| Esta semana, Brasil
y Argentina han sido los protagonistas de los mercados de deuda
latinoamericanos. Ambos países han realizado emisiones, aunque
con distinta suerte. La Administración de Kirchner declaró
desierta una subasta que había generado gran expectación
entre los inversores. Parte de la culpa la tiene Chávez.
Muchos potenciales compradores no acudieron a la cita porque temían
que la esperada participación del Estado venezolano en la
subasta presionara a la baja la rentabilidad. En Brasil, las cosas
fueron muy distintas. Los inversores devoraron el papel, y eso que
la emisión era en reales.
La expectación que durante toda la semana
había generado la anunciada emisión de deuda de Argentina
se convirtió ayer jueves en estupor cuando el Ministerio
de Economía decidió rechazar todas las ofertas recibidas
para adquirir los bonos de la emisión que había preparado
por valor de 800 millones de dólares (655 millones de euros)
en Bonos del Estado Nacional a amortizar en 2015 (Boden 2015). Al
Gobierno le sentó muy mal que los bancos que participaron
en la subasta exigieran una rentabilidad por encima de lo que el
Estado austral estaba dispuesto a pagar.
En un escueto comunicado de prensa, el Ministerio
que dirige Roberto Lavagna informó de que "en forma
consistente con la política de no convalidar rendimientos
que no estén alineados con la situación actual del
mercado internacional, la presente licitación se declara
desierta. Las necesidades se cubrirán con fuentes alternativas
de financiación."
La pataleta de Lavagna. ¿Cuál
fue el problema? El precio. Ni más ni menos. Kirchner ha
enviado un mensaje claro: nada va a interferir en su plan para reducir
el coste de la deuda. La Administración argentina ya había
dejado claro a lo largo de la semana que estaba dispuesto a pagar
una rentabilidad de hasta el 8,4% anual. No más. Pero los
bancos parece que no se dieron por enterados y exigieron en promedio
ponderado un rendimiento del 8,8%. Claro que probablemente nunca
pensaron que el Gobierno se fuera a coger tal pataleta que decidiera
rechazar todas las ofertas.
Aunque su enfado no pudo ocultar un detalle.
Es cierto que la rentabilidad pedida por los bancos fue mayor de
lo que esperaba el Gobierno de Kirchner, pero también lo
es que los Boden 2015 no generaron precisamente furor entre los
inversores. Se colocaban 800 millones de dólares, pero se
recibieron ofertas sólo por 726 millones. Esto hacía
tiempo que no le ocurría a Argentina. ¿Qué
es lo que ha pasado?
Según algunas versiones, parte de la
culpa la tiene el presidente venezolano Hugo Chávez. La semana
pasada, el mandatario latinoamericano anunció que compraría
otros 500 millones de dólares (409 millones de euros) en
deuda argentina. Y tras conocerse la intención del país
austral de realizar una emisión, en los mercados se comenzó
a especular con la posibilidad de que el Estado de Venezuela participara
en esta licitación.
Chávez no aparece. De
hecho, circularon numerosas versiones. Unos decían que compraría
los 500 millones, otros que, en esta ocasión, sólo
adquiriría 120 millones (98 millones
de euros), algunos aseguraban que la compra se realizaría
en el mercado y otros cuantos que probablemente el país austral
diseñaría una operación a su medida. Pero en
general todos coincidían en una cosa: la participación
de Venezuela tiraría a la baja de la rentabilidad lo que
abarataría el coste de la colocación para el Gobierno
argentino.
Precisamente este hecho es el que ha podido
quitar atractivo a la subasta y el motivo de la baja demanda. Una
pena porque al final resultó que esta vez Chávez no
acudió al rescate de Kirchner.
Ahora Argentina tendrá que buscar la
forma de sacar dinero para cubrir sus necesidades financieras hasta
que acabe el año. En el cuarto trimestre tendrá que
cubrir vencimientos por valor de 3.870 millones de dólares
(3.185 millones de euros). Según algunas estimaciones, el
Gobierno necesitará captar en el mercado entre 1.500 y 1.800
millones de dólares (1.228 y 1.474 millones de euros).
Quizá la próxima vez haya más
suerte. Al fin y al cabo, Argentina va bien y los mercados lo saben,
y de hecho lo reconocen. Esta semana el índice riesgo país
de Argentina se colocó en mínimos históricos,
388 puntos básicos, lo que significa que los inversores han
reducido sus exigencias de rentabilidad respecto a los bonos del
Tesoro de EEUU, una muestra de que existe confianza en el país.
El apoyo está respaldado por cifras. En el segundo trimestre
del año, el PIB creció un 10,1%, el aumento acumulado
del año es del 9,1%.
Brasil, menos exigente. También
da alegrías la economía brasileña. Los inversores
no han dado la espalda a Lula a pesar de la crisis política
que padece el país. Una confianza que la Administración
de Brasil está aprovechando para captar dinero en el mercado,
y en reales, con lo que al mismo tiempo reduce el riesgo de tipo
de cambio de la deuda externa. Aunque eso sí, el Gobierno
de este país no tiene tantos reparos a la hora de aceptar
exigencias sobre rentabilidades.
Esta semana, Brasil realizó su primera
colocación de bonos denominados en moneda local en los mercados
internacionales. Los inversores, atraídos por la apreciación
del real frente al dólar (un 15% en lo que va de año)
y la atractiva rentabilidad, 12,5% anual, acudieron en masa a la
subasta. El volumen de la operación ascendió a 3.400
millones de reales (1.221 millones de euros) y los bonos vencerán
en 2016. El objetivo del Gobierno con esta emisión es reducir
el riesgo de tipo de cambio de la deuda externa.
El
éxito de la colocación mereció el aplauso de
los inversores y el reconocimiento de la prensa especializada internacional.
El júbilo fue tan grande que hasta los bancos de inversión
de EEUU se animaron a reabrir
sus emisiones de títulos denominados en la moneda brasileña.
Los bancos de EEUU se animan. Citigroup
y Merrill Lynch están preparando sendas emisiones en reales,
según asegura el diario brasileño Estado do Brasil.
En el caso de Citigroup, va a reabrir una emisión con la
que espera captar reales por el valor equivalente de 100 millones
de dólares (82 millones de euros). El bono tiene un plazo
de cinco años y se espera que la rentabilidad ronde el 13,2%
anual. Merrill Lynch lanzará una emisión en el mercado
internacional por valor de 300 millones de reales (108 millones
de euros) también a cinco años.
No sólo los bancos estadounidenses se
animan a emitir en reales, también los brasileños.
El mismo día que el Estado colocó su emisión,
la mayor entidad financiera privada del país anunció
la colocación de una emisión de deuda externa en moneda
local. El monto de la operación podría ascender a
300 millones de reales (107 millones de euros).
Y tampoco Brasil es el único país
que se anima a emitir en reales. Hay otros. Uno de ellos es Colombia.
Según algunos medios de comunicación, el Gobierno
de Uribe podría estar preparando realizar una subasta de
deuda denominada en pesos a finales de este mes tras comprobar la
elevada demanda que existe por el papel latinoamericano y que se
ha traducido en un estrechamiento de los diferenciales de rentabilidad
que se exigen en los mercados internacionales y en el local. En
este caso tampoco es ajeno a este apetito por la deuda colombiana
el hecho de que el peso se haya revalorizado más de un 8%
desde que comenzó el año.
La caída del dólar está
sentando muy bien a los mercados de deuda latinoamericanos y eso
que la Reserva Federal de EEUU (FED) acaba de incrementar los tipos
de interés en 25 puntos básicos hasta colocarlos en
el 3,75%. Pero hay riesgos: Bush prepara una macro emisión
de bonos para hacer frente a los vientos de Katrina, una
colocación que se podría anunciar a partir del 30
de septiembre (fecha del cierre fiscal en EEUU).
Antes no, porque el presidente estadounidense
quiere cerrar el año fiscal 2005 con una reducción
del déficit presupuestario de entorno al 20%. Y cuando el
papel estadounidense inunde los mercados, Latinoamérica ya
no será tan atractiva. Por eso, según algunos observadores,
los países del subcontinente se están dando prisa
en lanzar sus emisiones para cubrir las necesidades de financiación
del resto del año.
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