| La semana comenzó
fatal para el presidente Lula da Silva, pero ha acabado bien. Por
primera vez en mucho tiempo, el mandatario brasileño tiene
una oportunidad para demostrar que sigue gobernando y ganar puntos
de cara a su reelección en 2006. La posibilidad se la ha
dado el triunfo del comunista Aldo Rebelo, el candidato del Gobierno,
en las votaciones a la Presidencia del Congreso.
Pero hay más. Tras la confirmación
de que el candidato de Lula es el nuevo titular de la Cámara
baja, el Banco Central de Brasil (BC) dio otra buena noticia: redujo
la previsión de inflación para este año desde
el 5,8% al 5%. Una decisión que muestra que la autoridad
monetaria está satisfecha con la convergencia que está
logrando hacia sus objetivos y quizá, el anuncio de una reducción
de los tipos de interés en el corto plazo. Algo que seguramente
Lula sabría rentabilizar electoralmente.
Hacía tiempo que los inversores no estaban
tan contentos. El real cerró a 2,213 unidades por dólar,
el cambio más alto de los últimos cuatro años
y la prima de riesgo del país se redujo en ocho puntos básicos
(pb) hasta situarse en los 348 pb.
Trabajo después del parón.
Los mercados parece que confían en que Lula pueda,
por fin, comenzar a legislar tras la paralización sufrida
a raíz de los escándalos de corrupción. Su
nuevo hombre fuerte al frente del Congreso se ha puesto a trabajar
para conseguirlo. Aldo Rebelo se estrenó en el cargo con
un encuentro con los líderes de los partidos políticos
representados en el Parlamento. Entre otras cosas discutieron sobre
la necesidad de comenzar a realizar votaciones en la Cámara
baja para sacar adelante los proyectos pendientes, entre ellos el
de la reforma electoral, una ley que, según la propuesta
que probablemente será votada, reducirá de 90 días
a 45 el periodo de campaña electoral, prohibirá la
participación de artistas en los programas de candidatos
y la organización de grandes eventos festivos en las campañas,
algo que los brasileños llaman showmicios.
Con la llegada de Rebelo a la Presidencia de
la Cámara baja en sustitución de Severino Cavalcanti
-del Partido Progresista (PP)- comienza una nueva etapa en esta
crisis que azota al Gobierno desde hace ya más de tres meses.
Aunque salir adelante no será fácil. Una muestra de
las turbulencias que se pueden generar en las próximas semanas
es lo difícil que le ha resultado al candidato del Gobierno
conseguir el puesto.
Rebelo ganó en una segunda vuelta en
el combate más reñido de la historia de la Cámara
baja brasileña. Finalmente obtuvo 258 votos frente a los
243 del opositor José Thomaz Nono -actual vicepresidente
del Parlamento y miembro del Partido del Frente Liberal (PFL)-.
Una dura pelea que muestra el equilibrio de fuerzas que actualmente
existe en el Congreso. El nuevo presidente de la Cámara baja
sabe que su tarea no será fácil. En el discurso de
toma de posesión del cargo, reconoció que su mayor
desafío será restablecer la confianza de la población
en el Parlamento y prometió trabajar duro para que los diputados
recuperen su ritmo de trabajo, un ritmo perdido al estallar la crisis
política.
Una tarea importante. Pero
tendrá otra labor importante. Deberá conseguir que
los proyectos que el Gobierno envíe al Congreso salgan adelante.
Él tiene las herramientas para
conseguirlo puesto que ahora es la persona que decide la
fecha y la forma en las que se someten a votación las propuestas
y quien, entre otras facultades, puede decidir la apertura de un
juicio político contra el presidente del Gobierno. Además,
según la Constitución, es el segundo -después
del vicepresidente del Gobierno- en la línea de sucesión
de la Presidencia del país ante la ausencia del mandatario.
La semana ha acabado bien para Lula, aunque
ha sido muy dura. El Partido de los Trabajadores (PT) está
ahora más debilitado que nunca. Más de 400 dirigentes
han abandonado esta formación en respuesta a la política
económica del Gobierno y a los escándalos de corrupción.
Casi todos ellos son sindicalistas que han
ido a engrosar las filas del Partido del Socialismo y la Libertad
(PSOL), formación creada por varios miembros del PT que fueron
expulsados del partido por no respetar la disciplina de voto y haber
votado en el Congreso en varias ocasiones en contra de los proyectos
presentados por el Gobierno.
Repentina huida. Esta repentina
huida del seno del PT coincidió con el anuncio del resultado
de las elecciones internas del partido. Ricardo Berzoini, el candidato
del Campo Mayoritario (CM) al que pertenece Lula y el ministro de
Economía, Antonio Palocci, ha conseguido la mayoría
de los votos, un 42%, un porcentaje que hará necesaria una
segunda vuelta que se celebrará el próximo 9 de octubre.
En ella se enfrentarán Berzoini y el
representante de la corriente de izquierdas, Raúl Pont, ex
alcalde de Porto Alegre. Pont teme que Lula ponga en marcha "la
poderosa maquinaria del Gobierno" para conseguir que Berzoini
sea el ganador de estos comicios y asegura que si gana exigirá
cambios radicales en la política económica del Gobierno.
El triunfo de Berzoini podría dar un
nuevo respiro a Lula, aunque, de momento, puede disfrutar del éxito
conseguido en el Congreso y de los buenos datos económicos.
No se sabe cuánto le durará la alegría. Las
comisiones de investigación en la Cámara baja continúan
y a partir de la semana que viene se restablecerán los horarios
de las comparecencias tras la interrupción realizada por
las elecciones a la Presidencia del Parlamento.
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