El
casi flamante consejero delegado de Boeing, James Bell,
está convencido de que la aeronáutica va a
cerrar un año especialmente positivo. Al menos eso
es lo que ha contado a un grupo de selectos inversores reunidos
por Bank of America en un lujoso hotel de San Francisco.
Bell
no parece creer que ni la histórica huelga de mecánicos
a la que en este momento se enfrenta su empresa, ni el potente
resurgir de los precios del barril de petróleo impidan
la marcha triunfal de los resultados. Primero porque confía
en llegar a un acuerdo con los 18.000 huelguistas, que llevan
así desde el pasado 2 de septiembre, y luego porque
el número de pedidos acumulados este año,
620, casi triplica los 272 de 2004 y, en su opinión,
aseguran la brillantez de la empresa. Y si no fuera así,
siempre quedan los contratos del Pentágono.
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