| El Gobierno de
Hugo Chávez quiere estimular la creación de entidades
especializadas en el negocio de microcréditos, un nicho de
mercado en el que la banca privada local apenas tiene experiencia.
Pero están dispuestos a arriesgarse. Seis bancos privados,
entre ellos el Banco de Venezuela, filial del español Santander,
y Banesco, la principal entidad venezolana de capital 100% doméstico,
han presentado una solicitud para crear una de esas firmas. Fuentes
financieras aseguran a Americaeconomica.com que puede ser
un negocio interesante siempre y cuando Chávez no decida
regular los tipos de interés o las comisiones.
La Administración venezolana está
impulsando la aparición en el país de este nuevo tipo
de entidades especializadas, denominadas bancos de desarrollo, otorgando
facilidades para su creación. Fuentes de la Superintendencia
de Bancos y otras Instituciones Financieras (Sudeban) explican a
este diario que pueden constituirse cumpliendo una serie de requisitos,
entre ellos contar con un capital mínimo de 3.000 millones
de bolívares (1,1 millones de euros) y dedicarse exclusivamente
a financiar, fomentar y promover las actividades microfinancieras.
La posibilidad de crear este tipo de bancos
ya está contemplando en la Ley General de Bancos de 1991,
pero hasta ahora pocos han sido los que se han aventurado en este
negocio. Sólo hay una entidad privada que lo ha hecho, el
Banco del Caribe. Su filial especializada en microcréditos
es Bangente, una firma pequeña con media docena de sucursales
y una cartera crediticia de unos 10.000 millones de bolívares
(3,8 millones de euros).
Una mala y vieja costumbre. Hasta
ahora sólo el Estado, a través de entidades como el
Banco del Pueblo Soberano o el Banco de la Mujer, han hecho competencia
a Bangente. Y no demasiado bien. Según explica un experto
venezolano a este diario, los gobiernos de Venezuela nunca han sido
demasiado hábiles gestionando bancos, y el de Chávez
no es una excepción. Según esta fuente las dos entidades
mencionadas han terminado por invertir la mayoría de sus
recursos en bonos del Estado siguiendo esa arraigada costumbre de
"pasarse los recursos de un bolsillo a otro para después
vender esa estrategia como si se tratara de una gracia o una gran
inversión".
Quizá por eso Chávez quiere implicar
al sector privado en su objetivo de incrementar la bancarización
del país y ofrecer soluciones financieras a la población
que está fuera del circuito de la banca tradicional. En estos
momentos, sólo el 39% de los venezolanos tiene una cuenta
bancaria, el 25% posee una tarjeta de débito y el 4,5% una
tarjeta de crédito, según datos de Datanalisis. El
potencial de negocio es muy grande. Según algunas fuentes,
hay unos seis millones de 'emprendedores' que no tienen acceso a
la banca tradicional.
A los banqueros venezolanos no se les ha pasado
por alto este detalle y, una vez más, han acudido raudos
a la llamada de Chávez. Fuentes próximas al Gobierno
aseguran que hay seis bancos interesados. Entre ellos están
el Santander, que ya ha puesto nombre a su futuro nuevo banco, Bancrecer,
y Banesco. Y es posible que también se anime el español
BBVA, cuya sucursal en Venezuela, el Banco Provincial, ha desplegado
últimamente una gran actividad en microcréditos.
Desde Sudeban explican que están estudiando
la documentación entregada por las firmas interesadas y que
en unos meses podrían entregarse las licencias. Algunos expertos
financieros consultados consideran que dado el interés que
tiene Chávez por estimular este negocio es probable que las
autorizaciones se concedan muy pronto.
Incapacidad e incompatibilidad. Pero,
¿por qué crear una entidad separada para realizar
una actividad que puede desempeñar un banco tradicional?
Las autoridades bancarias lo tienen muy claro. Las autoridades bancarias
aseguran que las entidades financieras no tienen la estructura adecuada
para atender en masa las peticiones de los pequeños empresarios
y clientes de bajos recursos:"el que atiende a un gran empresario
no puede atender a un micro emprendedor".
Esta afirmación supone que los empleados
de las sucursales no están preparadas para escuchar las necesidades
financieras de una persona de bajos recursos, "pero hay cinco
millones de personas a las que se le puede vender un préstamo
de poca cuantía para comprar una lavadora", según
aseguran las autoridades bancarias del país. Y para conceder
estos créditos se tienen que utilizar criterios de calificación,
solvencia del cliente y riesgo de morosidad distintos a los que
emplea un banco tradicional.
Se trata, por tanto, de una actividad distinta,
de otro negocio. Algunos expertos financieros consultados por Americaeconomica.com,
coinciden en esta visión y aseguran que es una buena idea
tener una institución separada del resto especializada en
ese nicho de negocio que tiene sus particularidades y que es muy
diferente del negocio tradicional. Además, destaca que contribuirá
a la bancarización del país brindando servicios financieros
a una población sin acceso al sector que actualmente tiene
que pagar elevadas rentabilidades por conseguir un préstamo
fuera de los cauces bancarios tradicionales.
Las exigencias se mantienen. El
interés de Chávez en fomentar esta actividad no sólo
se nota en su afán de que los banqueros creen firmas especializadas,
también en el hecho de que obligue a las entidades tradicionales
a destinar a microcréditos el 3% de su cartera crediticia,
un porcentaje que con casi toda seguridad, según fuentes
bancarias, se incrementará hasta el 5% tras la aprobación
de la nueva Ley General de Bancos. Ni siquiera las firmas que acudan
a su llamada y creen un banco de desarrollo se librarán de
esta exigencia, una obligación que, por otro lado, parece
que cumplen con gusto.
Según datos de la consultora SoftLine,
la banca privada de Venezuela ha incrementado un 140% la concesión
de microcréditos en los últimos doce meses hasta alcanzar
los 1,1 billones de bolívares (432 millones de euros). La
filial del Santander, el Banco de Venezuela, es el principal financiador
de los pequeños empresarios con una cuota de mercado del
16,27. Le siguen el Banco Mercantil (14,62% y la subsidiaria del
también español BBVA, el Banco Provincial (10.83%).
Pero, ¿qué ganan los banqueros
con la creación de un banco de microcréditos? Por
lo pronto, tienen la oportunidad para explotar un negocio virgen
que, de momento, se libra de la presión que está ejerciendo
Chávez en el sector financiero y que está complicando
el desarrollo de la actividad financiera tradicional: las carteras
obligatorias, la fijación de tasas preferenciales para la
concesión de créditos, la eliminación de las
comisiones que cobran los bancos por las operaciones con tarjetas
de crédito, o la creación del Banco
del Tesoro que absorberá los depósitos y fideicomisos
oficiales que el Estado mantiene en las entidades privadas, son
sólo unos pocos ejemplos de la actitud que mantiene el Gobierno
venezolano frente a las entidades financieras.
El fastidio de los banqueros. Los
banqueros, aunque en público pocas veces muestran su fastidio
ante el constante 'intervencionismo' de la Administración
venezolana en el sector, en voz baja sí que se quejan. Les
disgusta especialmente la excesiva regulación en el caso
de los créditos. En estos momentos, más de un tercio
de la cartera de los bancos está dirigida: tienen que destinar
un 16% del volumen total de préstamos a la agricultura, un
10% a viviendas, un 3% a microcréditos y un 2,5% al turismo.
Pero se espera, según aseguran fuentes
bancarias, que algunos de estos porcentajes se incrementen tras
la aprobación de la nueva ley. Además del caso de
los microcréditos, se esperan aumentos de las créditos
forzosos al sector del turismo e incluso que se creen nuevas obligaciones
a petición de algunos grupos de presión como es el
caso de la pequeña y mediana industria. Al final, las carteras
obligatorias podrían llegar pronto a representar el 40% del
total. Y encima en el caso de la agricultura, vivienda y turismo,
las firmas están obligadas a aplicar tasas preferenciales
que hacen menos atractivo el negocio para los banqueros.
Es esta obsesión de Chávez por
marcar el camino a los bancos, para disgusto de las entidades financieras
y regocijo de sus clientes, la que ha hecho pensar a algunos en
la posibilidad de que en un futuro, la Administración venezolana
decida intervenir también en el nuevo sector de los bancos
de desarrollo. Fuentes financieras temen que esta nueva actividad
acabe finalmente bajo el yugo de una excesiva regulación
que impida que esta actividad sea rentable. Pero, de momento, la
percepción es buena, el negocio es real y la oportunidad
de diversificarse existe.
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