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Siempre que se habla de un tema económico, surge China, que
se ha convertido en un referente mundial. Con sus más de
mil millones de habitantes, con una economía cada vez más
liberalizada y con un poder político rígido y centralizado,
según muchos expertos, está llamada a ser la primera
potencia mundial.
En
los últimos tiempos, ha condicionado los precios de los productos
siderúrgicos. Su influencia en el mercado textil es notoria
y ha ocupado las primeras páginas de los medios de comunicación.
Ahora le toca a la industria del automóvil, muy ligada, como
es sabido, con la industria del acero. En este momento, son dos
los proyectos para importar turismos de aquel país a España.
Aspiran a entrar en el mercado español los fabricantes Geely,
Jiangling o Brilliance Jinbei Automobile, que han presentado sus
modelos en el salón del automóvil de Francfort.
Todo
esto se está produciendo en un momento en que la Volkswagen,
según la prensa alemana, da un ultimátum a Seat para
evitar la venta de la marca. Se trata de que Seat haga un esfuerzo
para incrementar, de forma considerable, sus ventas y beneficios
y eleve su capacidad para producir fondos. Los gastos que genera
Seat son demasiado elevados y la evolución del modelo
Toledo no cubre las esperanzas, que se pusieron en el mismo.
De aquí a mediados del próximo año se exige
que mejoren los resultados. De no conseguirse, la única solución
son los despidos. Y éstos pueden llegar al millar.
La
estrategia hasta ahora había consistido en pensar que los
clientes, que no pueden comprar un Audi, se comprarán un
coche más barato, que pudiera ser de los modelos Altea
y León. Pero está política ha fracasado.
Se baraja la posibilidad de vender Seat a algún fabricante
chino, que desee introducirse en el mercado europeo. Pero es que
los fabricantes chinos van a empezar a vender coches con una calidad
similar a la de los europeos y con unos precios mucho más
bajos. Parece adecuado ahora recordar la crisis nipona de mediados
de los años 90. Las empresas Honda, Toyota y Nissan redujeron
gastos pero, al mismo tiempo, llevaron a cabo un sistema de fabricación
más eficaz que el occidental. Y vendieron tecnología
e innovación, más que precios.
Seat
es la empresa menos rentable del grupo Volkswagen. Cerró
el pasado año con un resultado de explotación de 2,2
millones de euros y un margen sobre sus ingresos del 0,03%. En 2003,
presentó unas pérdidas de explotación de 43,4
millones de euros. Tampoco parece residir una solución en
los mercados de Latinoamérica, que están afectados
por la inestabilidad económica. Pero
no es sólo Seat quien atraviesa por graves problemas. La
planta de General Motors en Figueruelas (Zaragoza) puede perder
la producción de la próxima generación del
Opel Meryva, que ahora monta en exclusiva. Aquí
el rival no está en China, sino en Polonia.
El
problema reside en saber hasta qué punto los países
líderes de Europa pueden soportar la competencia de los emergentes
de Asia y, especialmente, de China y de aquellos países europeos,
como Polonia o Hungría, que se salieron de la órbita
soviética, y que tienen unos salarios muy bajos. Precisamente,
la gran cuestión de las elecciones alemanas son los recortes
en el modelo social y de bienestar, que aparecen como absolutamente
necesarios. Estamos ante nuevos tiempos, muy distintos de los anteriores.
Y los ciudadanos y los sindicatos tienen que adaptarse a la nueva
época. |