Viernes 30 de septiembre de 2005
 
Los expertos aseguran que hay buenas razones para que las autoridades monetarias aumenten sus reservas en este metal
 

Una oportunidad de oro para los bancos centrales de Latinoamérica

Gema Velasco
 

El dólar se desinfla y la inflación, por mucho que pese a muchos bancos centrales de Latinoamérica, sigue siendo muy elevada en la mayoría de los países del subcontinente. Ambas cosas dañan las reservas internacionales. A no ser que se tenga un buen seguro. Y esa cobertura la ofrece el oro. Algunos ya se han dado cuenta. Fuentes del mercado consultadas por este diario aseguran que han apreciado un creciente interés de los bancos centrales por este metal, pero advierten que no se esperan compras inmediatas.

Estos observadores explican que el proceso entre que una autoridad monetaria decide cambiar su estrategia y comprar oro y la materialización efectiva de ese proyecto lleva mucho tiempo y, por eso, se descarta que se realizen grandes adquisiciones en el corto plazo. A pesar de que hay buenas razones para hacerlo.

La asesora económica del Consejo Mundial del Oro, Jill Leyland, asegura a este diario que hay muchos motivos por los que algunos bancos centrales de Latinoamérica podrían considerar incrementar sus reservas en este metal. El principal, que no se trata de un pasivo tradicional.

Una buena cobertura. El oro es una cobertura contra la inflación a largo plazo y contra la depreciación de la divisa estadounidense. Por eso, invertir en él es especialmente interesante para las autoridades monetarias que cuentan con unas reservas cargadas de dólares y que tienen problemas para controlar los precios. Ese es el caso de la mayoría de los países del subcontinente.

Por ejemplo, Argentina. El país austral tiene actualmente reservas internacionales por valor de 25.513 millones de dólares (21.197 millones de euros), la mayoría invertidas en bonos del Tesoro de EEUU. Y, según las previsiones del FMI, la inflación será a final de año del 7,5%, la cifra más elevada del Mercosur y de la Comunidad Andina de Naciones (CAN), a excepción de Venezuela. Argentina, por tanto, reúne todas las condiciones para convertirse en comprador de oro. De hecho, se lo está pensando.

Hace sólo unos días, el jefe de Operaciones del Banco Central de la República Argentina (BCRA), Juan Basco, anunció en un seminario en Londres que la autoridad monetaria podría incrementar sus reservas de oro debido a que se trata de un activo cada vez más líquido que podría hacer crecer la cartera del BCRA en caso de una crisis severa.

Argentina quiere comprar. El BCRA tiene actualmente 54,8 millones de toneladas de oro que representan sólo el 3% de las reservas totales. Argentina es uno de los pocos países del subcontinente que en los últimos años han incrementado las compras de oro. Desde el año 2000 hasta la fecha, sus reservas en este metal se han incrementado un 9.000% desde los 0,6 millones, según datos del Consejo Mundial del Oro. Aunque su caso es muy especial.

Argentina vendió todas sus reservas de este metal en la década de los noventa, durante la época de la que tenía establecido un tipo de cambio fijo frente al dólar (currency board system). En ese momento, bastaba para sostener el sistema mantener un volumen de reservas equivalente al circulante de pesos. Pero las cosas cambiaron tras la crisis de finales de 2001 y la llegada de la suspensión de pagos de la deuda.

En ese momento, se decidió devaluar el peso y posteriormente, en febrero de 2002, entró en vigor el sistema de libre flotación. El resultado fue el descalabro de la moneda doméstica frente a la divisa estadounidense. Aquí es donde las reservas entran en juego. Es necesario tener el volumen suficiente para mantener un tipo de cambio estable a través de la inyección en el sistema de dólares. Por este motivo, los expertos consultados creen que es lógico que Argentina opte de nuevo por diversificar sus reservas mediante la compra de oro. De hecho, las adquisiciones han comenzado. En 2004, compró 44 toneladas de este precioso metal.

Venezuela ni se lo plantea. Pero no todos tienen el mismo interés que Argentina en incrementar sus reservas de oro, a pesar de que Bastos asegura que hay muchos bancos centrales que quieren hacerlo. Venezuela, por ejemplo, ni se lo plantea. Fuentes del Banco Central (BCV) aseguran que la posición en oro de la entidad es la misma desde hace 20 años y no están pensando en cambiarla. En este caso, hay algo que podría explicar su falta de interés. En primer lugar, ya tienen mucho oro. En concreto, 357 millones de toneladas que representan el 17,6% de sus reservas. Es el principal inversor en este metal de entre las autoridades monetarias de la región.

Pero, además, el Gobierno de Chávez mantiene un control de tipo de cambio (2.144 bolívares por dólar y 2.150 para la venta) que le permite gestionar sin problemas el sistema monetario y financiero. Eso sin contar con que el volumen de reservas es de casi 30.000 millones de dólares (24.925 millones de euros), descontados ya los 3.000 millones (2.492 millones de euros) que el mandatario venezolano ha destinado a un fondo especial que financiará sus proyectos sociales. Una operación muy polémica que Chávez ha justificado precisamente en la existencia de un excedente de reservas.

Bolivia es otro de los países latinoamericanos que más han apostado por el oro. Es uno de los principales productores de este metal en la región y la autoridad monetaria mantiene el porcentaje más elevado de Latinoamérica de reservas en oro respecto al total, un 28,6% que equivale a 28,3 millones de toneladas. Pero, al igual que Venezuela, no tienen ningún interés en incrementarlas, de momento, según han asegurado fuentes del Banco Central de Bolivia.

Un gran productor de oro. Colombia también es un gran productor de oro de la región. Desde la entidad monetaria se explica que hasta hace sólo unos pocos años el Banco Central tenía en su cartera un contundente volumen de este metal puesto que aprovechando la existencia de minas en el país compraba grandes cantidades que nunca vendía. Sin embargo, las cosas han cambiado y ahora cuentan con un sistema más sofisticado para gestionar las reservas en el que el oro cumple un papel marginal. En estos momentos, esas reservas son de unos 15.000 millones de dólares (12.455 millones de euros) y de ellas, el metal dorado sólo representa 150 millones (124,5 millones de euros), unas 10 millones de toneladas. Un volumen que apenas supone el 1% del total de esa cartera.

Según algunos observadores, serían los países cuyas reservas en oro son modestas o nulas los que estarían más interesados actualmente en incrementarlas. Uno de ellos es Brasil, que mantiene 13,6 millones de onzas, tan sólo el 0,3% del total de las reservas. Fuentes de la autoridad monetaria explican que no pueden pronunciarse sobre la futura estrategia que seguirá el Banco Central.

Otros lo tienen más claro. Por ejemplo, Uruguay. Desde la autoridad monetaria aseguran que no tienen reservas de oro. Las han vendido este año. Y seguramente han realizado importantes plusvalías. Quizá sea esa la clave para entender el aparente desinterés de los bancos centrales latinoamericanos por comprar oro en este momento a pesar de que los expertos recomiendan utilizar este metal para diversificar las reservas. El oro está muy caro.

Precios en máximos. A mediados de septiembre los precios a futuro del oro alcanzaron un máximo de 17 años. El metal para entregar a diciembre en la Bolsa Mercantil de Nueva York se colocó en 459,3 dólares por onza. Los expertos explican que esta evolución se produjo porque por el resurgimiento de los temores inflacionistas y por la incertidumbre sobre la evolución económica de EEUU tras el paso de Katrina. Los inversores optaron por comprar oro en un intento por desvincularse del dólar.

Esta tendencia se mantiene y la demanda continúa por lo que es previsible que el precio de este metal continúe al alza en el corto y medio plazo. Según los últimos datos del Consejo Mundial del Oro, en el primer semestre de 2005 las peticiones para comprar oro batieron un récord histórico. La demanda creció un 21% en toneladas y un 29% en precio comparado con el mismo periodo del año anterior. El interés por el oro se acrecentó en el segundo trimestre del año y la demanda creció un 47% respecto al periodo enero-marzo de 2005, un crecimiento intertrimestral jamás visto con anterioridad.

Tal y como está el mercado, los precios se dispararían si un banco central hace un anuncio en firme respecto a la compra de oro. Quizá, por eso, algunas autoridades monetarias han decidido esperar.

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