Viernes 16 de septiembre de 2005
 
Los presidentes del subcontinente critican la propuesta de reforma de Naciones Unidas
 
La ONU decepciona a Latinoamérica
G. Velasco

Hoy se clausura en Nueva York la Asamblea anual de Naciones Unidas (ONU). Un encuentro que los países latinoamericanos consideraban clave para su futuro en el seno de esta organización. Pero la propuesta final elaborada por un grupo de países les ha decepcionado. No sólo por su contenido light, sino también por la forma en la que se ha aprobado. El presidente venezolano, Hugo Chávez, ha sido el más contundente y ha calificado el documento de "ilegal, irritante, nulo e ilegítimo" ante el alborozo y los aplausos de la mayoría de los representantes del subcontinente.

El discurso de Chávez en la sesión plenaria de la ONU no ha decepcionado. Su asistencia no fue confirmada hasta el último momento. El mandatario latinoamericano estuvo a punto de suspender su viaje debido a un nuevo rifirrafe con la Administración estadounidense. Al parecer, Washington le negó el visado a sus equipos de seguridad, a sus médicos personales y al Jefe de la Casa Militar, lo que irritó al presidente.

Pero al final voló y llegó a punto a Nueva York. Su discurso fue el más incendiario y el más largo de los pronunciados por los mandatarios del subcontinente. Para empezar, una declaración de intenciones: "El propósito original de esta reunión se ha desvirtuado totalmente". Chávez considera que se ha dejado en un segundo plano lo más importante, la adopción de medidas que acaben con los obstáculos que anulan los esfuerzos de los países pobres para salir adelante.

Un sistema "dictatorial". El presidente de Venezuela también fue el más explícito a la hora de criticar la elaboración del documento que fue negociado exclusivamente por un grupo de 33 países (la información de las naciones que participaron en las discusiones no ha sido revelada), un sistema que ha calificado de "martilleo dictatorial". Una opinión que comparte la Administración cubana.

El vicecanciller de la isla, Abelardo Moreno, ha definido el proceso que se ha utilizado para redactar el informe final como poco sensible y falto de transparencia. También ha opinado sobre el documento el ministro de Asuntos Exteriores de Cuba, Felipe Pérez Roque, quien en declaraciones a la prensa local aseguró que "no es la expresión de los problemas reales del mundo, ni de sus soluciones". Al cierre de esta edición, todavía estaba pendiente la intervención en la última sesión plenaria de Pérez Roque.

Pero lo que más ha enfadado a los mandatarios latinoamericanos no ha sido cómo se ha hecho el documento sino lo que dice, o más concretamente, lo que no dice. El presidente brasileño, Lula da Silva, se ha mostrado especialmente contrariado al comprobar que no se hace mención a la reforma del Consejo de Seguridad de la ONU, simplemente se afirma que se apoyan los cambios para lograr una mayor representación de los países. Insuficiente.

Eso piensa Lula, que ha protagonizado uno de los debates más agrios en la Asamblea por este asunto. El presidente brasileño quiere que se amplíe el número de miembros del consejo y sentarse en un puesto permanente, la misma aspiración que tiene su homólogo mexicano, Vicente Fox, y también Hugo Chávez. El mandatario venezolano ha ido más lejos y además de pedir que se dé entrada a países en desarrollo en este organismo, ha exigido la supresión inmediata del veto en las decisiones del Consejo, "un vestigio elitista incompatible con la democracia".

Más decepciones. Esta ha sido una de las decepciones. Pero hay más. Tampoco se incluye en la versión final del documento que firmarán hoy los líderes de los 150 países asistentes las demandas de los países latinoamericanos para poner fin a las prácticas proteccionistas de las naciones ricas. Todos los representantes del subcontinente han mostrado su enojo por la actitud del mundo desarrollado.

Vicente Fox aprovechó el escenario de la Asamblea de la ONU para pedir un compromiso de los líderes mundiales para que la Ronda de Comercio de Doha dé resultados concretos de acceso a mercados y servicios. Algo que parece difícil de conseguir porque a tan sólo dos meses de la celebración en Hong Kong de la Cumbre de la Organización Mundial del Comercio (OMC), las negociaciones entre el mundo desarrollado y los países en transición no han avanzado prácticamente nada.

El presidente chileno, Ricardo Lagos, también ha sido duro. Su disertación ha estado apoyada con cifras: si las barreras comerciales desaparecen, los beneficios potenciales que se podrían generar ascenderían a 130.000 millones de dólares (105.908 millones de euros). Lagos ha mostrado además su descontento con el documento final de la Cumbre porque "no responde plenamente a nuestras expectativas, lo vemos como el punto de partida del camino de cambios que la organización requiere, no como la meta misma".

Y el mandatario argentino, Néstor Kirchner, no iba a ser una excepción. El presidente austral asegura que es paradójico que los países que predican con mayor énfasis las bondades del libre comercio sean también los que mantienen barreras y subsidios a su producción "en detrimento del potencial comercial de los países menos desarrollados o de economías pequeñas, situación que se agrava aún más para los que carecen de litoral marítimo".

Kirchner y el FMI. Kirchner, como cada vez que se sube a un 'escenario' y más en campaña electoral, no ha podido evitar mandar un mensaje al FMI, cuyo director general, Rodrigo Rato, también se encontraba presente en la Asamblea. El mandatario aseguró que "las recetas aconsejadas o impuestas por los organismos multilaterales de crédito generaron bajas tasas de creación de empleo, aumento de la informalidad y crecientes brechas entre los trabajadores cualificados y no cualificados".

También el presidente de Perú, Alejandro Toledo, ha dirigido unas palabras al Fondo. Toledo ha recordado a este organismo -sin mencionarlo- que el país necesita que se cambie la fórmula que utiliza el FMI para contabilizar el gasto: "necesitamos que las obras de infraestructura que constituyen inversiones productivas y bienes de capital no se contabilicen en nuestro presupuesto como gastos corrientes".

Una vez más queda patente la dificultad que tienen los países ricos y pobres para poner en común sus intereses. Y de nuevo queda claro quien pierde siempre. Se ha hecho todo lo políticamente posible, según han asegurado algunos participantes en los procesos de discusión. Aunque hay que tener en cuenta que la mayoría de las naciones emergentes ha sido excluida de las negociaciones.

Edita Asesores de Publicaciones S.L.