Viernes 23 de septiembre de 2005
 
Arturo Valenzuela, analista político, director del Centro de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Georgetown y ex asesor del Gobierno de Clinton
 
“El Katrina es un ‘terremoto político’ para Bush”
 
Entrevista realizada por Norma Domínguez
 

La popularidad de Bush ha descendido hasta alcanzar su mínimo índice. La población considera que las actuaciones llevadas a cabo por el presidente no han estado a la altura de la situación. El rechazo de la ciudadanía se suma a las constantes bajas del ejército norteamericano en el conflicto de Irak. El analista político y ex asesor de la Administración Clinto, Arturo Valenzuiela, relata cómo el sentimiento del pueblo estadounidense es compartido por la percepción de los latinoamericanos.

- ¿Hasta dónde los estadounidenses culpan al presidente y de qué lo responsabilizan concretamente?

- Antes del huracán Katrina, Bush ya había descendido al índice más bajo de su popularidad. La causa se debe a dos temas muy puntuales. El electorado estadounidense considera que la aventura norteamericana en Irak ha sido un desastre, que las cosas no van bien y que el Gobierno no tiene claro de cómo va a salir de ello. Además, el incremento de los precios internacionales de la gasolina inquietan a mucha gente. Ante esta situación, Bush está en una situación delicada. Y es desde esta posición cuando ha ocurrido el fenómeno del Katrina. El desastre ha provocado que se fortalezca una percepción negativa respecto a las actuaciones del presidente.

- Quizá esa es una lectura vista desde el hiperpresidencialismo latinoamericano...

- Así es. Ésto no es necesariamente un tema que lo pueda resolver un presidente. En la historia de EEUU sólo ha habido dos temporales más fuertes que igualan a los desastres del Katrina. Aquí se confunden una serie de asuntos importantes: la ineficiencia del sistema federal norteamericano para manejar este tipo de situaciones; la descentralización, que puede ser un gran aval para una democracia pero que en muchos sentidos también puede presentar fallos y dificultades en una situación tan catastrófica. El problema tiene que ver con los recursos de los que dispone EEUU para poder responder a este tipo de adversidades.

- ¿Cuándo se responsabiliza al presidente se debe a un problema de gestión?

- Por un lado hay un hecho simbólico: el presidente cometió un serio error al no ir de inmediato a Nueva Orleans, algo que habría hecho Clinton, sin duda, demostrando esa enorme empatía y capacidad que tenía de compenetrarse con los problemas de la gente. Además, las primeras declaraciones que hizo no fueron acertadas y no estuvieron a la altura del problema.

- ¿Qué efecto puede llegar a tener en la opinión pública la combinación entre este desastre y la guerra de Irak?

- Esta combinación supone un serio problema para el presidente y para el Partido Republicano. Cuando Bush volvió a ganar las elecciones el único aval que tenía era su imagen de fuerza y decisión, con la que ganó la reelección a pesar de las dudas sobre su gestión. Después de lo sucedido, esta confianza está en entredicho. Los errores que Bush ha cometido permiten utilizar la metáfora: el huracán es un 'terromoto político', para el presidente, ya que sus repercusiones también puede n cuestionar la agenda política e internacional que el Gobierno republicano ejecutará en los años que le quedan de legislatura.

- ¿Cuánto tiempo tardará Bush en recobrar la confianza de la población?

- Si tomamos como precendente lo ocurrido en el 11 de septiembre de 2001, cuando su popularidad también era bastante baja, observamos que el Gobierno actuó con rápidez emprendiendo la guerra contra Afganistán. Una reacción que volvió a motivar que los estadounidenses confiaran en su presidente. Sin embargo, ahora los ciudadanos cuestionan los motivos que llevaron a Bush a la guerra con Irak, porque dudan que fuera necesaria, según las últimas encuestas. Este cambio de opinión coloca al presidente en una situación frágil y personalmente creo que le será díficil recuperar de nuevo el liderazgo a corto plazo. Además, ahora algunos miembros de su propio partido no quieren identificarse con un presidente que es rechazado por la ciudadanía.

- ¿Pedir ayuda otros países y organismos internacionales fue un acto realmente necesario o fue un gesto de Bush para mostrase más vulnerable ante los ojos del mundo y así humanizar su figura?

- El mundo puede tener una percepción distinta del problema. Pero EEUU hace poco caso al exterior. Ni siquiera se ha informado demasiado sobre la ayuda externa. Además es curioso que el Presidente haya tratado de apelar a la noción de la solidaridad internacional y, al mismo tiempo, su prestigio haya caído en todas partes, precisamente por su comportamiento en esta crisis.

- Contiribuirá está crisis a reducir las cantidades que EEUU dedica a suministrar ayuda a otros países?

-Yo creo que EEUU, tiene una economía muy fuerte y las dimensiones estratosféricas de esta catástrofe son relativamente manejables. El Congreso aprobó un presupueto especial de 50.000 millones de dólares para la reconstrucción casi de un día para otro. Pero el déficit fiscal se amplía y la larga puede tener repercusiones. Sin embargo, con Irak, primero y con el Katrina después se ha desdibujado un tanto la reinvención del Estado que este Gobierno quería hacer, porque la gente está viendo que el Estado tiene que jugar un papel importante y si hay un problema es que el Estado no tiene recursos, que no tiene la capacidad… En ese sentido, a la larga, se beneficiarán los demócratas.

-¿Cambiarán después de esta catastrófe las políticas de inmigración?

Yo creo que es indudable que este Presidente, con todos los problemas que tiene encima ahora, no se va a embarcar demasiado en los asunto migratorios, como había prometido. Aunque hará un esfuezo para que parezca que no se olvida del asunto. Ha habido críticas relacionadas con las dificultades de los afroamericanos en esta crisis. Se sabe ahora que había muchos hispanos, muchos latinos y muchos inmigrantes que estaban trabajando toda esa zona, muchos de modo ilegal. Si hay un trato abiertamente inhumano, discriminatorio contra esa gente, el Presidente y el Partido Republicano pueden pagar un precio muy alto en la lucha por el voto latino. Pero la crisis complica la posibilidad de que se haga una reforma profunda en estos asuntos.

-¿Modificará esta crisis la agenda de política exterior del presidente?

-Acabo de venir de una reunión con gente muy allegada a los círculos de poder en Washington y me cuentan que los mismos funcionarios del gobierno están tan descorazonados con Irak, que ya buscan la manera de retirarse de allí. EEUU tendrá que buscar esa estrategia. Y para hacerlo, obviamente, debe buscar un mayor acercamiento con los otros países. Se vio hasta cierto punto, incluso, en Naciones Unidas: el discurso del presidente Bush fue mucho más moderado, mucho menos agresivo.

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