El
presidente de Nicaragua, Enrique Bolaños, ha abierto
un nuevo frente de batalla contra los partidos de la oposición,
a los que culpa de los cortes de electricidad que sufre
el país desde principios de agosto. Estos apagones
forman parte de una iniciativa de racionamiento energético
impulsada por el Gobierno para intentar reducir la deuda
de 24 millones de dólares (19 millones de euros)
que la compañía eléctrica Unión
Fenosa mantiene con las generadoras del país.
El
pasado 30 de mayo, Bolaños aprobó un estado
de emergencia económica para aumentar un 11,83% la
tarifa de energía con el objetivo de paliar los efectos
del aumento internacional de los precios de petróleo.
Sin embargo, esta iniciativa fue rechazada por la Corte
Suprema de Justicia (CSJ) que dominan las principales fuerzas
de la oposición, el Frente Sandinista de Liberación
Nacional (FSLN) y el Partido Liberal Constitucionalista
(PLC).
El
líder sandinista, Daniel Ortega, declaró que
se opone a cualquier incremento del precio de la tarifa
energética ya que se encarecerían directamente
los costes de los productos de la canasta básica.
Además indicó al Gobierno que era necesario
restablecer el diálogo nacional, un encuentro entre
las cúpulas de los principales partidos, para resolver
la crisis energética.
Por
su parte, la dirección de Unión Fenosa insiste
en que la tarifa energética se ha elevado un 23% para
que la entidad pueda ser solvente y pagar la deuda que mantiene
con las plantas generadoras de Nicaragua.
Hasta
la fecha, el Gobierno, representantes del Parlamento, del
sector privado y de la industria eléctrica no han
alcanzado ningún acuerdo para poner fin a la crisis
energética de Nicaragua.
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