| Cinco años después
del estallido de la “burbuja tecnológica” en Wall Street, sus
secuelas aún permanecen. Los supervisores y la Justicia han realizado parte
del trabajo, pero muchos inversores aún no han recibido las compensaciones
a las que tienen derecho. Los culpables, compañías,
altos ejecutivos y bancos de inversión han sido sancionados. Y el dinero
de las multas, sanciones y acuerdos extrajudiciales se ha recaudado. Pero la suerte
de los beneficiarios finales parece depender de la eficacia del organismo encargado
de cerrar su caso. Y, curiosamente, es la Comisión de Valores (SEC), la
institución más directamente implicada en la persecución
de los escándalos bursátiles, la que ha demostrado menos eficiencia
en este aspecto. Según los datos de un informe
del Comité de Auditoría del Congreso, desde 2002 hasta el primer
semestre de 2005 la SEC ha recibido 4.800 millones de dólares (4.027 millones
de euros) procedentes de los infractores implicados en 75 casos de actuaciones
fraudulentas. Pues bien, en ese mismo periodo de tiempo sólo ha conseguido
hacer llegar a su destino las indemnizaciones correspondientes a tres de ellos
por un valor de 60 millones de dólares (50,33 millones de euros), un 1%
del total. Y, ¿qué ha hecho el supervisor
de Wall Street con el resto del dinero? Nada ilegal, ni beneficioso. Según
la legislación federal contra el fraude corporativo, aprobada con carácter
de urgencia en 2002 para detener la sangría de credibilidad que los escándalos
habían provocado en las bolsas, los fondos deben ser depositados en una
cuenta de la FED, que no contempla ningún pago de intereses sobre este
inmovilizado. De modo que no hay dudas. La SEC no saca ningún partido
monetario de la demoras. Entonces, ¿por qué no entrega el dinero?
Supervisor. Según algunos expertos consultados por este diario quizá
el problema no sea del supervisor. Sea más bien de unas normas elaboradas
a toda prisa que no tuvieron demasiado en cuenta a los pequeños inversores,
a pesar del espíritu que, teóricamente, las alentaba. Más
aún, muchos de los afectados, probablemente, ni siquiera sepan que tienen
derecho a recibir una compensación monetaria.
Esto es así, porque en EEUU, casi todos los ciudadanos apuestan por las
demandas directas, individualmente o agrupados, litigan contra las empresas o
los organismos concretos y consiguen por esta vía la mayor parte de las
indemnizaciones. Pero esa posibilidad no excluye la otra, de modo que el dinero
retenido por la SEC también es suyo. El problema es que antes de entregarles
el dinero el supervisor bursátil tiene que identificarles. Y esa tarea
no resulta fácil. Sobre todo cuando el fraude lo han cometido compañías
cotizadas, cuyos anteriores responsables no eran demasiado escrupulosos con sus
listados de accionistas. Ahora la SEC baraja varias
posibilidades. Entre ellas realizar una campaña publicitaria para que los
afectados se dirijan a ella y soliciten su dinero. Pero, el supervisor asegura
que no dispone del personal suficiente para filtrar y verificar con total certeza
las reclamaciones. Mientras el dinero sigue en el congelador. Y ya hay algún
político republicano que ha lanzado la idea de darle un destino distinto
al que originalmente marcaba la ley. Eso sí, benéfico y que respete
escrupulosamente el interés general. ¿Quizá financiar parte
de los gastos de la reconstrucción de las zonas afectadas por el Rita y
el Katrina? No lo descarten. |