| Los
poderes Ejecutivo y Legislativo enfrentados en Nicaragua
desde hace un año podrían alcanzar un acuerdo
para terminar con sus diferencias. El secretario general
de la Organización de Estados Americanos (OEA), José
Miguel Insulza, que ha intervenido en diferentes ocasiones
en la crisis institucional por la que atraviesa el país,
ha propuesto a las principales fuerzas del Gobierno nicaragüense
aplazar las reformas constitucionales, ratificadas en la
Asamblea Nacional pero rechazadas por la Administración,
hasta las elecciones Presidenciales de 2006.
Insulza
considera que esta solución podría suponer
un 'acuerdo histórico' y se ha mostrado optimista
ante la posibilidad de que ambas fuerzas enfrentadas lo
acepten. Pero el alto funcionario no siempre ha confiado
en que la OEA pudiese cerrar la crisis institucional: el
pasado fin de semana escribió una carta a Bolaños
y al Parlamento de Nicaragua, en manos del Frente Sandinsita
de Liberación Nacional (FSLN) y el Partido Liberal
Constitucional (PLC) en la que calificó de frustrante
la situación y dejó a merced de la voluntad
de los actores políticos la solución del conflicto.
La
carta explica que las reformas constitucionales aprobadas
por el Legislativo nicaragüense rompen el equilibrio
de los poderes de Estado ya que restan al Ejecutivo facultades
para gobernar. Por ello, recomienda que la ratificación
de estas modificaciones se aplace hasta el nuevo periodo
presidencial para comprobar si corresponden a una expresión
de voluntad popular, avalado por la votación de
las distintas fuerzas políticas, lo que al mismo
tiempo daría al actual Gobierno la posibilidad de
concluir su mandato. Insulza agrega además que es
necesario no obstruir la acción gubernamental más
allá de los naturales debates y discrepancias que
generan las políticas públicas, básicos
en el sistema democrático, según han recogido
diferentes periódicos locales.
Una
tregua. La iniciativa del secretario de la OEA
podría poner fin a un año de enfrentamientos
entre el Parlamento y Bolaños. La Asamblea Nacional
aprobó en octubre de 2004 unas reformas a la Carta
Magna que buscan recortar el poder de la Administración
y trasladar al Poder Legislativo el control sobre algunos
servicios públicos como el agua, la energía
o las telecomunicaciones, que actualmente dirige el Ejecutivo.
Sin
embargo, Bolaños todavía no ha ratificado
estas reformas, porque considera que forman parte de un
'golpe de Estado' promovido por la oposición para
apartarles del poder. El mandatario nicaragüense elevó
el caso a la Corte Centroamericana de Justicia (CCJ) que
las calificó de jurídicamente inaplicables.
Pero este fallo es contradictorio al emitido por
el Supremo de Nicaragua, controlado también por los
sandinistas y liberales, que pidió a Bolaños
su aplicación.
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