Jueves 8 de septiembre de 2005


El presidente del Congreso, Severino Cavalcanti, en la cuerda floja

Lula cree que la oposición manipula la crisis política

Por María Blasco

La crisis política que está atravesando Brasil se está alargando demasiado. Eso cree el presidente Lula da Silva quien se ha mostrado convencido de que la oposición está "contaminando de forma abusiva e innecesaria la vida nacional". Esta semana las turbulencias se han cebado en el presidente del Congreso, Severino Cavalcanti.

Brasil celebraba ayer su 183 aniversario de la independencia, un evento que aprovechó Lula para hacer un discurso a la nación. El presidente, una vez más, reiteró su sospecha de que hay personas que están manipulando la crisis; y también, una vez más, mostró su confianza en que se superará esta grave situación.

El mandatario latinoamericano está cansado de tantas denuncias acumuladas día a día y hoy viernes se ha dado una tregua. Lula ha viajado a Perú para inaugurar junto al presidente de este país, Alejandro Toledo, las obras de construcción de la carretera interoceánica que unirá ambos países.

Mientras, en Brasil, la atención sigue centrada en los movimientos del presidente del Congreso, el protagonista indiscutible esta semana del culebrón político que se representa todos los días en los medios de comunicación de este país.

Un mal comienzo. La semana comenzó mal, con un nuevo aliado del Gobierno en la cuerda floja, y no uno cualquiera. La oposición pide la cabeza de Severino Cavalcanti por su posible implicación en un caso de corrupción. Al parecer, según se ha publicado en la prensa brasileña, el presidente de la Cámara baja aceptó un soborno de 10.000 reales (3.419 euros) del restaurante que tiene una concesión de la Cámara por renovar su permiso.

Si Cavalcanti, el presidente del Partido Progresista (PP), es obligado a dimitir, la capacidad del Gobierno para sacar adelante sus iniciativas en la Cámara baja quedará muy limitada. El Partido Progresista (PP) estableció una alianza con la Administración de Lula cuando Cavalcanti accedió a la Presidencia del Parlamento derrotando al candidato del Partido de los Trabajadores (PT) que lidera el presidente brasileño.

La situación se complica todavía más debido a la crisis institucional que sacude al PT. Algunos de sus miembros han amenazado con abandonar esta formación política debido a la falta de decisión a la hora de castigar a los dirigentes acusados de corrupción. Algunos observadores creen que el punto de inflexión será el 18 de septiembre, cuando se celebren las elecciones internas del partido.

A Cavalcanti le sentó muy mal verse mezclado en esta crisis política, y peor aún ser el blanco de la rabia de la oposición. Su respuesta ha sido clara: no piensa renunciar a su cargo bajo ninguna circunstancia.

La cabeza de Cavalcanti. El empeño de Cavalcanti en mantenerse en el cargo no ha desalentado al nutrido grupo de diputados que quieren 'destronarle' con el objetivo de debilitar aún más la posición del Gobierno de Lula en la Cámara baja, según han denunciado parlamentarios afines a la Administración brasileña.

La base aliada de Lula, de la que forma parte el partido de Cavalcanti, asegura que no hay pruebas para iniciar un juicio político contra el presidente del Congreso. A lo que uno de los diputados que forman parte del bloque de la oposición ha respondido que en las próximas horas habrá novedades que supuestamente podrían probar que las denuncias contra Cavalcanti son ciertas. De momento, no hay noticias frescas sobre este asunto.

La vida política sigue, por ahora, un rumbo diferente al de la economía. Esta semana el Instituto de Investigación Económica y Aplicada (IPEA, según sus siglas en portugués) incrementó su previsión de crecimiento económico para este año desde el 2,8% hasta el 3,5%. El IPEA, instituto vinculado al Ministerio de Planificación, también mejoró sus previsiones de inflación, producción industrial, exportaciones, inversión, balanza comercial y tipos de interés.

Los inversores se cansan. Mejor imposible. Sin embargo, los inversores extranjeros, igual que Lula, parece que creen que la crisis está durando demasiado. Los datos comienzan a mostrar el cansancio del 'capital' ante esta brutal turbulencia política que lleva ya más de tres meses dando disgustos al Gobierno.

En agosto, el flujo de capitales extranjeros en la Bolsa de Valores de Brasil fue negativo. Durante el mes pasado, los inversores foráneos compraron acciones por valor de 12.218 millones de reales (4.185 millones de euros) y vendieron títulos por 12.338 millones (4.226 millones de euros), por lo que el saldo negativo fue de unos 120 millones de reales (41 millones de euros) a final de mes.

A pesar de todo, la Administración brasileña sigue trabajando para mejorar la imagen del país ante los inversores foráneos. Con este objetivo, el Gobierno decidió esta semana recomprar todos los bonos brady (C-Bonds) que están en el mercado, unos títulos que fueron emitidos en 1994 para renegociar su deuda externa tras la suspensión de pagos en la que entraron Brasil y otros países latinoamericanos en la década de los ochenta.

Adiós a los bonos brady. La operación se concretará el próximo 17 de octubre y afectará a un volumen de deuda de 1.100 millones de dólares (877 millones de euros). Con esta decisión el Ejecutivo de Lula consigue mejorar el perfil de su endeudamiento externo puesto que comprará títulos a corto plazo y que ofrece rendimientos elevados y los sustituirá por papel más barato.

Y quizá lo más importante: desaparecerán del mercado unos bonos que ligan de alguna manera a Brasil con la imagen de un país en bancarrota, lo que se supone que tendrá un efecto psicológico positivo entre los inversores.

Estos títulos fueron durante mucho tiempo la referencia de la deuda de Brasil y se emitieron con una opción de recompra que se puede ejercer dos veces al año por el 100% de su valor nominal. Esta opción ya la utilizó el Tesoro brasileño el pasado mes de julio cuando realizó un canje de C-Bonds por valor de 4.500 millones de dólares (3.590 millones de euros).

Los esfuerzos de Lula y de su ministro de Economía, Antonio Palocci, por mantener la economía alejada del barullo político están dando resultados. Pero, según algunos observadores, si la crisis se alarga por mucho más tiempo será muy complicado evitar la 'contaminación'.

   

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