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Si al igual que las publicaciones del corazón, gastronomía, deportes, etc., en estos avatares políticos alguien se dedicara a destacar, por ejemplo, los mayores desatinos de un presidente durante el año, con toda seguridad George W. Bush compartiría prominente sitio junto a otros homólogos suyos. Y uno de los motivos respondería a la creencia, heredada de otros antecesores de Bush, de que con un fuerte embargo sobre Cuba -o bloqueo como aquí se le llama-, los días de Fidel Castro estarían contados.
Con tal precepto, ya a estas alturas del juego más del 70% de la población cubana ha nacido bajo los rigores de serias consecuencias económicas, comerciales y financieras que al impactar contra las estructuras del Estado contribuyen a que sus ciudadanos lo pasen de mal en peor. Esto, en cuanto al bloqueo gringo se refiere. La isla acaba de presentar un informe sobre la Resolución 59/11 de la Asamblea General de las Naciones Unidas titulado “Necesidad de poner fin al bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por los Estados Unidos de América contra Cuba”, donde “según cálculos conservadores” los daños económicos directos se calculan en más de 82.000 millones de dólares, con un promedio anual de 1.782 millones.
El pasado año, la Administración Bush arremetió con otra vuelca a la tuerca. Las pérdidas, de acuerdo al informe, ascendieron a unos 2.700 millones de dólares, acompañadas por una baja del 50,3% de las visitas de cubanos residentes en EEUU. En el año 2004 arribaron a aeropuertos isleños un total de 57.145 ciudadanos estadounidenses (cubanoamericanos incluidos), mientras que en 2003 lo hicieron 115.050.
Unas 77 compañías internacionales e instituciones bancarias con intereses en Cuba fueron multadas por incumplimiento de sanciones decretadas por Washington, entre ellas ocho que debieron pagar multas superiores a 50.000 dólares.
El próximo 8 de noviembre volverá una vez más la Asamblea de la ONU a tomar cartas en un asunto que en cada presentación encuentra menos respaldo en la comunidad internacional. EEUU e Israel serán nuevamente los que votarán contra ella. Mientras tanto, Cuba no colapsa, máxime ahora con esa inyección chino-venezolana que recibe en vena.
En el lejano 6 de abril de 1960 -¡45 años atrás!-, Lester D. Mallory, subsecretario estadounidense de Estado adjunto para Asuntos Interamericanos, apuntaba que “el único medio previsible para enajenar el apoyo interno es a través del desencanto y el desaliento basados en la insatisfacción y las dificultades económicas (...). Debe utilizarse prontamente cualquier medio concebible para (...) causar hambre, desesperación y el derrocamiento del Gobierno (de Castro)”.
Nacía entonces el embargo o bloqueo sobre la isla de Cuba. Se patentaba al mismo tiempo una receta obsoleta, criminal e incompetente para derrocar un régimen. |