Viernes 23 de septiembre de 2005
 
Los ecuatorianos que vivan fuera de Ecuador podrán votar por primera vez en 2006
 
El poder de la emigración
Por Víctor López
 

Los candidatos a ocupar la Presidencia de Ecuador en las próximas elecciones de octubre de 2006 tendrán que tener en cuenta en sus campañas políticas una nueva fuerza que puede ser decisiva para su victoria: los emigrantes ecuatorianos. Por primera vez, casi tres millones de ciudadanos de Ecuador que residen fuera de su país ejercerán su derecho a voto para elegir sobre el futuro de su nación, la misma que les obligó a huir por culpa de su inestabilidad política y económica.

Las asociaciones de emigrantes ecuatorianos de los distintos países del mundo han aspirado durante años poder participar en las Presidenciales de su país, una batalla en la que paradójicamente buscaban un derecho que ya tenían. La Constitución de Ecuador de 1998 reconoce en su artículo 27 que: "Los ecuatorianos domiciliados en el exterior podrán elegir presidente y vicepresidente de la República, en el lugar de su registro o empadronamiento". Además, una ley orgánica aprobada por el Congreso el 27 de septiembre de 2002, detalla, a través de 33 artículos, el proceso a seguir por las diferentes partes implicadas.

Las autoridades políticas se han escondido hasta ahora en el argumento de que resulta muy costoso desplegar la logística necesaria para permitir el voto emigrante. El director de la Federación Nacional de Asociaciones Ecuatorianas en España (Fenadee), Walter Vivanco Torres, ha explicado a Americaeconemica.com que los funcionarios gubernamentales aducían que el mecanismo era complicado, había déficit de personal para encargarse de los empadronamientos y, sobre todo, que no contaban con el presupuesto suficiente. Ahora, según Vivanco Torres, "se hace justicia sobre una reivindicación por la que se lleva luchando desde hace muchos años".

Pero a diferencia de los ciudadanos residentes en el país, el voto, sólo orientado a elegir presidente y vicepresidente, es voluntario. Parecer ser, a juicio de diferentes autoridades políticas, que convencer a tres millones de ecuatorianos para que se dirijan a las urnas no es una tarea fácil. Según Francisco Carrión, el nuevo ministro de Asuntos Exteriores de Ecuador y también embajador de la República ecuatoriana en España, cuando el emigrante sale de su país desarrolla un sentimiento de rechazo hacia su nación de origen ya que, generalmente, su cambio de residencia es debido a situaciones adversas por las que atraviesa el gobierno respectivo.

A este aparente resentimiento de los ecuatorianos hay que añadir dificultades burocráticas que pueden reducir el número de los votos emigrantes. En primer lugar, aquellos emigrantes que deseen ejercer su derecho al sufragio deben empadronarse en uno de los 64 consulados repartidos por todo el mundo, el mismo sitio en donde emitirán su decisión. Sin embargo, fuentes consultadas por Americaeconomica.com revelan que en el caso de España, por ejemplo, estos organismos públicos sólo estarán ubicados en Madrid, Valencia, Murcia y Barcelona.

Si tenemos en cuenta que del total de emigrantes ecuatorianos, un 40% vive en condiciones de pobreza y un 13% se encuentra en España, donde los ciudadanos de Ecuador constituyen el segundo flujo de inmigración, precedidos por Marruecos, según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), ¿comprarán un billete de ida y vuelta de avión, con un coste medio de 120 euros, los que se encuentren en las Islas Canarias para poder ir a una ciudad con consulado, exclusivamente para elegir un Gobierno que, en la mayor parte de los casos, es culpable de su salida del país?

Vivanco Torres ha confirmado sus temores al respecto. Por ello, como presidente de Fenadee ha asegurado que iniciará negociaciones con el Tribunal Electoral Supremo Electoral de Ecuador (TSE) para que se amplíe el número de ciudades en las que se establezca un lugar para que los emigrantes puedan votar. Hasta el momento, ha pedido a los ecuatorianos que "aprovechen la oportunidad".

Pero continúa la resta. De los tres millones de ciudadanos de Ecuador que viven fuera del país, no todos podrán empadronarse para ejercer el sufragio. Funcionarios de la Embajada ecuatoriana en España han explicado a Americaeconomica.com que estos comicios excluyen a menores de edad, los alistados en las Fuerzas Armadas (FFAA) y los que son considerados como analfabetos.

Estas reducciones podrían suponer que sólo un 10% de los emigrantes ecuatorianos llegara a votar, tal como revela una investigación realizada por el TSE, en la que analiza otras elecciones a distancia.

A pesar de todo, las diferentes agrupaciones pro ecuatorianas se muestran optimistas. La asociación Lazo, organización que lucha por los derechos de los emigrantes, revela que si sólo votase el porcentaje que indica el TSE, la cifra no sería nada despreciable. Es decir, si el 10% de los tres millones de emigrantes se empadrona, 300.000 personas votarían, una cantidad que es mayor a la de electores de la provincia del Azuay, una de las más grandes de Ecuador, y un número que puede cambiar el rumbo de las elecciones. La Embajada ecuatoriana en España está de acuerdo: "cada voto es determinante".

Estos datos obligan a los principales partidos políticos de Ecuador a reorientar su campaña electoral hacia el extranjero. Por ello, analizan entre sus programas, las estrategias más efectivas para convencer al ecuatoriano que vive fuera de las fronteras nacionales. Sin embargo, este planteamiento puede afectar a las agrupaciones políticas que no tienen recursos económicos suficientes para desarrollar su labor electoral en el extranjero, por lo que perderán una importante fuente de votos.

El primero en dar el pistoletazo de salida en esta nueva forma de concebir las elecciones ha sido León Roldós Aguilera, candidato del Movimiento Red Ética y Democrática de Ecuador (RED) para ser presidente del país andino en las próximas elecciones de octubre de 2006. El pasado jueves, el redecista expuso ante diversos medios de comunicación españoles los platos fuertes de su estrategia política, orientada a reforzar la democracia y reducir los casos de informalidad laboral para conceder seguridad a la ciudadanía.

Por supuesto, no se olvidó de los emigrantes ecuatorianos en general, a los que calificó como "canales de comunicación con otros países", ni de los que viven en España, que "son base de una nueva relación entre los gobiernos español y ecuatoriano". Es decir, una fuente importante de riquezas para el país andino.

Los emigrantes ecuatorianos valen oro. No sólo es importante la capacidad que tienen los emigrantes de Ecuador en el futuro de las elecciones, sino que también destacan por las altas cantidades de dinero que envían a sus familias. Los expertos económicos aseguran que las remesas en general, suponen una importantísima fuente de ingresos para la economía de varios países de América Latina y supera, en muchos casos, a la inversión extranjera directa y la ayuda que los países ricos destinan para regiones con altos índices de pobreza. En este sentido, Ecuador ocupa el cuarto puesto en la lista de países receptores de remesas, precedido por México, Brasil y Colombia.

Según los últimos datos del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), en 2004, Ecuador recibió en concepto de remesas 1.740 millones de dólares (1.432 millones de euros), un 5% más en comparación con 2003. Con estas cifras, el envío de dinero de los emigrantes ecuatorianos a sus familias se convirtió en la segunda fuente de divisas del país andino, sólo superada por el petróleo.

La crisis de gobernabilidad ecuatoriana. La crisis política que Ecuador ha vivido durante los últimos años ha sido una de las principales causas que ha llevado a sus ciudadanos a escapar del país. Después de que en 1997 el presidente Abdalá Bucarám fuese expulsado de la Presidencia por incapacidad mental para gobernar, el país andino ha tenido casi un mandatario por año hasta la fecha actual, y ahora el actual líder del Ejecutivo, Alfredo Palacio, intenta sacar al país de una crisis de gobernabilidad.

Pero el punto más fuerte de estos últimos años de inestabilidad ocurrió en 2000, con la conocida 'dolarización de Ecuador'. El presidente Jamil Mahuad remplazó la moneda nacional ecuatoriana, el sucre, por el dólar estadounidense, lo que complicó los índices de pobreza que ya vivía la República y originó elevados flujos de emigración a España y a EEUU.

Antes de ser aprobada la medida, la media anual de inflación del país estaba en el 43,4%, la más alta de toda América Latina. Una vez que Ecuador adoptó el esquema de dolarización, la tasa de inflación se situó al 3,1% mensual, lo que provocó que a finales de 2000, la inflación aumentase por encima del 100%.

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