, aprobada por
el Congreso mexicano el pasado 28 de junio, y ha devuelto
el texto a las Cortes para que lo modifiquen. Según
informó en un comunicado la Presidencia del país,
la decisión de no dar luz verde al proyecto de ley
está justificada en que la reducción de la
carga impositiva de la petrolera paraestatal provocaría la disminuición
en los recursos en las arcas estatales.
Tanto
el poder Ejecutivo como el Legislativo coinciden en que
es necesario modificar el actual sistema impositivo de la
petrolera mexicana, ya que actualmente los impuestos que
paga Pemex, (que facturó casi 70.000 millones de
dólares -57.231 millones de euros- en 2004), al Gobierno
nacional en concepto de impuestos y regalías, representan
el 60,8% de sus ingresos totales, algo que limita su capacidad
de crecimiento.
El
proyecto de la Asamblea Legislativa preveía aligerar
la carga fiscal de Pemex entre 1.500 y 2.300 millones de
dólares (1.196 y 1.835 millones de euros) en 2006
y otros 7.400 millones (5.903 millones de euros) en los
siguiente siete años. Sin embargo, al Gobierno de
México no le salían las cuentas, ya que con
estas modificaciones, los recursos destinados al fisco disminuirían
en unos 6.000 millones de dólares (5.396 millones
de euros) en concepto de impuestos y derechos de la petrolera
en el primer año de vigencia, lo que afectaría
directamente al gasto público federal y al de los
estados.
Los
principales partidos políticos de México,
como el Partido Revolucionario Institucional (PRI), que
domina el Parlamento y el Senado mexicano,
y la formación política gobernante, el Partido
Acción Nacional (PAN), han criticado la decisión
de Fox y le acusan de no enfrentarse a la situación
de crisis por la que atraviesa Pemex.
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