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Jueves
8 de septiembre de 2005
EEUU
sigue sin aceptar la ayuda de La Habana mientras se incrementan
las relaciones comerciales entre los dos países
Katrina
deja al descubierto la 'paradoja' de las relaciones EEUU-Cuba
Por
G. Velasco
El
huracán Katrina ha causado, según el alcalde
de Nueva Orleans, Ray Nagin, más de 10.000 muertos en el
Sur de EEUU y ha dejado a casi todos los vivos sin casas, sin escuelas,
sin nada. Las calles inundadas apestan y las enfermedades han comenzado
ya a hacer estragos entre la población. Pero Bush no necesita
médicos, ni expertos en epidemias, ni psicólogos para
atender a los ciudadanos afectados. No al menos si son cubanos.
El
orgullo de George Bush le ha impedido aceptar la ayuda de su peor
enemigo en Latinoamérica, el presidente de Cuba, Fidel Castro.
La mayor catástrofe natural que ha sufrido el país
norteamericano no ha sido suficiente motivo para que el presidente
estadounidense dejara a un lado la animadversión 'genética'
que siente contra el mandatario latinoamericano y ha rechazado,
o mejor dicho, no ha aceptado, una ayuda que podría haber
llegado a su destino tan sólo unas horas después de
conocerse la magnitud del drama causado por Katrina.
Es
cierto que Fidel Castro también rechazó no hace demasiado
tiempo ayuda de Washington y la Unión Europea (UE) tras el
paso por la isla del huracán Dennis. Pero el presidente
cubano no tardó ni unas horas en contestar a los dirigentes
estadounidenses y europeos y justificó su rechazo en el hecho
de que ambos siempre imponen condiciones. En ese momento, la prensa
internacional destacó la actitud del mandatario, y no para
bien. A Castro se le acusó entonces de descuidar los intereses
de sus ciudadanos y de anteponer egoístamente sus prioridades.
Una
respuesta muy diplomática. En esta ocasión,
la actitud de Bush parece que no ha sorprendido a nadie. No hay
críticas. Y eso que el presidente estadounidense ni siquiera
se ha dignado a dar una respuesta a Cuba sobre su ofrecimiento.
Tan sólo, y después de que pasaran tres días
desde que Fidel Castro pusiera a disposición de George Bush
una legión de médicos, la Casa Blanca, a través
de su portavoz, Scott McClellan, contestó que el encargado
de gestionar la ayuda internacional era el Departamento de Estado
norteamericano y que "respecto a Cuba, esperaríamos
que Castro ofrezca libertad a su gente".
Muy
diplomática la respuesta. Parece que, al menos de momento,
los efectivos movilizados por Fidel Castro se han quedado sin misión.
Aunque algunas malas lenguas aseguran que el presidente cubano ya
sabía que se iban a quedar en tierra. Estos observadores
creen que Fidel Castro ha utilizado esta situación para realizar
una estrategia de marketing. Si es así, le ha funcionado.
En
cualquier caso, el mandatario cubano había reunido 1.586
médicos y 300 de reserva para atender a los supervivientes
del huracán. Una ayuda a la que el jueves se sumó
un equipo de psicólogos.
El
propio Fidel Castro se reunió el pasado martes con la fuerza
médica movilizada en el Palacio de Convenciones de La Habana.
Allí destacó el hecho de que "mientras otros
pueden donar miles de millones de dólares sin que se pueda
salvar ni una vida, la cercanía de Cuba posibilita ofrecer
significativa y vital ayuda cuando se requieren profesionales jóvenes
y bien entrenados".
El mandatario cubano,
consciente de las reticencias de Washington, explicó a los
médicos que ya podrían estar prestando sus servicios
a los necesitados, pero que tras 48 horas no había recibido
respuesta de Washington a su oferta: "Esperaremos los días
que sean necesarios, mientras tanto (los médicos) emplearán
su tiempo en cursos intensivos de epidemiología y perfeccionamiento
del inglés".
Médicos
no, petróleo sí. Y mientras los médicos
cubanos esperan, el petróleo de Venezuela llega a EEUU sin
problemas y es recibido con alborozo. El otro enemigo latinoamericano
de Bush, el presidente venezolano, Hugo Chávez, parece que
tiene menos problemas para que su ayuda sea aceptada. Todas las
puertas parece que se abren ante la llamada del 'oro negro'.
El Gobierno
venezolano anunció el miércoles el envío de
un millón de barriles de petróleo al mercado estadounidense,
una partida que se sumará a las exportaciones habituales
que realiza la Administración de Chávez a EEUU. En
total, según informó el embajador de Venezuela en
Washington, Bernardo Álvarez, se han botado cuatro embarcaciones
con 960.000 barriles de gasolina, un cargamento que tenía
otro destino (otros clientes) pero que se ha desviado hacia EEUU
y enviado a Citgo, la filial estadounidense de la petrolera estatal
Pdvsa.
Álvarez
destacó que espera que "nuestros esfuerzos de lidiar
con las actuales necesidades del mercado estadounidense de la gasolina
provean alivio inmediato a las víctimas", un alivio
que al parecer la atención médica y psiquiátrica
de Cuba es incapaz de ofrecer.
La ayuda cubana
no es aceptada en EEUU, pero los empresarios estadounidenses no
tienen el menor reparo en coger los dólares que les ofrece
el Gobierno de Fidel Castro a cambio de sus productos agrarios,
muchos de los cuales proceden de las zonas afectadas por el huracán
Katrina.
Empresarios
en Cuba. En
apenas 15 días, dos nutridas delegaciones de empresarios
estadounidenses han estado de visita en la isla en busca de acuerdos
comerciales a pesar de las restricciones impuestas por Washington.
En ambas ocasiones,
las comitivas han conseguido en Cuba firmar acuerdos concretos y
la promesa de futuros negocios. La primera delegación llegó
a la isla a mediados de agosto dirigida por el gobernador de Nebraska,
el republicano Dave Heineman. Le acompañó una amplia
representación empresarial. Durante la visita se firmó
un convenio por el que Cuba adquirirá a los exportadores
de este Estado agrícola de EEUU 5.000 toneladas de frijoles
por valor de 17 millones de dólares (13,6 millones de euros).
Además,
se acordó la próxima negociación para la compra
de 25.000 toneladas de maíz, la misma cantidad de trigo y
entre 100 y 200 vacas. Heineman destacó en el país
caribeño que su viaje es estrictamente de negocios, en un
intento de evitar cualquier pronunciamiento político que
pudiera ofender al Gobierno de Bush. No obstante, el político
republicano de Nebraska abogó por la normalización
de las relaciones con Cuba y la ampliación de los nexos bilaterales
comerciales. No parece que tal y como están las cosas, la
Administración de Bush muestre alguna sensibilidad hacia
esta petición.
Las
restricciones comerciales. Una demanda que también
hicieron suya los empresarios de la Federación de Arroz de
EEUU, que visitaron la isla hace algo más de una semana.
La comitiva la lideró el presidente de la mencionada Federación,
Lee Adams, al que acompañaron empresarios de firmas pertenecientes
a seis estados diferentes de EEUU: Arkansas, California, Louisiana,
Missisippi, Texas y Virginia.
También
en esta ocasión se firmaron acuerdos. El presidente de la
compañía estatal cubana que se encarga de estas compras,
Alimport, Pedro Álvarez, anunció la compra de 130.000
toneladas de arroz a las empresas estadounidenses dedicadas a la
producción de este alimento básico. El
contrato, según un comunicado emitido por la Federación
de Arroz, se ultimará en los próximos días
pero ya se conocen algunos detalles. En septiembre, llegarán
a Cuba 100.000 toneladas y las 30.000 adicionales se entregarán
en meses posteriores.
El presidente
de Alimport aprovechó el evento para volver a insistir en
que las restricciones impuestas por el Departamento del Tesoro de
EEUU contra la venta de productos estadounidenses a la isla están
afectando al comercio bilateral entre ambos países en detrimento
de los productores y exportadores estadounidenses.
Algo que sin
duda es cierto. Pero Bush tiene ahora otras cosas más importantes
en las que pensar: debe conseguir que la población se olvide
de la flema con la que actuó tras el paso de Katrina.
Una labor que le mantiene muy ocupado con ruedas de prensa, viajes
a los lugares afectados y la gestión de la ayuda internacional,
un auxilio que el Gobierno estadounidense aseguró hace unos
días que siempre es bienvenido...
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