Para
los republicanos más críticos con la política
de la Administración el devastador efecto del Katrina
se ha convertido en una oportunidad para reorientar las
prioridades de la agenda económica del presidente.
Poco
antes de la intervención de Snow, el senador de este
partido por Ohio George Voinovich explicó en una
rueda de prensa en Washington que su grupo prepara una nueva
ley para blindar los fondos de la Seguridad Social, de tal
modo que el Gobierno no pueda recurrir a ellos para dotar
ninguna partida presupuestaria, ni extraordinaria, ni ordinaria.
El
dinero sólo debe servir, en su opinión, para
pagar a los beneficiarios del sistema. Voinovich espera
provocar un debate para evaluar las opciones posibles: más
recortes, más endeudamiento, o, ¿por qué
no?, nuevas subidas de impuestos.
Según
su información, además, el Congreso ya habría
permitido a Washington “tomar prestados” 1,9
billones de dólares de los fondos de la Seguridad
Social. Una opción poco consecuente con la idea de
que el sistema debe ser reformado, con una semiprivatización
que le detraiga ingresos para evitar que entre en crisis
en el futuro. Aunque el futuro de este plan, anunciado como
la máxima prioridad de Bush al inicio de su segundo
mandato, parece ahora bastante incierto.
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