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En
estos días, en Argentina todo gira en torno a la campaña
electoral. Una 'batalla' que enfrenta a dos alas del justicialismo
y a sus máximos representantes: Kirchner y Duhalde. El último
cruce de acusaciones se centra en el terreno económico. El
ex presidente Duhalde ha criticado la debilidad del modelo financiero
del equipo de Gobierno, basado en la devaluación del peso.
Pero el actual mandatario, Kirchner, ha respondido con rapidez y
ha transferido esa responsabilidad a los empresarios, que según
el mandatario no invierten tanto como deberían.
De
igual manera, Kirchner ha desviado los reproches por el último
aumento de la inflación a las cadenas de supermercados, a
quienes culpabiliza de pactan ilegalmente los precios.
Tanto
Kirchner como Duhalde tienen sus ojos puestos en la cita en las
urnas del próximo 23 de octubre. Unos comicios en las que
las verdaderas protagonistas son, Cristina Fernández y Hilda
Duhalde, sus respectivas esposas, que quieren ocupar con sus candidatos
los asientos del Congreso. Para conseguir este propósito,
tienen la ayuda incondicional de los dos líderes peronistas.
Incluso, son ellos los que protagonizan los enfrentamientos públicos.
En
el último, Duhalde fue quien tiró la primera piedra
y advirtió a los votantes que apoyar a Cristina Fernández
era avalar la gestión de Kirchner y su política económica,
centrada en la devalución del peso. En opinión del
ex mandatario, la economía argentina precisa de nuevos procesos
de reactivación productiva que no se basen exclusivamente
en la debilidad de la moneda local. Las nuevas inversiones, según
Duhalde, son imprescindibles para las finanzas del país y
para superar la crisis heredada desde el 2001.
Kirchner
ha respondido con rapidez y lo ha hecho ante los directivos de las
empresas de Argentina que integran el consejo asesor de la Agencia
de Desarrollo de Inversiones. El mandatario ha sido conciso y claro.
Kirchner quiere que las inversiones lleguen a representar el 23,5%
del Producto Interior Bruto (PIB), 2,5 puntos porcentuales más
que ahora. O lo que es lo mismo, que los empresarios gasten en Argentina
un 12,5% más de los recursos que están inviertiendo
hasta el momento.
Las
armas de guerra. La estrategia de Kirchner en este duelo
está muy medida. El jefe del Ejecutivo argentino sabe que
las críticas a la economía son las que más
le podrían perjudicar y, por eso, después del primer
enfrentamiento con Duhalde, ha optado por anticiparse.
Unas horas antes de que el Instituto Nacional de Estadística
publicara el nuevo dato de la inflación, el presidente aprovechó
un acto electoral para responsabilizar a las cadenas de supermercados
de las subidas de los precios.
Kirchner
ha acusado a las grandes cadenas minoristas de pactar ilegalmente
los precios de sus artículos, una práctica que tiene
una repercusión directa en la inflación, que ha crecido
entre agosto y septiembre un 1,2%. Una subida que compromete mucho
al Gobierno, que había estimado que el índice de precios
de consumo crecería este año hasta un tope máximo
del 10,5%. Ahora, cuando sólo faltan tres meses para cerrar
el año fiscal, la inflación acumulada desde enero
hasta septiembre se sitúa en el 8,9%. Si se mantiene el ritmo
del último mes las previsiones no se cumplirán.
El
nuevo porcentaje ha creado una división de opiniones en el
seno del Ejecutivo. El presidente Kirchner, el ministro de Interior,
Aníbal Fernández, y la subsecretaria de Defensa al
Consumidor, Patricia Vaca, han puesto en marcha una táctica
agresiva en contra de los grandes almacenes. Cumplir con el pronóstico
es el objetivo, y para conseguirlo están dispuestos a emprender
nuevas inspecciones. Ya hay una amenaza formal. Si estos empresarios
continúan elevando a la par los precios de los artículos
que venden, tendrán sanciones ejemplares.
Desde
el Ministerio de Economía, se ha suavizado la cuestión.
El ministro Lavagna no cree que el aumento de la inflación
sea tan escandaloso. Pero sí significativo como para tenerlo
en cuenta y buscar una solución. Para el máximo responsable
económico del Gobierno argentino, el remedio pasaría
por incentivar las inversiones.
Un
plan con este objetivo crearía un equilibrio entre la oferta
de productos generados en Argentina con la demanda del país.
Una premisa que, según Lavagna, es imprescindible. Con ella,
se reducirían las importaciones. Unas compras que para los
argentinos salen demasiado caras, debido al tipo de cambio tan bajo
que mantiene el Gobierno para impulsar las exportaciones.
Con independencia de la batalla económica entre los dos líderes
justicialistas, la carrera política de la primera dama, Cristina
Fernández, se consolida cada vez más. O eso parece.
Las encuestas están a su favor y los pronósticos revelan
que tras el 23 octubre, su ala justicialista contará con
más de 60 diputados. Una cifra que, de confirmarse, doblaría
los escaños que obtendría la esposa de Duhalde. Pero
además de la popularidad, el ala justicialista de Kirchner
gana puntos con nuevas alianzas.
La
última unión se ha formalizado en la provincia de
Corrientes. En esta región, el peronismo se ha aliado con
la oposición, con la Unión Cívica Radical (UCR),
y así han conseguido el triunfo de las elecciones a gobernador.
La amplia victoria con el 60% de los votos de la nueva autoridad
local, el radical Arturo Colomi, ha supuesto la derrota del candidato
de Duhalde, Carlos Rubín, del Partido Nuevo, sólo
ha conseguido el 28% del escrutinio. El beneficio ha sido para las
dos partes, ya que Colomi ha agradecido el apoyo del justicialismo
de Kirchner cediento los dos primeros puestos en la lista de aspirantes
a diputados nacionales.
A pesar del buen ritmo de Cristina Fernández, Duhalde y Chiche
no desisten en su intento y siguen en primera línea de la
batalla electoral. Ellos saben que el único punto débil
es la economía y es ahí donde atacan. Después
de la crisis del denominado "corralito" (que impedía
a los argentinos disponer del dinero que tenían depositado
en los bancos), los argentinos sienten verdadero temor a que aquella
situación pueda volver a reproducirse.
Pero en esta recta final, el justicialismo duhaldista también
acude a otras estrategias menos políticas y más oportunistas,
como las denuncias de que Kirchner estaba entregando dinero y regalando
electrodomésticos a cambio de votos en la provincia de Buenos
Aires. Una acusación que el Gobierno ha desmentido tajantemente.
A partir
de ahora, Kirchner y Duhalde intensificarán su lucha. Sólo
faltan 15 días para conocer el desenlace. Un resultado que
podrá corresponder con los pronosticado a favor de Cristina
Fernández o dar un giro inesperado y proclamar vencedora
a Chiche Duhalde. Todo está en manos del pueblo argentino.
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