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En
un extraño ataque de sinceridad política,
el presidente de EEUU, George Bush, ha reconocido en una
multitudinaria rueda de prensa, celebrada en los jardines
de la Casa Blanca, que la reforma de la Seguridad Social
ha dejado de ser una de las prioridades de su agenda, porque
no ha conseguido trasladar a los ciudadanos ni la importancia,
ni la viabilidad de su proyecto.
Tras
este reconocimiento todo parece indicar que el retoque
no se realizará. Entre otros motivos, porque tampoco
la mayoría republicana del Congreso y el Senado tiene
demasiado interés en apoyar un tema claramente impopular.
El
calendario político se lo impide. El próximo
año hay elecciones legislativas en las que se renueva
un tercio de las cámaras y esta podría ser
una baza para los demócratas que quieren aprovechar
la caída de la popularidad de Bush para recuperar
posiciones y alcanzar la mayoría, al menos en el
Senado, donde, según las últimas encuestas,
quizá fuera posible.
Ahora
Bush quiere concentrar sus esfuerzos en la guerra contra
el terrorismo y la reconstrucción de las zonas afectadas
por los huracanes. Aunque, lo que preocupa en Wall Street
es conocer la identidad del nuevo presidente de la FED.
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