Viernes 16 de septiembre de 2005
 
El domingo 18 de septiembre se celebrarán las elecciones internas del Partido de los Trabajadores (PT)
 
Lula, a punto de perder un 'amigo' en el Congreso
María Blasco
 

El presidente brasileño, Lula da Silva, podría perder un gran aliado en el Congreso. El titular de la Cámara baja, Severino Cavalcanti, está acorralado y prepara su renuncia. Una dimisión que, en el caso de confirmarse, minará un poco más la capacidad del Gobierno para sacar adelante sus proyectos en el Parlamento. Y, además, este fin de semana se celebran las elecciones internas del PT. Hay seis candidatos, cinco de ellos dispuestos a batir al hombre que representa la corriente mayoritaria del partido a la que pertenece Lula.

La situación se complica un poco más para el Gobierno brasileño. Parece que finalmente Cavalcanti no va a poder aguantar. El presidente del Congreso se ha atrincherado en su domicilio rodeado de amigos, compañeros de partido y de su familia y está analizando detenidamente su situación. El panorama es complicado.

La semana pasada, Cavalcanti se convirtió en el protagonista de los escándalos de corrupción tras conocerse que pidió dinero al restaurante que trabaja en el Congreso a cambio de renovar su licencia. El líder del Parlamento negó una y otra vez las acusaciones y aseguró que no dimitiría. Pero esta semana ha aparecido la prueba.

El empresario que denunció la presunta extorsión, Sebastiao Buani, mostró a los medios de comunicación el cheque presuntamente extendido por el restaurante por valor de 7.500 reales (2.626 euros) y a nombre de Gabriela Kenia S. Martins, la secretaria personal de Cavalcanti. El presidente del Congreso ha seguido, a pesar de todo, insistiendo en su inocencia y aferrándose a su cargo. Aunque lo cierto es que no se ha recuperado del golpe sufrido tras la aparición del cheque.

Miedo al 'juicio parlamentario'. Según la prensa brasileña, Cavalcanti está preparando su renuncia y la presentará el jueves después de comparecer en el Congreso. Hay que tener en cuenta que si se va voluntariamente no se tendrá que someter al 'juicio' parlamentario, pero que, si no lo hace y es el Congreso el que decide, podría perder su mandato. Eso mismo le ha ocurrido al diputado del Partido Laborista de Brasil (PLB), Roberto Jefferson.

Esta semana, el Congreso de Brasil ha decidido por aplastante mayoría (313 votos a favor y 156 en contra) suspender el mandato por ocho años de Jefferson, el hombre que destapó el escándalo de los sobornos en el seno del Gobierno de Lula y del Partido de los Trabajadores (PT) y el primero que recibe una sanción en más de tres meses de crisis.

La contundencia con la que se ha expresado la Cámara baja da una idea de lo que le puede ocurrir a la veintena de legisladores que están en la lista de los presuntos corruptos y sobre los que tiene que decidir el Parlamento en los próximos días.

El panorama político brasileño está una semana más dominado por las turbulencias generadas por los casos de corrupción. Y también una vez más, esta situación ha hecho perder a Lula puntos de cara a su reelección en las elecciones presidenciales que se celebrarán el próximo año. Según la última encuesta divulgada por CNT/Sensus, la popularidad del presidente latinoamericano se ha desplomado. Ha caído 10 puntos porcentuales entre julio y septiembre.

En julio, el 59,9% de los brasileños aprobaba la labor desempeñada por Lula al frente del Gobierno. Dos meses más tarde, sólo el 50% respalda al presidente. El porcentaje sigue siendo elevado si se compara el apoyo con el que gobiernan otros mandatarios latinoamericanos como el peruano, Alejandro Toledo, (8%), o el costarricense, Abel Pacheco, (20%).

La popularidad de Lula. Pero esa abrupta pérdida de respaldo popular muestra el resbaladizo suelo en el que se mueve Lula tras la crisis política que ha estallado en su Gobierno, en su partido (PT) y que incluso ha comenzado a afectarle a él personalmente tras aparecer su nombre, junto al del ministro de Economía, Antonio Palocci, en la lista de las personas que pagaron varios viajes y el de sus familias con cargo a los fondos del PT.

Según el presidente del Instituto Sensus, Ricardo Guedes, los resultados muestran que "el deterioro político, la caída de la popularidad y la falta de acción del presidente comienzan a poner en riesgo su reelección".

No obstante, si hoy se celebraran las elecciones, Lula volvería a ganar. Aunque cada vez la distancia que le separa del candidato del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), José Serra (oposición), es más corta. Tampoco ha cambiado mucho la percepción que se tiene fuera de Brasil del presidente. Lula sigue siendo el mandatario latinoamericano más mimado en el exterior. Quizá por eso, de cuando en cuando, se refugia en su actividad internacional para apartarse del insano ambiente que se respira en los pasillos de la política brasileña.

Esta semana, al mas puro estilo de Hugo Chávez o de Fidel Castro, Lula ha hecho un llamamiento a la unidad de todos los latinoamericanos. El encendido discurso lo realizó en su programa semanal de radio 'Café con el Presidente', en el que defendió la integración de América del Sur, un proyecto que apoyó personalmente la pasada semana con su presencia en Perú para inaugurar la carretera interoceánica que une este país con Brasil.

Actividad internacional. Y esta semana Lula ha estado en Guatemala para presentar el Programa de Incentivos a las Inversiones Brasileñas en Centroamérica (Pibac), un proyecto que pretende aprovechar la próxima entrada en vigor del tratado de libre comercio de esta región con EEUU (Cafta) para exportar productos brasileños al mercado estadounidense. Se trata de la primera visita oficial del presidente brasileño a esta nación centroamericana, un viaje que aprovechó para firmar acuerdos de cooperación técnica en la producción de etanol, un alcohol combustible que se genera a partir de la caña de azúcar.

La próxima parada fue Nueva York, donde el mandatario participó en la Asamblea Anual de Naciones Unidas (ONU), un evento que el presidente brasileño aprovechó para exigir una ampliación del Consejo de Seguridad de este organismo y un asiento permanente en él.

Mientras tanto, en el país, las diatribas políticas se suceden sin descanso. Los reproches al Gobierno llegan desde todas partes. Incluso desde los altos cargos de la Administración se han hecho declaraciones más propias de enemigos que de amigos.

Esta semana la sorpresa la ha dado el vicepresidente del Gobierno, José Alencar, quien ha asegurado que está preparado para sustituir a Lula si renuncia y, en caso de hacerlo, ha anunciado que cambiará la política económica. Estas polémicas declaraciones las realizó al diario brasileño Folha de Sao Paulo. Alencar afirmó que se mantendrá "fiel" a Lula, pero lo cierto es que su apoyo le ha salido caro al presidente.

Un sustituto para el presidente. El hecho de que el vicepresidente considere posible que se inicie un juicio político contra Lula que le obligue a renunciar ya es un dato a tener en cuenta. Pero más significativo aún es que se muestre dispuesto a sucederle: "no esquivaré mi responsabilidad de cumplir con mi deber ni de defender mis derechos". Y más aún que anunciara que si finalmente le acaba reemplazando, cambiará de inmediato la política económica.

A Alencar le disgusta especialmente la política monetaria y ha afirmado que en el caso de que llegue a ser presidente convocaría inmediatamente a los economistas más brillantes y con más experiencia del país para modificarla. Curiosamente esta semana ha sido la elegida por el Banco Central del país (BC) para recortar los tipos de interés de referencia por primera vez en 17 meses hasta dejarlos en el 19,5%.

A pesar de todo lo que está pasando, Lula pocas veces se muestra abatido y aprovecha cualquier circunstancia para asegurar que está tranquilo. Aunque no lo están tanto sus compañeros de partido.

Este fin de semana se celebran las elecciones internas del PT y la situación en el seno de esta formación es cada día más caótica. Algunos observadores advierten que se producirá un éxodo en el partido debido a la lentitud o pasividad con la que los dirigentes del PT están llevando a cabo la depuración de las responsabilidades políticas de los implicados en los casos de corrupción. De hecho, a estas alturas todavía está en el partido la mayoría de los diputados que figura en la lista negra de los posibles corruptos.

Hoy se celebrará un esperado debate entre los candidatos a la Presidencia del PT que será retransmitido en directo por los medios de comunicación del país. En él participarán Ricardo Berzoini, Markos Sokol, Mario do Rasio, Plínio de Arruda, Walter Pomar y Raúl Pont. Berzoini es el candidato de la corriente del Campo Mayoritario a la que pertenece Lula, Palocci, el ex ministro de la Presidencia, José Dirceu, y la cúpula directiva del PT y el resto forma parte de corrientes más a la izquierda que están dispuestos a destronar a la actual dirección de esta formación política. En los próximas días, serán las peleas internas a raíz de estos comicios las principales protagonistas de la vida política brasileña.

Edita Asesores de Publicaciones S.L.