| Washington
ha decidido tomar la iniciativa y solucionar definitivamente sus diferencias con
China y el resto de los grandes mercados emergentes que le plantean batalla en
los foros económicos internacionales (como Brasil, por ejemplo). El ataque
se iniciará este mismo mes en pleno territorio enemigo y la Casa Blanca
ha preparado un equipo muy especial de expertos para asegurarse la victoria. Al
mando, dos artilleros de lujo: el presidente de la Reserva Federal (FED), Alan
Greenspan, y el secretario del Tesoro de EEUU, John Snow.
Este
comando financiero de
élite se desplazará al país asiático, los días
15 y 16 de octubre, para presionar a Pekín sobre la necesidad de que decrete
la libre flotación del yuán en los mercados de divisas, aunque formalmente
el objetivo oficial reconocido es algo menos beligerante: ofrecer asesoramiento
a las autoridades chinas sobre las fórmulas adecuadas para supervisar una
apertura paulatina y suave de su economía. Una
idea que se refuerza, según los comentarios de los principales "blogs"
, con la presencia en el equipo del nuevo presidente de la Comisión de
Valores estadounidense (SEC, por sus siglas en inglés), Chris Cox, y del
jefe de la Comisión Supervisora del Mercado de Futuros, Reuben Jeffery.
La
Casa Blanca intentaría así dejar sin efecto los razonamientos exhibidos
por el ministro de Finanzas de China, Jin Rinqing, y el presidente del Banco del
Pueblo (la autoridad monetaria), Zhou Xiachuan, ante los miembros del G7 en la
última reunión de las autoridades económicas de este selecto
club que se celebró hace un par de semanas en Washington. Entonces, los
asiáticos aseguraron que no podían acelerar la reforma económica
sin estar seguros de que el sistema financiero del país estaba preparado
para aguantar el proceso. La
selección financiera estadounidense participará inicialmente en
la reunión del Comité Económico Conjunto China-EEUU. Una
institución creada por Washington y Pekín para debatir los problemas
económicos bilaterales y que hasta ahora había estado integrada
sólo por altos funcionarios de ambos países. Comité.
En sus anteriores reuniones el Comité ha debatido, sin lograr
acuerdos concretos, asuntos como las barreras comerciales que aún mantiene
el país asiático sobre las exportaciones agrícolas estadounidenses
y la lucha contra la poderosa industria de la piratería audiovisual que
opera en China. Ahora Washington quiere acelerar la resolución de los desencuentros
ante el incremento de la presión que se está produciendo en el Congreso
y el Senado para que empiece a utilizarse la mano dura con Pekín. La
posición del equipo de Bush en este contencioso es dificil. China es un
aliado muy necesario para la política internacional de EEUU en Asia, sobre
todo con la amenaza, siempre latente, del programa nuclear de Corea del Norte.
Además, en los últimos años se ha convertido en uno de los
principales tenedores internacionales de deuda pública estadounidense.
En total posee 242.000 millones de dólares, un 6% del total. Y,
el momento es especialmente delicado. No conviene tener problemas con un acreedor
notable cuando se está preparando una macroemisión de bonos de unos
300.000 millones de dólares, según los rumores que corren incesantemente
por Wall Street, para afrontar la reconstrucción de los daños ocasionados
por el devastador paso de los huracanes Rita y Katrina en el territorio estadounidense.
Pero
los congresistas y senadores del país norteamericano no parecen compartir
estas cautelas. Y exigen a China una "voladura" inmediata sus sistemas
de protección económica. Las medidas
de liberalización de la cotización de la divisa china puestas en
marcha por Pekín en agosto, que terminaron con una década de cambios
fijos, no han resultado suficientes para el lobby empresarial estadounidense.
Desde entonces, el yuan apenas se ha revalorizado un 2,1% frente al dólar
estadounidense, a pesar de marcar cambios diarios. Según los cálculos
de Washington la minusvaloración de esta moneda frente al billete verde
rondaría aún el 40%. Una ventaja competitiva
ilegal, según los afectados, que distorsionaría la evolución
del comercio mundial. Y, sobre todo, ha provocado un récord histórico
de 162.000 millones de dólares (135.963 millones de euros) en el déficit
comercial que EEUU mantiene con China. Y los parlamentarios
de EEUU están dispuestos a "castigar" de modo ejemplar a Pekín.
En estos momentos, tanto en el Congreso como en el Senado se tramitan dos proposiciones
de ley que incluyen la imposición de un arancel del 27,5% sobre todas las
importaciones procedentes de China y todo parece indicar que si Pekín no
da un paso definitivo para establecer la libre flotación de su divisa,
ambos textos serán aprobados por las correspondientes cámaras a
finales de este mismo mes. Momento que podría
coincidir también con la publicación de un informe que estaría
realizando el Tesoro de EEUU en el que oficialmente Washington acusaría
a Pekín de manipular los mercados de divisas internacionales. Siempre que
la misión de Snow y Greenspan no tenga éxito y, en este caso, el
triunfo puede medirse con la realización de nuevos gestos de China que
aplaquen, al menos temporalmente, la furia políticoeconómica que
brama contra el país asiatico en EEUU. Comando.
Pero el comando liderado por Greenspan y Snow hará su presentación
antes de la reunión del Comité Bilateral EEUU-China. El grupo participará
también en la próxima reunión de los banqueros centrales
y los ministros de finanzas del G20 que se celebrará en Shangai desde el
11 al 13 de octubre. Allí se empezará
a comprobar la eficacia de un tándem que quizá esté pensado
para durar. Greenspan y Snow intentarán satisfacer las múltiples
demandas de sus socios del G7 (Italia, Canadá, Francia, Reino Unido, Japón
y Alemania), y de las delegaciones de las principales economías emergentes
del mundo (Rusia, La India, China, Turquía, Brasil, Argentina, México,
Corea del Sur, Arabia Saudita, Australia, Sudáfrica e Indonesia). Un encuentro
del que no se esperan grandes novedades ni resoluciones que afecten al mundo.
Y eso que en este grupo están representados dos tercios de la población
mundial que generan el 90% del Producto Interior Bruto (PIB) global y el 80% de
los intercambios comerciales.
Sin embargo, los
medios especializados y los participantes de los mercados financieros internacionales
van a estar pendientes del evento. Sobre todo, como consecuencia de un rumo que
parece extenderse en estos día por los círculos mejor informados
de Washington. Según recogen algunas publicaciones "on line",
Bush habría pensado en Greenspan para convertirse (a partir de enero del
próximo año, cuando deje de presidir la autoridad monetaria estadounidense)
en una especie de embajador económico vitalicio de EEUU. Se trataría
de aprovechar el inmenso prestigio acumulado por este banquero central para que
mediara en los múltiples contenciosos que mantiene el país norteamericano
con sus socios y sus competidores de todo el mundo. |