Viernes 30 de septiembre de 2005
 
Crisis política en Nicaragua
Juan Varde (Lima)
 

Tensa calma en Nicaragua. La Organización de Estados Americanos (OEA), por un lado, más el número dos de la oficina del Departamento de Estado para el Hemisferio Occidental de EEUU, Charles Shapiro, han mostrado su preocupación ante la posibilidad de que la alianza entre el sandinista Daniel Ortega y el liberal Arnoldo Alemán -que le permitiría controlar el Congreso nicaragüense- provoque  el desafuero del actual presidente, Enrique Bolaños. Según se comenta en medios políticos, esta alianza no sólo impediría a Bolaños completar su mandato legal, sino que obraría como punta de lanza de un posible efecto cascada que puede desestabilizar la región centroamericana.

El presidente Bolaños, también debilitado por una serie de reformas constitucionales ya legalizadas y que lo despojaron de importantes poderes ejecutivos, deja un flanco propicio a efectos de que la alianza avance con más ímpetu en sus objetivos. El apoyo de la OEA es significativo, ya que la resolución respectiva fue aprobada por aclamación por los 34 países miembros, dejando abierta la posibilidad de convocar una reunión extraordinaria de cancilleres de la región para que, en caso de urgencia y necesidad extrema, los jefes de la diplomacia puedan tomar medidas para aislar económica y políticamente al Gobierno que surja tras el hipotético desafuero y enjuiciamiento de Bolaños. Sin duda se trata de una carta, por demás fuerte, de la organización que sinceramente pone en juego su prestigio y convicción, máxime si recordamos que la decisión tomada ha sido unánime.

Además la OEA hace un llamamiento a los involucrados en esta situación a iniciar un diálogo amplio y constructivo, libre de presiones y amenazas y en condiciones de igualdad, incluyendo el cese de la aplicación de las medidas que han provocado la actual escalada de la crisis institucional.

Bolaños y siete de sus ministros principales han sido investigados por comisiones del Congreso, a petición de la Fiscalía, bajo la acusación de haber cometido graves delitos electorales en la campaña presidencial de 2001, antes del triunfo que le llevó a la primera magistratura.

El panorama, complejo por cierto, abre expectativas no sólo en América Central, sino en toda la región. Apreciaremos que el sentido común prime entre los nicaragüenses y que la mejor solución llegue en tiempo y forma.

Edita Asesores de Publicaciones S.L.