La
nueva Ley de Tarjetas de Crédito que ha preparado
el Gobierno de Hugo Chávez ha disgustado a los banqueros
del país. La regulación ya ha sido aprobada
en la Asamblea Nacional (AN), pero fuentes del sector aseguran
que se espera que antes de ser publicada oficialmente pueda
ser devuelta a la AN para realizar algunas modificaciones.
Las cosas que quieren cambiar son muchas.
Hay
varios puntos de la Ley que los bancos venezolanos quieren
cambiar. Uno de ellos es el que establece que las entidades
financieras deben aplicar una tasa de interés social
del 50% del tipo de interés que fija el Banco Central
de Venezuela (BCV) para comprar con tarjetas de crédito
productos de la canasta básica o medicinas. Según
las entidades financieras este artículo es imposible
de cumplir "porque todos los bancos del mundo gestionan
las transacciones por categoría de comercio pero
nunca conocen el detalle de los productos adquiridos".
Pero
hay más quejas. El analista financiero venezolano
José Grasso, explica a a Americaeconomica.com
que, además, la ley elimina todo tipo de comisiones
por el uso de las tarjetas, y explica que esta decisión
tendrá un coste para la banca de aproximadamente
200.000 millones de bolívares (77 millones de euros).
Otro
asunto engorroso. Otro asunto engorroso para las
entidades financieras es el hecho de que la nueva regulación
les obliga a mantener los puntos de venta en los comercios
sin ningún coste. Grasso confía en que este
artículo quede eliminado porque si no supondrá
un freno para el desarrollo del comercio electrónico,
algo que la Ley intenta fomentar.
Hay
otros artículos que generan recelos, como el hecho
de que se prohíbe a los bancos dar información
crediticia a otras instituciones que no sea la Superintendencia
de bancos, lo que supone que no funcionarán para
el caso de las tarjetas las centrales de riesgo privadas.
También causa malestar el hecho de que sea el BCV
el que finalmente fije los tipos de interés que deberán
aplicar las entidades por el uso de tarjetas.
Pero
también hay cosas buenas. Algunos expertos destacan
el hecho de que se da a los emisores de tarjetas un plazo
de 15 días para resolver las reclamaciones. Esto
es importante porque en Venezuela hay muchos casos de duplicación
de tarjetas, cargos indebidos y fraudes que en la mayoría
de los casos se resuelven con mucha lentitud. Pueden tardar
hasta meses. Ahora, la carga de la prueba la tiene el emisor
de las tarjetas y no se pueden cobrar intereses por su uso
hasta que no se atienda la queja.
Hay
más artículos que benefician a los clientes,
como el hecho de que se obligue a los bancos a ofrecerles
mayor información sobre el uso y características
de las tarjetas, se prohíba el cobro de intereses
sobre intereses y se cree el Consejo Nacional de Usuarios
de tarjetas.
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