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El
presidente de la Reserva Federal de EEUU, Alan Greenspan,
pronunció el viernes pasado unas palabras que han
sacudido las páginas de los medios especializados
del mundo. En su opinión, EEUU ha perdido por completo
el control de su déficit público.
Las
duras declaraciones de este banquero central, que se encuentra
ya sólo a dos meses de la jubilación, fueron
dichas sin intención de trascendencia. En una conversación
semiprivada que mantuvo con el ministro de Finanzas de Francia,
Thierry Breton, en el marco de la reunión de ministros
de Finanzas y presidentes de bancos centrales del G7 que
tuvo lugar en Washington, como aperitivo a las asambleas
del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional que
tendrán lugar el próximo fin de semana en
la capital administrativa estadounidense.
El
ministro galo fue el encargado de narrar esta conversación
a la prensa. Aunque, como opinaban hoy mismo los comentaristas
de los principales blogs financieros estadounidenses,
resulta muy difícil pensar que Breton actuase sin
la aprobación de Greenspan.
Peligro.
Al parecer, todos los ministros del G7 coinciden en que
el aumento del déficit público de EEUU resulta
pernicioso para la economía mundial. La necesidad
de financiar este desfase por medio de emisiones de bonos
está sirviendo para retirar grandes cantidades de
dinero del circuito de la financiación de actividades
productivas en todo el mundo.
Y
esta circunstancia cobra una actualidad ante los rumores
de que el Tesoro de EEUU prepara para finales de octubre
una serie emisiones extraordinarias, por un valor total
de 300.000 millones de dólares.
Rato.
El director gerente del FMI, Rodrigo Rato, comparte la opinión
de Greenspan. El español discrepa de Washington sobre
la reforma del Fondo. Quiere cambiar el sistema de voto
para que las economías emergentes ganen peso. EEUU
le acusa de no controlar los sistemas cambiarios de algunos
países que impiden la competencia.
Snow
insiste en que el equilibrio llegará en 2009.
El secretario del Tesoro de EEUU se comprometíó
el viernes ante sus colegas a eliminar por completo el déficit
público. En 2009, el año en que Bush sale
de la Casa Blanca. Pero sus palabras pesan poco. Más
aún tras conocerse la desesperanzadora opinión
de Greenspan sobre el asunto.
Lo
único cierto es que el gasto público estadounidense
ha experimentado una subida del 9,78% durante los años
en que Bush ha ocupado la presidencia, desde el 18,4% del
PIB en 2000, hasta el 20,2% con que va a cerrar, este 30
de septiembre, el año fiscal 2005. Mientras tanto,
en el mismo periodo, la recaudación fiscal ha caído
un 19,42%%, desde el 20,9% del PIB hasta el 17,5%.
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