Viernes 23 de septiembre de 2005
 
El mercado devora el papel brasileño pero recela de los títulos argentinos
 
Éxito de Brasil, fracaso de Argentina
Por G. Velasco
 

Esta semana, Brasil y Argentina han sido los protagonistas de los mercados de deuda latinoamericanos. Ambos países han realizado emisiones, aunque con distinta suerte. La Administración de Kirchner declaró desierta una subasta que había generado gran expectación entre los inversores. Parte de la culpa la tiene Chávez. Muchos potenciales compradores no acudieron a la cita porque temían que la esperada participación del Estado venezolano en la subasta presionara a la baja la rentabilidad. En Brasil, las cosas fueron muy distintas. Los inversores devoraron el papel, y eso que la emisión era en reales.

La expectación que durante toda la semana había generado la anunciada emisión de deuda de Argentina se convirtió ayer jueves en estupor cuando el Ministerio de Economía decidió rechazar todas las ofertas recibidas para adquirir los bonos de la emisión que había preparado por valor de 800 millones de dólares (655 millones de euros) en Bonos del Estado Nacional a amortizar en 2015 (Boden 2015). Al Gobierno le sentó muy mal que los bancos que participaron en la subasta exigieran una rentabilidad por encima de lo que el Estado austral estaba dispuesto a pagar.

En un escueto comunicado de prensa, el Ministerio que dirige Roberto Lavagna informó de que "en forma consistente con la política de no convalidar rendimientos que no estén alineados con la situación actual del mercado internacional, la presente licitación se declara desierta. Las necesidades se cubrirán con fuentes alternativas de financiación."

La pataleta de Lavagna. ¿Cuál fue el problema? El precio. Ni más ni menos. Kirchner ha enviado un mensaje claro: nada va a interferir en su plan para reducir el coste de la deuda. La Administración argentina ya había dejado claro a lo largo de la semana que estaba dispuesto a pagar una rentabilidad de hasta el 8,4% anual. No más. Pero los bancos parece que no se dieron por enterados y exigieron en promedio ponderado un rendimiento del 8,8%. Claro que probablemente nunca pensaron que el Gobierno se fuera a coger tal pataleta que decidiera rechazar todas las ofertas.

Aunque su enfado no pudo ocultar un detalle. Es cierto que la rentabilidad pedida por los bancos fue mayor de lo que esperaba el Gobierno de Kirchner, pero también lo es que los Boden 2015 no generaron precisamente furor entre los inversores. Se colocaban 800 millones de dólares, pero se recibieron ofertas sólo por 726 millones. Esto hacía tiempo que no le ocurría a Argentina. ¿Qué es lo que ha pasado?

Según algunas versiones, parte de la culpa la tiene el presidente venezolano Hugo Chávez. La semana pasada, el mandatario latinoamericano anunció que compraría otros 500 millones de dólares (409 millones de euros) en deuda argentina. Y tras conocerse la intención del país austral de realizar una emisión, en los mercados se comenzó a especular con la posibilidad de que el Estado de Venezuela participara en esta licitación.

Chávez no aparece. De hecho, circularon numerosas versiones. Unos decían que compraría los 500 millones, otros que, en esta ocasión, sólo adquiriría 120 millones (98 millones de euros), algunos aseguraban que la compra se realizaría en el mercado y otros cuantos que probablemente el país austral diseñaría una operación a su medida. Pero en general todos coincidían en una cosa: la participación de Venezuela tiraría a la baja de la rentabilidad lo que abarataría el coste de la colocación para el Gobierno argentino.

Precisamente este hecho es el que ha podido quitar atractivo a la subasta y el motivo de la baja demanda. Una pena porque al final resultó que esta vez Chávez no acudió al rescate de Kirchner.

Ahora Argentina tendrá que buscar la forma de sacar dinero para cubrir sus necesidades financieras hasta que acabe el año. En el cuarto trimestre tendrá que cubrir vencimientos por valor de 3.870 millones de dólares (3.185 millones de euros). Según algunas estimaciones, el Gobierno necesitará captar en el mercado entre 1.500 y 1.800 millones de dólares (1.228 y 1.474 millones de euros).

Quizá la próxima vez haya más suerte. Al fin y al cabo, Argentina va bien y los mercados lo saben, y de hecho lo reconocen. Esta semana el índice riesgo país de Argentina se colocó en mínimos históricos, 388 puntos básicos, lo que significa que los inversores han reducido sus exigencias de rentabilidad respecto a los bonos del Tesoro de EEUU, una muestra de que existe confianza en el país. El apoyo está respaldado por cifras. En el segundo trimestre del año, el PIB creció un 10,1%, el aumento acumulado del año es del 9,1%.

Brasil, menos exigente. También da alegrías la economía brasileña. Los inversores no han dado la espalda a Lula a pesar de la crisis política que padece el país. Una confianza que la Administración de Brasil está aprovechando para captar dinero en el mercado, y en reales, con lo que al mismo tiempo reduce el riesgo de tipo de cambio de la deuda externa. Aunque eso sí, el Gobierno de este país no tiene tantos reparos a la hora de aceptar exigencias sobre rentabilidades.

Esta semana, Brasil realizó su primera colocación de bonos denominados en moneda local en los mercados internacionales. Los inversores, atraídos por la apreciación del real frente al dólar (un 15% en lo que va de año) y la atractiva rentabilidad, 12,5% anual, acudieron en masa a la subasta. El volumen de la operación ascendió a 3.400 millones de reales (1.221 millones de euros) y los bonos vencerán en 2016. El objetivo del Gobierno con esta emisión es reducir el riesgo de tipo de cambio de la deuda externa.

El éxito de la colocación mereció el aplauso de los inversores y el reconocimiento de la prensa especializada internacional. El júbilo fue tan grande que hasta los bancos de inversión de EEUU se animaron a reabrir sus emisiones de títulos denominados en la moneda brasileña.

Los bancos de EEUU se animan. Citigroup y Merrill Lynch están preparando sendas emisiones en reales, según asegura el diario brasileño Estado do Brasil. En el caso de Citigroup, va a reabrir una emisión con la que espera captar reales por el valor equivalente de 100 millones de dólares (82 millones de euros). El bono tiene un plazo de cinco años y se espera que la rentabilidad ronde el 13,2% anual. Merrill Lynch lanzará una emisión en el mercado internacional por valor de 300 millones de reales (108 millones de euros) también a cinco años.

No sólo los bancos estadounidenses se animan a emitir en reales, también los brasileños. El mismo día que el Estado colocó su emisión, la mayor entidad financiera privada del país anunció la colocación de una emisión de deuda externa en moneda local. El monto de la operación podría ascender a 300 millones de reales (107 millones de euros).

Y tampoco Brasil es el único país que se anima a emitir en reales. Hay otros. Uno de ellos es Colombia. Según algunos medios de comunicación, el Gobierno de Uribe podría estar preparando realizar una subasta de deuda denominada en pesos a finales de este mes tras comprobar la elevada demanda que existe por el papel latinoamericano y que se ha traducido en un estrechamiento de los diferenciales de rentabilidad que se exigen en los mercados internacionales y en el local. En este caso tampoco es ajeno a este apetito por la deuda colombiana el hecho de que el peso se haya revalorizado más de un 8% desde que comenzó el año.

La caída del dólar está sentando muy bien a los mercados de deuda latinoamericanos y eso que la Reserva Federal de EEUU (FED) acaba de incrementar los tipos de interés en 25 puntos básicos hasta colocarlos en el 3,75%. Pero hay riesgos: Bush prepara una macro emisión de bonos para hacer frente a los vientos de Katrina, una colocación que se podría anunciar a partir del 30 de septiembre (fecha del cierre fiscal en EEUU).

Antes no, porque el presidente estadounidense quiere cerrar el año fiscal 2005 con una reducción del déficit presupuestario de entorno al 20%. Y cuando el papel estadounidense inunde los mercados, Latinoamérica ya no será tan atractiva. Por eso, según algunos observadores, los países del subcontinente se están dando prisa en lanzar sus emisiones para cubrir las necesidades de financiación del resto del año.

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