Algunos
economistas han defendido el modelo de desarrollo cubano
por tratarse de un sistema integral que intenta dar soluciones
simultáneas a los problemas sociales y económicos
de la isla. Sin embargo, en el último número
de la revista de la Comisión Económica para
Latinoamérica y el Caribe (Cepal) aparece un informe
en el que se intenta desmontar esta tesis.
El
artículo lo escribe el catedrático de Economía
de la Universidad de Pittsburgh, Carmelo Mesa-Lago, quien
asegura que Cuba, en contra de lo que opinan otros economistas,
no es un ejemplo para la región de equilibrio entre
las metas económicas y sociales ni de desarrollo
integral. Su conclusión la basa en varios datos que
tienen tres periodos como referencia: hasta 1989, cuando
la política social de Cuba logró avances notables,
la crisis posterior que tocó fondo en 1993 y la recuperación
que se produjo desde ese año y hasta 2004, último
año del que se disponen datos.
El
autor tiene en cuenta la dificultad de conseguir datos estadísticos
homogéneos, aún así asegura que el
PIB de la región en 2003 "probablemente"
no recuperó la cifra de crecimiento de 1989, "de
manera que Cuba ha perdido 14 años, en comparación
con el 'sexenio perdido' del resto de Latinoamérica".
También se aprecia una caída importante entre
1989 y 2003 de la inversión bruta y en cuanto a la
producción agraria y manufacturera en 2003 todavía
estaban entre un 20% y un 89% por debajo de la obtenida
en 1989, con la excepción de la producción
de petróleo y el níquel.
La
evolución social. Respecto a la evolución
social, el autor destaca que "todos los indicadores
se deterioraron durante la etapa peor de la crisis (1993)
y, aunque varios habían recuperado en 2003 las cifras
de 1989, otros aún estaban por debajo e incluso algunos
empeoraron de forma sostenida". Entre otras cosas,
el artículo destaca que, aunque no hay estadísticas
oficiales de distribución de ingreso, estimaciones
cubanas y extranjeras indican que ese reparto se ha vuelto
más desigual.
Respecto
a la tasa de desempleo, ésta declinó oficialmente
desde el 8% de 1989 hasta el 2,3% de 2003, "pero estas
cifras son dudosas y parecen incluir a personas que no están
empleadas, ya que estudian o reciben compensaciones por
desempleos". Según las estimaciones del autor
del informe, la tasa de desempleo en el año 2000
era del 20% frente a la tasa oficial del 5,4%.
La
conclusión del estudio es que entre 1991 y 2003 el
excesivo énfasis de la política cubana en
alcanzar objetivos sociales en detrimento de los económicos
provocó desequilibrios y efectos perjudiciales.
Este es el resultado, entre otras cosas, del hecho de que
se priorizara la creación de empleo aunque ello conllevara
una caída de la productividad laboral. Además,
se puso en marcha un plan para universalizar la educación
superior con énfasis en las humanidades y sin contemplar
la necesidad de dar empleo productivo a los graduados.
También
destaca el "costoso esfuerzo para continuar con la
reducción de la mortalidad infantil (...) mientras
hay carencias graves en alimentación, vivienda, infraestructura
de agua potable o saneamiento" o la resistencia a cerrar
hospitales innecesarios o convertirlos en asilos para ancianos,
a pesar de la caída en el índice de ocupación
de camas hospitalarias.
Subsidios
de los precios. Por último, el autor hace
referencia a la existencia de subsidios a los precios y
la gratuidad de los servicios sociales, independientemente
de los ingresos que se tengan, lo que da como resultado
la existencia de "un sistema de ayudas a grupos de
altos ingresos en lugar de crear un sistema universal de
asistencia social focalizado en la población pobre".
Esta idea la comparten otros economistas que consideran
que los subsidios de precios a través del racionamiento
se otorgan a todas las personas, independientemente de su
renta, lo que implica una ineficiencia en la política
social que aumenta las desigualdades respecto a los ingresos.
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