Viernes 2 de septiembre de 2005


El PIB brasileño crece en el segundo trimestre un 3,9%, un dato mejor de lo esperado por los analistas

La economía vuelve a ser el escudo de Lula

Por María Blasco

La economía brasileña ha dado un respiro a Lula. El escenario político cada día esta más revuelto, pero las variables financieras marchan como nunca bajo la batuta de Antonio Palocci, el nuevo hombre fuerte del Gobierno tras la caída en desgracia de José Dirceu. En el segundo trimestre del año, el PIB del país creció a un ritmo del 3,9%, un buen dato que ha animado a Lula a presentar para 2006 un presupuesto más generoso en gastos que el del año anterior.

Los escándalos de corrupción dan cada día un nuevo disgusto a Lula. Pero hay algo que, de momento, no le falla al presidente brasileño: la evolución de la economía. Esta semana se ha conocido que el PIB del país creció en el segundo trimestre del año un 1,4% respecto al anterior, una tasa que ha superado las expectativas de la mayoría de los expertos.

El crecimiento respecto al mismo trimestre del año anterior fue del 3,9% y en el acumulado del año el aumento fue del 3,4% en relación con el mismo periodo de 2004; unas mejoras que muestran que la economía brasileña, de momento, no ha sentido los efectos de la grave crisis política que atraviesa el país.

Eso al menos afirma el ministro de Economía, Antonio Palocci, quien durante toda la semana se ha regocijado en el buen dato del PIB. El ministro asegura que cuando los analistas estudien detenidamente los números de la economía de Brasil percibirán su resistencia a la crisis política.

La clave del éxito. Unos días mas tarde, Palocci explicó la clave del éxito: el esfuerzo hecho por el Gobierno para garantizar la estabilidad, mantener las cuentas públicas ajustadas, reducir la deuda pública y contener la inflación.

Las cosas van tan bién que Lula ha decidido proponer un presupuesto para 2006 más generoso que el anterior, algo que seguro también le ayuda a ganar algo de la popularidad perdida entre sus potenciales electores a raíz de la crisis política.

El presidente brasileño pretende que el gasto público para el próximo año se incremente hasta los 389.500 millones de reales (134.096 millones de euros), lo que supone un incremento de casi el 9% respecto al aprobado para este año. El anuncio lo realizó el ministro de Presupuesto, Paulo Bernardo Silva, quien ha explicado que esta propuesta incluye 108.000 millones de reales (37.182 millones de euros) que serán destinados a los salarios de los dos millones de trabajadores del Gobierno federal, y 14.700 millones (5.060 millones de euros) para hacer nuevas carreteras, puertos y realizar otras inversiones.

La propuesta de Presupuesto de Lula tiene el beneplácito de toda su base aliada, partidos que han decidido unánimemente en una reunión celebrada esta semana apoyar al Gobierno en este asunto para evitar que la crisis acabe afectando a las cifras económicas.

Apoyo unánime. Los presidentes del Partido de los Trabajadores (PT), Tarso Genro; del Partido Socialista de Brasil (PSB), Roberto Amaral, y del Partido Comunista de Brasil (PCdoB), Renato Rabelo, han presentado al Ejecutivo un documento en el que proponen la coordinación de las formaciones que apoyan a Lula ante la próxima discusión de las cuentas públicas de 2006.

Estas formaciones políticas proponen en un comunicado conjunto que se prioricen los debates sobre los asuntos relevantes para el desarrollo del país, como la inversión en infraestructura, la salud pública, vivienda, educación o la política de ayudas sociales. Consideran además que el momento de la discusión y posterior votación del Presupuesto será clave para la configuración del último año de mandato del presidente Lula.

Según algunos observadores citados por la agencia Bloomberg, las cuentas presentadas por el mandatario latinoamericano para el próximo año responden a la presión a la que está sometido el Gobierno, con una crisis política encima que se agrava cada día que pasa mientras las elecciones presidenciales se acercan y los fracasos en el Congreso se agolpan.

El último traspiés se produjo esta misma semana. La Cámara baja rechazó por mayoría el veto dado por Lula a un incremento del 15% de los salarios de los trabajadores del Parlamento. Al Gobierno ahora sólo le queda como recurso apelar al Tribunal Supremo Federal. La Administración brasileña se niega a aceptar este incremento porque considera que el Gobierno no tiene los fondos suficientes para afrontar este gasto cifrado en unos 470 millones de reales (161 millones de euros).

Una gran derrota. Esta derrota 'económica' muestra la actual debilidad política de la Administración de Lula en un momento en que la crisis generada por los escándalos de corrupción avanza no se sabe muy bien hacia dónde.

Esta semana, el presidente de Brasil ha reconocido que la situación es "extremadamente grave", pero también ha pedido seriedad al país. Lula asegura que es posible que al final de todo este proceso se tenga que crear un nuevo instrumento para pedir disculpas a las personas que han sido "crucificadas" injustamente, víctimas de acusaciones sin fundamento.

Mientras tanto, en el Congreso está ya preparada la lista de los diputados involucrados en los casos de corrupción que podrían perder su mandato en la Cámara baja. Son 18 las personas que aparecen en esta relación: siete parlamentarios del Partido de los Trabajadores (PT), entre los que se encuentra el ex ministro de la Presidencia José Dirceu; cuatro del Partido Progresista (PP), tres del Partido Liberal (PL), dos del Partido Laborista (PTB), incluido su presidente, Roberto Jefferson; uno del Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB) y otro del Frente Liberal (FL). Todas estas formaciones políticas, excepto el PP y el PFL, forman parte de la base aliada del Gobierno.

El informe será posteriormente presentado a la Mesa directiva del Congreso y un Tribunal Interno deberá decidir si lo tramitan al Consejo de Ética. Si es así, se decidirá si se les cancela su mandato en el Parlamento en una votación secreta en el Plenario de la Cámara baja.

Todo indica que finalmente a estos diputados se les retirará su mandato. El ambiente está muy caldeado como lo demuestra el hecho de que hoy viernes un grupo de 62 diputados de diez partidos políticos, aliados y de la oposición, han lanzado un manifiesto en el que exigen la investigación hasta el final de las denuncias de corrupción y un castigo ejemplar para los corruptos y corruptores.

Crisis en el seno del PT. La actual crisis ha debilitado no sólo al Gobierno sino también al Partido de los Trabajadores (PT) que lidera Lula. Las luchas internas han salido a la superficie tras los escándalos y amenazan con sumir en el caos al mayor partido de izquierdas de Latinoamérica.

El actual presidente de esta formación, Tarso Genro, ha renunciado esta semana a presentar su candidatura ante la constatación de que no puede hacer nada por alejar de la Ejecutiva al todopoderoso José Dirceu, cuya cabeza quieren tanto la oposición como la corriente más a la izquierda del PT.

El ex ministro de la Presidencia se ha atrincherado en la directiva del partido, desde donde espera probar su inocencia en relación con los casos de corrupción. Con la renuncia de Genro a presentarse a las elecciones acaba, según él mismo había advertido días atrás, el proceso de depuración que pretendía imponer en el PT tras la implicación de buena parte de su cúpula directiva en los escándalos.

Tanto Genro como Dirceu forman parte de la misma corriente dentro del PT, la denominada del Campo Mayoritario, en la que también se encuentran, entre otros, Lula, el ministro de Economía, Antonio Palocci; el ex presidente del PT, José Genoino, o el ex tesorero del partido, Delubio Soares. Estos dos últimos han sido alejados de su cargo por su presunta implicación en los casos de corrupción.

De forma que, por primera vez en mucho tiempo, las peleas internas han sido protagonizadas por dos miembros de la misma corriente. Y el triunfo ha sido para Dirceu.

En representación del Campo Mayoritario se presentará como candidato el actual secretario general del partido, Ricardo Berzoini, quien ha explicado esta semana que comparte con Genro la defensa del principio de refundación del partido, la ruptura con los procedimientos que llevaron a la actual crisis y una mayor independencia del Gobierno.

Un programa que no convence a la corriente más a la izquierda del PT y tampoco a otros diputados más moderados, algunos de los cuales han anunciado que se irán del partido tras conocer la decisión de Genro. Berzoini competirá por la Presidencia con otros seis candidatos, todos ellos representantes de la línea más dura del partido: Markus Sokol, Valter Pomar, Raul Pont, Maria do Rosario, Luis Gonzaga da Silva y Plínio de Arruda Sampaio.

Según se asegura en algunos medios de comunicación brasileños, los acontecimientos ocurridos en las últimas horas en el seno del PT han disgustado a Lula que, al parecer, prefería que Dirceu saliera de la Ejecutiva de esta formación política como estrategia para eliminar tensiones dentro del propio partido y también para hacer un guiño a la oposición. De momento, no lo ha conseguido.

   

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