| La
batalla de Perú por sentar en el banquillo de los acusados
al empresario Andrónico Luksic, miembro de una de las familias
más ricas de Chile, ha llevado a la Justicia de este país
andino a enfrentarse cara a cara con el presidente chileno, Ricardo
Lagos. La disputa, que podría cristalizarse en un nuevo conflicto
diplomático entre ambas naciones, se ha convertido en un
proceso complicado para el Tribunal Supremo de Perú, que
acusa de tráfico de influencias a Luksic y que intenta, a
través de una orden de captura internacional, que cruce la
frontera para poder mantener un proceso judicial en el que todas
las partes implicadas estén presentes. Pero el empresario
chileno ya ha dado plantón dos veces a la Justicia peruana
y no tiene intención de hacer acto de presencia. El propio
Lagos y el sector bancario de Chile le protegen. A él, y
a sus millones.
El Supremo de Perú comenzó la
investigación cuando llegó a sus manos una cinta de
vídeo, grabada en 1998, en la que Luksic, junto a otros dos
empresarios chilenos, Gonzalo Menéndez y Fernando Pacheco,
negocian supuestos favores judiciales con el ex jefe de Inteligencia,
Vladimiro Montesinos, en un litigio con la Municipalidad de Lima.
Este ente local denunciaba que la productora de pasta alimenticia
Lucchetti, propiedad de la familia Luksic, cerca de la zona protegida
'Los pantanos de Villa' infringía normas de ecología
y su infraestructura dañaba el medio ambiente.
Además, la Municipalidad de Lima, que
nunca había visto con buenos ojos el establecimiento de esta
planta, acusó a la firma de Luksic de haber iniciado la construcción
de su fábrica sin contar con un estudio de impacto ambiental
verificado por el Instituto Nacional de Recursos Naturales de Perú
(Irena).
El Gobierno de Chile se ha volcado en defender
al acusado, tanto, que parece ser que la Policía Internacinal
(Interpol) no ha querido hacer declaraciones oficiales ante los
organismos judiciales sobre el paradero de Luksic. Hasta la fecha,
las dos audiencias judiciales que se han celebrado en Lima no han
contado con la presencia del empresario chileno, ni con ninguno
de los implicados. Pero el Poder Judicial de Perú no pierde
la esperanza: el pasado jueves inició el segundo de los procesos,
al que, como era de esperar, no asistió Luksic, que ya es
considerado ‘reo en rebeldía’.
El único presente fue Vladimiro Montesinos,
quien además de estar implicado en las negociaciones ilegales,
se enfrenta a una condena de 35 años por su supuesta participación
en delitos contra la humanidad durante el régimen de Alberto
Fujimori. Sin embargo, a pesar de la intención del ex jefe
de Inteligencia de asistir al acto, un cuadro de hipertensión,
debido a su complicado estado de salud, le impidió continuar
el proceso. El Supremo de Perú tuvo que aplazar la vista
hasta el próximo 13 de octubre. Pero nadie sabe si Luksic
asistirá al encuentro la próxima vez.
Discriminación. El
abogado de Luksic, Claudio Grossman, ha anunciado que elevará
el caso ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos
(CIDH) para que intermedie en el conflicto. El alegato que presentará
ante este organismo judicial se basa en que los acusados chilenos
son discriminados por su nacionalidad. Grossman considera que la
figura de ‘reo en rebeldía’ sólo se aplica
en aquellos casos en los que el presunto culpable reincide en la
falta de no asistir a la citación judicial, pero en el caso
de Luksic y de los otros dos empresarios, la Justicia de Perú
les tildó de rebeldes desde la primera vez que decidieron
no acudir a la vista oral.
Sin embargo, el presidente de la Corte Suprema
de Perú, Walter Vázquez Vejerano, ha rechazado que
los empresarios hayan sufrido un trato discriminatorio. El alto
funcionario considera que los procesos de justicia en el caso de
la planta Lucchetti se han llevado conforme a la ley y que no existe
ninguna maniobra extraña en las decisiones del tribunal.
El ministro de Justicia de Perú, Alejandro Tudelo, coincide
con su colega al indicar que el Poder Judicial peruano es autónomo
y debe trabajar sin influencias políticas nacionales ni extranjeras.
Por su parte, el abogado de la empresa Lucchetti,
Carlos Caro, ha explicado que el delito de tráfico de influencias
está recogido en el Código Civil chileno desde 1999,
mientras que los hechos por los cuales se acusa a la compañía
de Luksic ocurrieron un año antes. Esto supone, según
Caro, que la legislación de Chile a través de la cual
deben ser juzgados los empresarios de la República, no se
aplica retroactivamente, es decir, las nuevas leyes no pueden regular
sucesos acontecidos en el pasado. En este sentido, el portavoz del
Tribunal Supremo peruano ha recordado que, independientemente de
la nacionalidad de los presuntos culpables, la compañía
Lucchetti está en Perú y debe someterse, guste o no,
a las leyes del país.
Una extradición complicada.
Después de la primera ausencia de Luksic, el Gobierno peruano
tardó poco tiempo en anunciar una orden de captura internacional
sobre el empresario chileno. Sin embargo, según la Interpol,
la advertencia no sirve de mucho, ya que no tiene efectos prácticos
en el país de residencia de los afectados. Por tanto, a Perú
sólo le queda la opción de pedir la extradición
de los acusados, cuyos trámites ya han sido puestos en marcha
por el abogado que representa al Estado peruano, Eduardo Gutiérrez.
Pero las intenciones de Gutiérrez podrían
quedarse en el aire. Para que la orden de extradición tenga
efecto, además de ser aprobada por la Corte Suprema de Perú,
tiene que ser también aceptada por su equivalente en Chile.
El abogado de Lucchetti, Carlos Caro, ha asegurado que el Supremo
chileno no aceptará la petición. De momento.
Chile, con Luksic. Con un
brindis de apoyo hacia Luksic, el presidente de Chile, Ricardo Lagos,
y la Asociación de Bancos de la República han respondido
a la orden de captura internacional emitida por el máximo
tribunal de Perú. La celebración del 60 aniversario
de la Asociación de Bancos fue el acto que sentó en
la misma mesa a Lagos con el empresario chileno, quien también
es vicepresidente de la Entidad Financiera Central de Chile, con
banqueros como José Said, Luis Enrique Yarur y Mauricio Larraín.
Los presentes explicaron que el encuentro estaba programado desde
hacía tiempo y que el hecho de que uno de los asistentes
atravesase una situación complicada con la Justicia peruana
era una simple coincidencia.
El mandatario de Chile no fue el único
que apoyó al magnate chileno. El presidente de la asociación,
Hernán Somerville, manifestó el respaldo de la agrupación
a Luksic y a los otros dos empresarios que también están
acusados en la misma situación. Por su parte, el afectado
valoró la actitud de sus colegas, cuya acción supone
en su opinión, una ratificación de su inocencia.
Sin embargo, la prensa chilena ha publicado
algunas informaciones que no han sentado muy bien a los políticos
peruanos, y que podrían complicar aún más las
relaciones diplomáticas entre ambos países andinos.
Según el diario La Tercera, Lagos habría
aconsejado a Luksic que no asistiese a la citación judicial
en Lima. Además, el citado periódico añade
que el Gobierno chileno planteó la posibilidad de que el
empresario se hospedase en la Embajada de Chile en Perú en
el tiempo que transcurriesen las investigaciones judiciales, en
vez de en un hotel en Lima. Sin embargo, el Ejecutivo peruano denegó
la propuesta al considerar que el edificio diplomático a
todos los efectos está en territorio chileno.
El más rico de Chile.
El magnate chileno volvió a ser el hombre más rico
de Chile este año, según la revista estadounidense
Forbes, que le situó en la posición número
132 en su ranking, con 4.200 millones de dólares
(3.496 millones de euros).
La familia Luksic siempre ha estado sumergida
en los negocios más importantes del país. Al principio
de su fundación, estuvo ligada al sector minero, principalmente
del cobre, uno de los recursos naturales con más relevancia
en Chile. A pesar de la prohibición de desarrollo del sector
privado que sufrió la República entre 1970 y 1973,
el grupo Luksic aprovechó para expandir sus negocios hacia
otras regiones de Latinoamérica, como Argentina, Colombia
y Brasil.
Una vez terminadas las restricciones
en Chile, la familia reforzó sus actividades en la minería,
a través de la compañía Antofagasta Minerals,
pero además diversificó sus operaciones en otros sectores,
como en el de la banca, así como el de alimentos y bebidas.
Los deseos de expansión del grupo
Luksic llevaron a la familia a intentar ejercer su influencia en
una de las principales entidades financieras españolas: el
Banco Santander Central Hispano (BSCH). Pero sus aspiraciones terminaron
fracasando. Aunque el magnate chileno mantuvo un inicial pacto con
el BSCH, la entidad financiera impulsó un programa para reorganizar
sus actividades en el panorama internacional, que derivó
en una ruptura de la alianza con Luksic y le convirtió en
uno de sus principales adversarios.
El BSCH recompró al millonario
grupo chileno las participaciones financieras del holding
y tras esta operación se ubicó, en el primer puesto
como banco no nacional de Chile.
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