La
crisis política está haciendo perder a Lula
muchos puntos de cara a su reelección en las elecciones
presidenciales que se celebrarán el próximo
año. Según la última encuesta divulgada
por CNT/Sensus, la popularidad del presidente brasileño
se ha desplomado. Ha caído 10 puntos porcentuales
entre julio y septiembre.
En
julio, el 59,9% de los brasileños aprobaba la labor
desempeñada por Lula al frente del Gobierno. Dos
meses más tarde, sólo el 50% respalda al presidente.
El porcentaje sigue siendo elevado si se compara el apoyo
con el que gobiernan otros mandatarios latinoamericanos
como el peruano, Alejandro Toledo, (8%), o el costarricense,
Abel Pacheco, (20%).
Pero
esa abrupta pérdida de respaldo popular muestra el resbaladizo suelo en el que se mueve Lula tras
la crisis
política que ha estallado en su Gobierno, en
su partido (el Partido de los Trabajadores -PT-) y que
incluso le ha comenzado a afectar a él personalmente.
El porcentaje de la población que desaprueba su actuación
se ha incrementado prácticamente en la misma proporción
en la que ha caído su popularidad. En julio, el 30,2%
de los brasileños estaba insatisfecho con su gestión
y ahora es ya el 39,4%.
Se
aleja la reelección. Según el presidente
del Instituto Sensus, Ricardo Guedes, los resultados muestran
que "el deterioro político, la caída
de la popularidad y la falta de acción del presidente
comienzan a poner en riesgo su reelección".
No
obstante, si hoy se celebraran las elecciones, Lula volvería
a ganar. Aunque cada vez la distancia que le separa del
candidato del Partido de la Social Democracia Brasileña
(PSDB), José Serra (oposición), es más
corta.
La
popularidad de Lula y también la desbandada que se
está produciendo en el seno del PT tiene mucho que
ver con la actitud que está tomando el Gobierno y
el partido frente a los presuntos implicados en los casos
de corrupción. Una muestra de ello es el hecho de
que mientras toda la oposición e incluso algunos
sectores más a la izquierda del PT están pidiendo
la dimisión del presidente del Congreso, Severino
Cavalcanti, la dirección de la formación política
que lidera Lula sigue reacia a apoyar su destitución.
No
es la única cabeza que quieren. Hoy el Congreso deberá
decidir sobre la propuesta de una comisión creada
en la Cámara baja para decidir qué hacer con
los 18 diputados acusados de corrupción. Este grupo
de diputados ha decidido pedir la suspensión de su
mandato.
Mientras
tanto, en el PT, a tan sólo una semana de las elecciones
internas, el presidente interino de esta formación
política, Tarso Genro, ha anunciado que se investigarán
las denuncias realizadas el pasado fin de semana respecto
al posible pago, con fondos del partido, de viajes a los hijos
de Lula y a la esposa e hija del ministro de Economía,
Antonio Palocci. No obstante, Genro se ha cuidado mucho
de implicar al presidente y ha descartado la posibilidad
de que Lula tuviera alguna responsabilidad en estos hechos.
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