Viernes 23 de septiembre de 2005
 
El desarrollo económico y político chino puede convertir a su país en la primera potencia mundial
 
China...siempre China
Por Alberto Miguel Arruti
 

Siempre que se habla de un tema económico, surge China, que se ha convertido en un referente mundial. Con sus más de mil millones de habitantes, con una economía cada vez más liberalizada y con un poder político rígido y centralizado, según muchos expertos, está llamada a ser la primera potencia mundial.

En los últimos tiempos, ha condicionado los precios de los productos siderúrgicos. Su influencia en el mercado textil es notoria y ha ocupado las primeras páginas de los medios de comunicación. Ahora le toca a la industria del automóvil, muy ligada, como es sabido, con la industria del acero. En este momento, son dos los proyectos para importar turismos de aquel país a España. Aspiran a entrar en el mercado español los fabricantes Geely, Jiangling o Brilliance Jinbei Automobile, que han presentado sus modelos en el salón del automóvil de Francfort.

Todo esto se está produciendo en un momento en que la Volkswagen, según la prensa alemana, da un ultimátum a Seat para evitar la venta de la marca. Se trata de que Seat haga un esfuerzo para incrementar, de forma considerable, sus ventas y beneficios y eleve su capacidad para producir fondos. Los gastos que genera Seat son demasiado elevados y la evolución del modelo Toledo no cubre las esperanzas, que se pusieron en el mismo. De aquí a mediados del próximo año se exige que mejoren los resultados. De no conseguirse, la única solución son los despidos. Y éstos pueden llegar al millar.

La estrategia hasta ahora había consistido en pensar que los clientes, que no pueden comprar un Audi, se comprarán un coche más barato, que pudiera ser de los modelos Altea y León. Pero está política ha fracasado. Se baraja la posibilidad de vender Seat a algún fabricante chino, que desee introducirse en el mercado europeo. Pero es que los fabricantes chinos van a empezar a vender coches con una calidad similar a la de los europeos y con unos precios mucho más bajos. Parece adecuado ahora recordar la crisis nipona de mediados de los años 90. Las empresas Honda, Toyota y Nissan redujeron gastos pero, al mismo tiempo, llevaron a cabo un sistema de fabricación más eficaz que el occidental. Y vendieron tecnología e innovación, más que precios.

Seat es la empresa menos rentable del grupo Volkswagen. Cerró el pasado año con un resultado de explotación de 2,2 millones de euros y un margen sobre sus ingresos del 0,03%. En 2003, presentó unas pérdidas de explotación de 43,4 millones de euros. Tampoco parece residir una solución en los mercados de Latinoamérica, que están afectados por la inestabilidad económica. Pero no es sólo Seat quien atraviesa por graves problemas. La planta de General Motors en Figueruelas (Zaragoza) puede perder la producción de la próxima generación del Opel Meryva, que ahora monta en exclusiva. Aquí el rival no está en China, sino en Polonia.

El problema reside en saber hasta qué punto los países líderes de Europa pueden soportar la competencia de los emergentes de Asia y, especialmente, de China y de aquellos países europeos, como Polonia o Hungría, que se salieron de la órbita soviética, y que tienen unos salarios muy bajos. Precisamente, la gran cuestión de las elecciones alemanas son los recortes en el modelo social y de bienestar, que aparecen como absolutamente necesarios. Estamos ante nuevos tiempos, muy distintos de los anteriores. Y los ciudadanos y los sindicatos tienen que adaptarse a la nueva época.


Edita Asesores de Publicaciones S.L.