Viernes 16 de septiembre de 2005
 
 
Los gobiernos de los países se enfrentan a nuevos retos una vez terminadas las vacaciones
 
La rentree de este año
Alberto Miguel Arruti
 

Ya pasadas definitivamente las vacaciones y terminado el largo y cálido verano, como en una obra de Faulkner, empieza de nuevo, la actividad. Es el momento de los estrenos, las grandes ciudades europeas aparecen llenas de proyectos. Y los políticos no podían ser menos.

El curso ha comenzado con elecciones en Japón y en Alemania. Este último país, que había sido durante décadas la locomotora económica de Europa y que todavía hoy ocupa el primer lugar en el sector exportador, tiene un paro creciente. Los socialistas quieren un Estado que proteja a cada ciudadano, sobre todo en la adversidad. Los conservadores quieren menos Estado. Es el gran dilema, no sólo en Alemania sino en todo el mundo. Un Estado que haga pocas cosas, pero ésas las haga bien o un Estado que dé al ciudadano enseñanza gratis, sanidad gratis, seguro de desempleo, etc. En definitiva, el llamado Estado de bienestar, que los liberales, con burla, llaman el bienestar del Estado.

Pero han surgido otros hechos: la globalización y la deslocalización. Países, que hace tan sólo unos años fueron comunistas se han integrado en Europa. Su mano de obra es muy barata y son una permanente tentación para el empresario. Y no digamos los países del Tercer Mundo. Y los países emergentes de Asia. Y, sobre todo China, que posiblemente, en breve, será la primera potencia económica mundial, con más de mil millones de habitantes y una economía cada vez más liberal, ¿quién puede parar al gigante asiático?

Y además, una América Latina con fuertes dosis de populismo y unos EEUU, que han quedado muy mal ante todo el mundo por la catástrofe del Katrina . Y la guerra de Irak que no se acaba y la situación en Oriente Medio, que no termina de aclararse.

Si pasamos a España, tampoco aquí faltan problemas. Especialmente, la reforma de los Estatutos de las Autonomías. Para unos, representa la disgregación de España, incluso hay un periódico norteamericano que ha escrito sobre la ‘balkanización de España'. Para otros, una reforma inteligente de los Estatutos acabará, de una vez, con las continuas exigencias de las Comunidades Autónomas, que quieren mayores dosis de competencias y de poder. ¿Hasta dónde se puede llegar? Aquí esta la gran cuestión.

Por otra parte, el Partido Popular, que no acaba de asumir que perdió las elecciones y que se tiene que preparar para las próximas, que tal vez pudieran adelantarse con nuevas ideas, con nuevos proyectos y sobre todo, con nueva estrategia.

La situación económica en España no va mal, pero está basada en el turismo, la construcción y el propio consumo. Pero estos tres factores, especialmente los dos últimos, pueden ser muy frágiles y no dan la estabilidad que un país como España necesita.

Y finalmente, nos vamos a referir a la necesidad de una nueva cultura energética. Con un precio del petróleo que no acaba de estabilizarse y que sube de forma permanente no queda otro camino que ahorrar energía y buscar nuevas fuentes. La energía nuclear en sus dos formas, fisión y fusión, el hidrógeno, las energía alternativas, pueden abrir una puerta a la esperanza. Aquí aparece la ciencia como un factor determinante y esencial en el proceso económico. Como ha escrito Fernández-Rañada, la ciencia sola no puede resolver ninguno de estos problemas pero sin la ciencia jamás tendrá solución.

Y todo ello bajo la amenaza del terrorismo internacional, lo que no resulta muy optimista, pero, como en la canción francesa, la vida que pasa sin hacer ruido.

Edita Asesores de Publicaciones S.L.