| Los candidatos
a ocupar la Presidencia de Ecuador en las próximas elecciones
de octubre de 2006 tendrán que tener en cuenta en sus campañas
políticas una nueva fuerza que puede ser decisiva para su
victoria: los emigrantes ecuatorianos. Por primera vez, casi tres
millones de ciudadanos de Ecuador que residen fuera de su país
ejercerán su derecho a voto para elegir sobre el futuro de
su nación, la misma que les obligó a huir por culpa
de su inestabilidad política y económica.
Las asociaciones de emigrantes ecuatorianos
de los distintos países del mundo han aspirado durante años
poder participar en las Presidenciales de su país, una batalla
en la que paradójicamente buscaban un derecho que ya tenían.
La Constitución de Ecuador de 1998 reconoce en su artículo
27 que: "Los ecuatorianos domiciliados en el exterior
podrán elegir presidente y vicepresidente de la República,
en el lugar de su registro o empadronamiento". Además,
una ley orgánica aprobada por el Congreso el 27 de septiembre
de 2002, detalla, a través de 33 artículos, el proceso
a seguir por las diferentes partes implicadas.
Las autoridades políticas se han escondido
hasta ahora en el argumento de que resulta muy costoso desplegar
la logística necesaria para permitir el voto emigrante. El
director de la Federación Nacional de Asociaciones Ecuatorianas
en España (Fenadee), Walter Vivanco Torres, ha explicado
a Americaeconemica.com que los funcionarios gubernamentales
aducían que el mecanismo era complicado, había déficit
de personal para encargarse de los empadronamientos y, sobre todo,
que no contaban con el presupuesto suficiente. Ahora, según
Vivanco Torres, "se hace justicia sobre una reivindicación
por la que se lleva luchando desde hace muchos años".
Pero a diferencia de los ciudadanos residentes
en el país, el voto, sólo orientado a elegir presidente
y vicepresidente, es voluntario. Parecer ser, a juicio de diferentes
autoridades políticas, que convencer a tres millones de ecuatorianos
para que se dirijan a las urnas no es una tarea fácil. Según
Francisco Carrión, el nuevo ministro de Asuntos Exteriores
de Ecuador y también embajador de la República ecuatoriana
en España, cuando el emigrante sale de su país desarrolla
un sentimiento de rechazo hacia su nación de origen ya que,
generalmente, su cambio de residencia es debido a situaciones adversas
por las que atraviesa el gobierno respectivo.
A este aparente resentimiento de los ecuatorianos
hay que añadir dificultades burocráticas que pueden
reducir el número de los votos emigrantes. En primer lugar,
aquellos emigrantes que deseen ejercer su derecho al sufragio deben
empadronarse en uno de los 64 consulados repartidos por todo el
mundo, el mismo sitio en donde emitirán su decisión.
Sin embargo, fuentes consultadas por Americaeconomica.com
revelan que en el caso de España, por ejemplo, estos organismos
públicos sólo estarán ubicados en Madrid, Valencia,
Murcia y Barcelona.
Si tenemos en cuenta que del total de emigrantes
ecuatorianos, un 40% vive en condiciones de pobreza y un 13% se
encuentra en España, donde los ciudadanos de Ecuador constituyen
el segundo flujo de inmigración, precedidos por Marruecos,
según datos del Instituto Nacional de Estadística
(INE), ¿comprarán un billete de ida y vuelta de avión,
con un coste medio de 120 euros, los que se encuentren en las Islas
Canarias para poder ir a una ciudad con consulado, exclusivamente
para elegir un Gobierno que, en la mayor parte de los casos, es
culpable de su salida del país?
Vivanco Torres ha confirmado sus temores al
respecto. Por ello, como presidente de Fenadee ha asegurado que
iniciará negociaciones con el Tribunal Electoral Supremo
Electoral de Ecuador (TSE) para que se amplíe el número
de ciudades en las que se establezca un lugar para que los emigrantes
puedan votar. Hasta el momento, ha pedido a los ecuatorianos que
"aprovechen la oportunidad".
Pero continúa la resta.
De los tres millones de ciudadanos de Ecuador que viven fuera del
país, no todos podrán empadronarse para ejercer el
sufragio. Funcionarios de la Embajada ecuatoriana en España
han explicado a Americaeconomica.com que estos comicios
excluyen a menores de edad, los alistados en las Fuerzas Armadas
(FFAA) y los que son considerados como analfabetos.
Estas reducciones podrían suponer que
sólo un 10% de los emigrantes ecuatorianos llegara a votar,
tal como revela una investigación realizada por el TSE, en
la que analiza otras elecciones a distancia.
A pesar de todo, las diferentes agrupaciones
pro ecuatorianas se muestran optimistas. La asociación Lazo,
organización que lucha por los derechos de los emigrantes,
revela que si sólo votase el porcentaje que indica el TSE,
la cifra no sería nada despreciable. Es decir, si el 10%
de los tres millones de emigrantes se empadrona, 300.000 personas
votarían, una cantidad que es mayor a la de electores de
la provincia del Azuay, una de las más grandes de Ecuador,
y un número que puede cambiar el rumbo de las elecciones.
La Embajada ecuatoriana en España está de acuerdo:
"cada voto es determinante".
Estos datos obligan a los principales partidos
políticos de Ecuador a reorientar su campaña electoral
hacia el extranjero. Por ello, analizan entre sus programas, las
estrategias más efectivas para convencer al ecuatoriano que
vive fuera de las fronteras nacionales. Sin embargo, este planteamiento
puede afectar a las agrupaciones políticas que no tienen
recursos económicos suficientes para desarrollar su labor
electoral en el extranjero, por lo que perderán una importante
fuente de votos.
El primero en dar el pistoletazo de salida
en esta nueva forma de concebir las elecciones ha sido León
Roldós Aguilera, candidato del Movimiento Red Ética
y Democrática de Ecuador (RED) para ser presidente del país
andino en las próximas elecciones de octubre de 2006. El
pasado jueves, el redecista expuso ante diversos medios de comunicación
españoles los platos fuertes de su estrategia política,
orientada a reforzar la democracia y reducir los casos de informalidad
laboral para conceder seguridad a la ciudadanía.
Por supuesto, no se olvidó de los emigrantes
ecuatorianos en general, a los que calificó como "canales
de comunicación con otros países", ni de los
que viven en España, que "son base de una nueva relación
entre los gobiernos español y ecuatoriano". Es decir,
una fuente importante de riquezas para el país andino.
Los emigrantes ecuatorianos valen oro.
No sólo es importante la capacidad que tienen los emigrantes
de Ecuador en el futuro de las elecciones, sino que también
destacan por las altas cantidades de dinero que envían a
sus familias. Los expertos económicos aseguran que las remesas
en general, suponen una importantísima fuente de ingresos
para la economía de varios países de América
Latina y supera, en muchos casos, a la inversión extranjera
directa y la ayuda que los países ricos destinan para regiones
con altos índices de pobreza. En este sentido, Ecuador ocupa
el cuarto puesto en la lista de países receptores de remesas,
precedido por México, Brasil y Colombia.
Según los últimos datos del Banco
Interamericano de Desarrollo (BID), en 2004, Ecuador recibió
en concepto de remesas 1.740 millones de dólares (1.432 millones
de euros), un 5% más en comparación con 2003. Con
estas cifras, el envío de dinero de los emigrantes ecuatorianos
a sus familias se convirtió en la segunda fuente de divisas
del país andino, sólo superada por el petróleo.
La crisis de gobernabilidad ecuatoriana.
La crisis política que Ecuador ha vivido durante los últimos
años ha sido una de las principales causas que ha llevado
a sus ciudadanos a escapar del país. Después de que
en 1997 el presidente Abdalá Bucarám fuese expulsado
de la Presidencia por incapacidad mental para gobernar, el país
andino ha tenido casi un mandatario por año hasta la fecha
actual, y ahora el actual líder del Ejecutivo, Alfredo Palacio,
intenta sacar al país de una crisis de gobernabilidad.
Pero el punto más fuerte de estos últimos
años de inestabilidad ocurrió en 2000, con la conocida
'dolarización de Ecuador'. El presidente Jamil Mahuad remplazó
la moneda nacional ecuatoriana, el sucre, por el dólar estadounidense,
lo que complicó los índices de pobreza que ya vivía
la República y originó elevados flujos de emigración
a España y a EEUU.
Antes de ser aprobada la medida, la media anual
de inflación del país estaba en el 43,4%, la más
alta de toda América Latina. Una vez que Ecuador adoptó
el esquema de dolarización, la tasa de inflación se
situó al 3,1% mensual, lo que provocó que a finales
de 2000, la inflación aumentase por encima del 100%.
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