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La
inesperada revisión a la baja del dato final de PIB
del segundo trimestre del Reino Unido ha cifrado su crecimiento
sólo en el 1,5%, la tasa más baja desde 1993,
y añade presión sobre los planes del ministro
de Economía, Gordon Brown, llamado a suceder a Tony
Blair.
El
congreso anual del Partido Laborista ha encumbrado en estos
días a Gordon Brown como sucesor del actual primer
ministro británico, Tony Blair.
Pero
el titular de Economía afronta una situción
complicada en las últimas fechas. La semana pasada
la Comisión Europea abrió procedimiento a
Reino Unido por exceder el objetivo del 3% máximo
de déficit en sus cuentas públicas.
Hoy,
la Oficina Nacional de Estadísticas ha publicado
la cifra final de incremento del PIB en el segundo trimestre.
Contra todo pronóstico, la estimación anterior,
el 1,8% de crecimiento, ha sido rebajada tres décimas,
hasta el 1,5%. La economía británica no había
registrado una tasa similar desde el año 1993.
Los
planes de Gordon Brown para los próximos años
pasan por un fuerte incremento del gasto público.
En cambio, la pasada semana, el Fondo Monetario Internacional
recomendó al Gobierno británico que ante la
ralentización de su economía debería
subir los impuestos o bien reducir su gasto, con el fin
de no deteriorar aún más su déficit.
En
sus últimas intervenciones, Gordon Brown ha culpado
de este enfriamiento económico a la debilidad del
resto de países europeos y al incremento en los precios
del petróleo.
El
Banco de Inglaterra rebajó los tipos de interés
en el mes de agosto para estimular el crecimiento, hasta
situarlos en el 4,5%, un porcentaje que se mantuvo invariable
en la reunión de septiembre.
La
inflación, en máximos de los últimos
ocho años, complica una nueva rebaja de los tipos.
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