Viernes 2 de septiembre de 2005

 

DESDE EL MALECON CON...

Arroz gringo en la mesa cubana

Por Aurelio Pedroso
(La Habana)



La madre, una mujer bastante despolitizada por cierto, le dice a su hijo de unos diez años de edad que tomara 16 pesos cubanos (algo menos de un dólar) y trajera dos kilogramos de arroz “americano” que estaban vendiendo fuera de la cartilla de racionamiento en una bodega de la calle Infanta.

Y poniéndole el dinero al chico en la mano, le advierte: “Pero fíjate bien que sea ‘americano'. Aquí no llegues con otro que no sea el que te he pedido”

El menor se asusta ante tal advertencia y no puede menos que preguntar cómo poder determinarlo.

“En primer lugar, le preguntas al bodeguero y luego te fijas que sea bien blanco, como la leche, con granos largos y nunca partidos. Un arroz, Enriquito, tan limpio que no hay necesidad de escogerlo (limpiarlo)”

La anécdota, tan verídica, como el sol que nos maltrata en este verano, resulta botón de muestra de la gran aceptación que ha vuelto a tener en la isla ese grano proveniente de EEUU y que antes del embargo decretado a principios de los años 60 tenía a Cuba como principal mercado de exportación.

Esto, al menos, ha sido lo que se mencionó con mucho énfasis por la parte extranjera en la recién concluida Primera Conferencia de Arroz Cuba-USA, un evento que concluyó con la compra de 130.000 toneladas y una muestra a cargo de 60 chefs que elaboraron más de 50 platos devorados casi al instante por los presentes en tan peculiar cita culinaria y de degustación.

Que no era gula, sino deseos de conocer “posibilidades”, al decir de un chef que cargó hasta con croquetas de arroz para la casa.

Pedro Álvarez, director de la estatal cubana Alimport, y que lleva sobre sus hombros todas las compras que se efectúan en EEUU, puntualizó que de no existir tantas restricciones impuestas por Washington, la isla no sólo aumentaría, sino que multiplicaría las compras. De hecho, este año serán superiores a las del anterior porque sabido es que en la mesa cubana no puede faltar el arroz en almuerzo y comida (cena).

Lee Adams, presidente de la Federación de Arroz de EEUU, se trajo a Cuba importantes empresarios de los seis estados de EEUU más productores del grano. Entre Adams y Álvarez surgió la invitación a todos los presentes e interesados para ver la descarga de un buque que traía arroz al vecino puerto de El Mariel, pero los primeros vientos del huracán Katrine lo impidieron.

Nuevamente la cercanía geográfica, con esa posibilidad real de una travesía menor de 40 horas a puertos cubanos, alienta tanto a exportadores como importadores (por no decir consumidores) a que alguna vez sea normalizada esta beligerancia con casi un siglo de existencia.

Un chef tan experimentado en su profesión como en cultura y oratoria propias, el Dr. Honoris Causa Gilberto Smith, no pasó por alto la mutua necesidad de un pueblo hacia el otro y fue más allá cuando dijo que desde hace más de dos años los chefs cubanos se preparaban para asumir desayunos de estadounidenses.

Como el grano gringo, largo, blanco y sin partiduras deberá ser el camino del restablecimiento de relaciones normales y respetuosas. Pero desde cualquier mesa cubana, con arroz gringo y lo que pueda aparecer para hacerle compañía, la gente no se hace muchas ilusiones, máxime en estos días en que un probado terrorista cubano de nacimiento, es sometido a juicio-show en El Paso (Texas) sólo por su entrada ilegal a EEUU.

Y me refiero a Luis Posada Carrilles, de seguro también comedor de arroz, pero asesino y artífice de la voladura de un avión civil de Cubana en pleno vuelo que causó la muerte de 76 personas.

Arroz con beligerancia. Ni más ni menos.

 

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