| El Gobierno
brasileño ha acordado con los grupos parlamentarios de la
oposición retrasar la reforma del reglamento de los
partidos políticos. Ambas partes han considerado
que el actual clima de tensiones entre los miembros del
Parlamento por los escándalos de corrupción
no permitiría sacar adelante el nuevo proyecto. La
nueva norma, con la que el mandatario quería controlar
el transfugismo, ya no entrará en vigor antes de
las próximas elecciones de 2006.
El presidente brasileño quería
cumplir con una de sus promesas electorales e implantar
en la legislación el concepto de "fidelidad
partidista". Un término que impediría
que los diputados se cambiaran de filas en la misma legislatura.
Pero sus intenciones no podrán cumplirse.
La idea de Lula es que el Congreso hubiera
aprobado los cambios en el reglamento antes del 30 de septiembre. Una vez que se ha sobrepasado
esta fecha, el Ejecutivo ve imposible
que antes de final de año se logre el acuerdo en
el Congreso y la ratificación por parte del Tribunal
Constitucional.
Los plazos revelan que la reforma no se
llevará a cabo en esta legislatura. Los trabajos
de investigación sobre los casos de corrupción
concentran la atención del Congreso y no dan cabida
a nuevos debates. Lula retomará esta iniciativa en
la campaña electoral de su reelección y con
ella tratará de evitar hechos como los ocurridos
en 2002, cuando 175 diputados de los 513 elegidos cambiaron
de agrupación política.
|