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El
aumento del precio del petróleo y el repunte de la
actividad corporativa en los mercados financieros han reanimado,
en el tercer trimestre de su año fiscal 2005, las,
hasta ahora, languidecientes cuentas de la banca de inversión
de EEUU.
El
milagro está a punto de producirse, según
el consenso de las estimaciones en trimestre que terminó
el 31 de agosto, los beneficios medios de la banca de inversión
estadounidense se incrementarán un 30% con respecto
al mismo periodo del año anterior y un 17% en relación
con los tres meses anteriores.
Y la remontada se ha producido en verano, un tiempo considerado
tradicionalmente poco propicio para el negocio.
Según los expertos, las base de la renovada prosperidad
del sector es el aumento de la actividad corporativa en
los mercados financieros tanto en la colocación de
acciones, un 60% arriba, como en las nuevas emisiones de
deuda, un 47% más.
Costes.
Al parecer, las empresas estadounidenses, con grado de inversión,
han querido aprovechar la mejora de las condiciones del
mercado para conseguir financiación por ambas vías,
antes de que el proceso de aumento de los tipos de interés
de referencia que impulsa la FED les aumente sustancialmente
los costes de la captación de capital.
Otra
mina para los ingresos vendrá de los beneficios conseguidos
en la negociación de futuros sobre el precio del
barril de petróleo.
En
los últimos tres meses, esta cifra se ha incrementado
más de un 35%, gracias a la tendencia sostenida del
aumento del precio de esta materia prima que alcanzó
su último récord (70,85 dólares por
barril) el pasado día 30 de agosto.
Lehman
Brothers. Ayer, Lehman presentó sus beneficios
y confirmó las expectativas. En el trimestre, las
ganancias de la entidad aumentaron un 77%, con respecto
al mismo periodo del año anterior. La cifra es más
del doble que el 37% previsto. Y se basa en el aumento del
55% experimentado por los ingresos de la división
de banca corporativa.
Calendario.
Cuatro
de los cinco grandes bancos de inversión estadounidenses
se han acogido durante los últimos cinco años
a una excepción del calendario fiscal que les permite
presentar sus cuentas del ejercicio considerando el periodo
de 12 meses comprendido entre diciembre de un año
y noviembre del siguiente.
Este
supuesto adelanto es, en realidad, fruto de un retraso:
el año fiscal oficial en EEUU termina en septiembre,
pero algunas compañías consiguieron en 2000,
el año que estalló la burbuja, que Hacienda
les permitiera una demora de dos meses en la presentación
de sus cuentas para solucionar los múltiples problemas
de encaje a los que se enfrentaban y clarificar algunas
cifras dudosas.
Desde
entonces, sólo Merrill Lynch ha abandonado esta práctica
y ha vuelto al calendario habitual.
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