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La 'guerra autonómica' ha conseguido
unir a todos los sectores políticos que aún consideran
a Bolivia como una unidad territorial. El Gobierno y los partidos
han formado un único frente para que se cumpla con el calendario
establecido y las elecciones se celebren, tal y como estaba previsto,
el próximo 4 de diciembre. Todos están de acuerdo
en que hay que cumplir el fallo del Tribunal Constitucional y llevar
a cabo la nueva distribución de los escaños que ha
dado el Alto Tribunal.
Pero aún así, la tensión
entre las provincias no ha disminuido. Ahora, el problema se focaliza
en cómo se van a llevar a cabo las nuevas asignaciones. Se
sabe que Santa Cruz y Cochabamba van a ganar más representación
en el Congreso y que Potosí, La Paz y Oruro serán
las perjudicadas, pero todavía no hay ningún consenso
en el modo en el que se van a concretar los cambios.
Esta semana ha transcurrido al ritmo de las
sesiones parlamentarias. Unos plenos que hasta ayer jueves se convirtieron
en fracasos. Pero, cuando se empezaba a prever lo peor, se ha conseguido
un principio de entendimiento entre las partes enfrentadas. Las
provincias occidentales (Potosí, La Paz y Oruro) han dicho
sí a una nueva redistribución de los escaños.
La decisión ha cambiado el panorama
en el país, aunque persiste la incertidumbre. Se ha dado
un paso importante. Potosí, La Paz y Oruro han flexibilizado
su posición y han retirado sus amenazas de no presentarse
a las elecciones. Quieren dialogar, aceptan un cambio en los escaños
que hasta ahora tenían asignados, pero no el mismo que exigen
las provincias orientales de Santa Cruz y Cochabamba. De ahí
que el país siga en vilo.
El futuro de Bolivia está en manos del
poder negociador de los representantes provinciales. Cada uno de
los frentes tiene sus propias propuestas, pero el diálogo
parte con el principio de equidad. Oriente y Occidente están
de acuerdo en que cada una de las provincias tenga un mínimo
de representación en el Congreso. A partir de esta premisa,
es cuando surgen las diferencias.
Una de las opciones que barajan Potosí,
La Paz y Oruro, que se han unido en una alianza, es que se amplíe
el número total de escaños en el Congreso. La idea
es sumar a los 130 diputados que actualmente tienen asientos en
el Parlamento, el número de representantes que demanda Santa
Cruz y Cochabamba. Una fórmula con la que las provincias
que hacen esta proposición conservarían los parlamentarios
que ahora tienen.
Otra de sus propuestas se basa en complementar
la equidad en la representación en el Congreso con una claúsula
que se denominaría "de pobreza" y que otorgaría
algún escaño más a aquellas regiones con los
indicadores económicos más bajos.
Esta segunda proposición no entra dentro
de las consideraciones del franco oriental (que ganaría mayor
representación), que por ser las provincias más ricas,
no tendrían derecho a esta compensación. A pesar de
este detalle, el Comité Cívico cruceño ha revelado
a Américaeconomica.com que no descarta esta alternativa.
Lo que de ninguna manera están dispuestos a aceptar los miembros
de este Comité es que se imcumpla la Constitución
y se amplíe el número de escaños en el Congreso.
Santa Cruz y Cochabamba quieren que se actualice
el censo electoral del año 2001, el que se ha utilizado para
definir la distribución en estos comicios con los nuevos
datos poblacionales. Unos registros con los que Santa Cruz podría
aumentar su representación en 11 diputados y Cochabamba en
ocho. Estas cifras romperían el principio de equidad, que
asegura un mínimo de representación a cada provincia.
Pero los representantes políticos orientales han reducido
su demanda a cuatro y dos diputados respectivamente, precisamente
para no quebrantar este fundamento. Una cesión que no es
suficiente para los políticos occidentales.
Pese a las diferencias, ambos bandos están
convencidos de que las negociaciones van a ser un éxito.
El interés por llegar a un acuerdo también ha motivado
que los comités occidentales suspendan sus protestas. Unas
manifestaciones que se traducían en la toma de algunos edificios
públicos en la capital y en bloqueos de las principales carreteras
entre La Paz y el resto de las provincias.
El principio de acuerdo entre oriente y occidente
también ha supuesto un respiro para el Gobierno de Eduardo
Rodríguez. El Ejecutivo estaba verdaderamente preocupado
por si el conflicto derivaba en un aplazamiento de las elecciones.
El retraso supondría otra demora en las previsiones del mandatario,
que se había comprometido, tras la renuncia de Carlos Mesa,
a ocupar la Presidencia transitoria de Bolivia sólo hasta
que se celebrasen unas nuevos comicios. El pasado mes de junio,
Rodríguez acordó con todos los partidos políticos
la convocatoria de las elecciones generales para el mes de diciembre.
Un compromiso que también fijaba su retirada en enero de
2006.
Pero la intensa crispación que ha provocado
este conflicto autonómico y las sugerencias de los presidentes
de las cámaras bolivianas para retrasar la cita en las urnas
hasta 2007 (fecha en la que terminaría la actual legislatura
parlamentaria, que comenzó en 2002), han llevado a Rodríguez
a sospechar que podría ocurrir lo peor. Por eso, ha llegado
incluso a amenzar con dimitir de su cargo si los miembros del Congreso
optaban por retrasar las elecciones.
Si el mandatario cumpliera con su anuncio y
se retira de la Presidencia, la estabilidad política de Bolivia
volvería a tambalearse. También se celebrarían
elecciones, pero no generales, sino a presidente y vicepresidente,
para cumplir con el final de la legislatura.
Tal vez esta amenaza haya sido el verdadero
detonante que ha hecho reaccionar a los representantes autonómicos.
Se ha dado el primer paso y ahora todo depende del diálogo
entre oriente y occidente. Unas negociaciones que, como todas, necesitan
que al menos una de las partes ceda. No se sabe quién lo
hará o si cederán los dos bandos. Inmerso en esta
incertidumbre, el pueblo boliviano espera el acuerdo.
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