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Jueves
8 de septiembre de 2005
El
primer grupo siderúrgico del mundo podría cerrar una
importante operacion con sus socios chinos
Arcelor
en China
Por
Alberto Miguel Arruti
Arcelor,
que es el primer grupo siderúrgico mundial, ha completado
el proceso de adquisición de los activos de producción
de acero de la empresa italiana Lucchini en Polonia. Esta operación
da por finalizada la firma, efectuada en el pasado febrero,
de compra de las empresas polacas Silscrap y Crapex, ambas propiedad
de Lucchini.
Pero Arcelor, que es líder en América Latina, y cuya
presencia en Brasil constituye una pieza clave de su actual estrategia,
en un intervalo de tiempo, relativamente corto, piensa cerrar una
operación, de gran importancia en China. El valor de esta
inversión puede ser tan grande, como el de todos los intereses,
que tiene en Brasil, que se van a unificar y sacar a bolsa por un
valor de 5.000 millones de euros.
El
consumo de acero ‘per cápita’ en China es, actualmente,
de 230 kilos. En
la India es sólo de 35 kilos, por lo que éste es un
mercado a tener en cuenta en los próximos años.
Arcelor lleva en estos momentos una política de bajo endeudamiento,
pues se está preparando para esta gran operación en
China, lo que penaliza sus acciones en bolsa. Continúa reduciendo
deuda y cuenta con unos compromisos financieros de 1.813 millones
de euros, frente a los 2.512 millones al cierre del pasado año.
A lo largo de 2005, ha reducido su apalancamiento financiero (deuda
en relación a los recursos propios) del 20% al 12%.
En su afán por diversificar su producción, Arcelor
proyecta diversos negocios en Rusia, India y Turquía. Según
los expertos, a partir de 2015, India sustituirá a China,
en cuanto al crecimiento espectacular de la demanda de acero. El
sector siderúrgico está muy fragmentado. Actualmente,
tres grandes empresas siderúrgicas controlan tan sólo
el 10% de la producción mundial del acero.
En estos días, el problema de las importaciones de productos
textiles de China ha saltado a las primeras páginas de todos
los periódicos. Han llovido en la Unión Europea las
quejas por las deslocalizaciones de actividades industriales y de
servicios hacia los países emergentes de bajos costes salariales.
Pero en cuanto a los empleos, los estudios más meticulosos
afirman que sólo una pequeña parte de las pérdidas
de empleo se deben a las deslocalizaciones.
Así
un informe, ‘The Emerging Global Labour Market’, del
McKinsey Global Institute, afirma, a partir del estudio de ocho
sectores industriales, que en 2003 se trasladaron al extranjero
1,5 millones de empleos de los países desarrollados. Lo que
si se analiza con frialdad, el resultado no aparece como impresionante.
Por ejemplo, en EEUU mensualmente un promedio de 4,6 millones de
personas comienzan a trabajar para un nuevo empresario. Este mismo
estudio calcula en 750.000 los empleos del sector servicios de EEUU,
que han sido transferidos al extranjero, dentro de un total de 140
millones de empleos.
También, un reciente estudio de la OCDE sobre este mismo
tema, afirma que las pérdidas de empleo por deslocalizaciones
son relativamente pequeñas en comparación con la rotación
general del empleo.
El mundo cambia a pasos de gigante. Surgen países que no
habían tenido, en muchos siglos, un protagonismo en la Historia.
La economía se globaliza, se acortan las distancias, Internet
unifica pueblos y culturas. Pero toda transformación engendra
también dolores y dificultades. La sociedad del bienestar
se tambalea. Países, tradicionalmente boyantes, apareen repletos
de dificultades.
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