| La
banca venezolana respira aliviada. El Gobierno ha devuelto
a la Asamblea Nacional la “ley de tarjetas”
que pretendía regular y fomentar el uso del dinero
plástico y que no gustaba a los bancos. Ahora la
Asamblea tendrá que reescribirla y eliminar los puntos
más críticos.
El
informe del Gobierno aún no se conoce en su totalidad.
Sin embargo, se sabe que las críticas de Hugo Chávez
atañen a muchos de los puntos que también
habían sido cuestionados por los bancos. Uno de ellos,
según revelaron a Americaeconomica.com fuentes
financieras venezolanas, es la obligación para los
bancos de limitar el interés sobre préstamos
para bienes de primera necesidad al 50% de los tipos oficiales.
Los bancos tachaban de imposible esta medida, ya que la
entidad no puede saber lo que su cliente compra en un gran
almacén. Chávez, al parecer, ha motivado su
rechazo con que esta medida fomentaría el endeudamiento
de las familias pobres. Razones diferentes, pero la misma
conclusión.
La ley de tarjetas ha sido impulsada por
diputados del oficialista MVR, el partido de Chávez.
Según fuentes bancarias, los impulsores de la ley
buscaron el consenso fácil con medidas populistas
como la eliminación de las comisiones sobre las tarjetas.
“Pero por suerte en el Gobierno hay gente que razona
y se da cuenta que esto a largo plazo dañaría
el sistema”, añaden. Otras fuentes del sector
han admitido su satisfacción por la decisión
de Chávez de no avalar “una ley leonina con
los bancos. Este rechazo es un primer paso” concluyen.
Más
bonos, menos peligro. La banca compra cada vez
más deuda pública en Venezuela. Según
los datos de agosto, los bonos en manos de los bancos sumaban
9.977 millones de euros, lo que supone un 53,4% más
que en 2004 y más del 34% de los activos totales.
Sin embargo, más del 71% de estos bonos son considerados
“líquidos”, ya que se trata de emisiones
a corto plazo o disponibles para la venta. Además,
los indicadores de solvencia y liquidez de Venezuela han
ido mejorando hasta el punto que este año Standard
& Poor’s ha elevado dos veces el rating de la
deuda hasta situarlo en “B+”.
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