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La
división parece establecida en la mayoría
parlamentaria republicana. Por ahora, los costes de la reconstrucción
tras el desastre del Katrina se han evaluado, pero la Casa
Blanca elude dar detalles sobre la financiación.
Los legisladores quieren saber.
Reparar los desastres ocasionados por el Katrina requerirá
una inversión mínima de 200.000 millones de
dólares. Casi nada comparado con los 900.000 millones
que Washington considera necesarios para el remozado que
necesitan todas las infraestructuras del país. Hay
que pagar antes que la popularidad del partido se hunda
con la del presidente. En eso todos están de acuerdo.
Sin embargo, no hay consenso alguno sobre las fórmulas
de financiación y La Casa Blanca parece haber enmudecido
mientras estudia las posibles opciones: aumentar el endeudamiento
externo, subir impuestos o echar mano de cualquier
fondo disponible, como los correspondientes al superávit
de la Seguridad Social y recortar el gasto en todas las
partidas presupuestarias aprobadas en las que sea posible.
Ante
la situación, los republicanos empiezan a exigir
respuestas concretas a su líder que, por ahora, se
niega a explicar cómo piensa resolver el problema.
De hecho, hay quien piensa que, una vez más, Washington
sólo quiere sortear el obstáculo. Una dejadez
clásica que inauguró Reagan. Consideraba que
la inversión pública debía seguir criterios
de rentabilidad. Los presupuestos se redujeron y los proyectos
se paralizaron. Quizá ahora, Bush tenga que invertir
esta tendencia.
Viene Rita. Una nueva turbulencia climática,
el huracán Rita se acerca al país,
alcanza ya velocidades de 280 kilómetros por hora
y amenaza a Texas, el Estado petrolero por excelencia del
país, y el lugar de procedencia de Bush. El impacto
en la zona tendrá lugar el próximo sábado.
El precio del petróleo refleja la incertidumbre.
Hoy el barril de texas se pagaba a 67,82 dólares
y el brent a 65,67 dólares. Nadie duda de que no
se repetirán las dramáticas imágenes
de Nueva Orleans, pero el Rita pone de manifiesto
que la renovación de las infraestructuras es más
urgente de lo que parecía.
Ingenieros.
Un estudio recién publicado por el Colegio de Ingenieros
de Obras Públicas eleva el cálculo del dinero
necesario para paliar el efecto de nuevos desastres naturales
en el país hasta un mínimo de 1,6 billones
de dólares. Hay zonas tan sensibles como la Bahía
de San Francisco donde, según los expertos, las protecciones
contra los desbordamientos se encuentran en peor estado
que aquellas derribadas por el Katrina en Luisiana,
Alabama o Missisipi. Y California es el Estado con mayor
población en el país. Las cifras explican
el deterioro infraestructural.
El
gasto total en este capítulo, incluyendo Estados
y el Gobierno Federal, se sitúa cada año desde
1980 por debajo del 2% del PIB. Y la mayoría de las
estructuras en uso se construyeron antes. En 1950, cuando
el guarismo superó el 3% con Eisenhower. En las siguientes
tres décadas se mantuvo en un 2,25% por término
medio. Hasta Reagan.
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