Viernes 2 de septiembre de 2005


La escalada de los precios del petróleo pone en peligro cualquier economía por poderosa que pueda ser

La energía como problema

Por Alberto Miguel Arruti

Bajo el término ‘energía’ se entiende uno de los conceptos más básicos que aparecen en la ciencia y también uno de los más profundos, pero que lo usamos en la mayor parte de los casos, añadiéndole un calificativo como puede ser nuclear, eólica, solar, etc. En este momento, la escalada de los precios del petróleo, de muy difícil marcha hacia atrás, pone en peligro cualquier economía, por poderosa que pueda ser, que no se plantee el empleo de otras fuentes de energía. Todo ello se complica, además, por el compromiso con las exigencias de las políticas medioambientales. Dicho con otras palabras, se impone un nuevo modelo energético.

La energía nuclear, por fisión, es ampliamente aceptada, con todos los riesgos y dificultades que entraña. La energía nuclear, por fusión, es todavía algo que se encuentra en trance de investigación. La ciencia actual lucha por conseguir reacciones de fusión controladas, que sirvan para obtener energía y parece razonable pensar, que en un futuro a medio plazo, se pueda disponer industrialmente de este procedimiento para obtener energía.

Mientras, los expertos recomiendan reiteradamente que España necesita con urgencia ahorrar energía. En este sentido, escribe Sergio de Otto, que “si el consumo de electricidad está aumentando casi un 9%, si la punta de la demanda crece con valores superiores al 15%, si nuestra factura del petróleo supone un 2,6% del PIB mientras que en Europa es del 1,8%, no queda más remedio que cambiar algo”. Y ese algo puede consistir, entre otras cosas, en ahorrar energía.

Por otra parte, un informe de la Universidad de Stanford (EEUU) ha evaluado los recursos eólicos de todos los continentes y ha llegado a la conclusión de que bastaría aprovechar el 20% del potencial del viento para cubrir todas las necesidades energéticas de la Humanidad. Si en 2000, se hubiese dispuesto de aerogeneradores en todos los lugares de la Tierra donde soplan vientos, la energía obtenida hubiera sido de 72 teravatios (TW), lo que significa 72 billones de vatios o 54.000 millones de toneladas de petróleo equivalente (Mtpe).

La Unión Europea ha dado a conocer, en fecha reciente, un documento en el que afirma que, en el año 2030, tendrá que importar el 70% de la energía que necesita. Ante esta situación, propone una serie de medidas para ahorrar un 20% para el año 2020.

Además de otras energías renovables, como pueden ser la solar, térmica y fotovoltaica, o la biomasa, aparece el hidrógeno como una posible alternativa. En este sentido, un economista norteamericano, Jeremy Rifkin, escribió un libro, La economía del hidrógeno, en el que se sostiene que este gas, que es el elemento más básico y ubicuo del Universo, tiene el potencial suficiente para poner fin a la dependencia del mundo respecto a las importaciones de petróleo. Ello cambiaría la política del mundo, pues enfriaría, o haría desaparecer, el peligroso juego geopolítico, que practican actualmente el mundo musulmán y los países occidentales.

Entre los años 2010 y 2015 se empezarán a comercializar los primeros coches de hidrógeno. La compañía alemana Linde piensa que construir una red de estaciones de servicio, que garantice el suministro de hidrógeno en Europa, para el año 2020, exige una inversión alta, pero asumible.

La energía, en consecuencia la electricidad, como el agua, son bienes escasos, que se impone cuidar y proteger. Muchas de las medidas, que nos veremos llamados a adoptar, requerirán imaginación y esfuerzo, pero sin las mismas, nuestra situación se haría insostenible.

   

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