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Jueves 20 de octubre de 2005 
 
El nuevo jefe de la diplomacia de EEUU en Cuba cambia el ritmo
 

Hace ya unas semanas que Michael Parmly, el nuevo jefe de la Sección de Intereses de EEUU en La Habana, ocupó su cargo. Pero nadie lo diría. La discreción ha marcado los primeros pasos de este diplomático de carrera en su nuevo destino, lo que marca un evidente cambio de tono con respecto a la forma en que su antecesor, James Cason, hacía las cosas.

Su exuberancia y el modo en que tenía de enfrentarse con el Gobierno cubano le convirtieron en el enemigo público número uno del líder de la Isla. Y en el mejor amigo de un sector de la disidencia. No de toda.

El 12 de octubre. Las diferencias quedaron más marcadas aún si cabe el pasado 12 de octubre cuando, según fuentes presentes en el acto, Parmly se acercó a la Embajada española para participar en la celebración de la fiesta nacional, a pesar de que el embajador español, Carlos Alonso Zaldívar, no había invitado a la disidencia, con quien se entrevistó días antes en un acto completamente separado que España quiso desligar de la fiesta y convertir en uno de los encuentros que periódicamente mantiene con la sociedad civil.

Parmly coincidió en el acto con altos cargos del Gobierno cubano como Marta Lomas y René de la Nuez, ministros para la Inversión Extranjera y Comercio Exterior, respectivamente, el vicecanciller Bruno Rodríguez o el histórico comandante de la Revolución Guillermo García Frías.

La Embajada española. El fracaso cosechado por la celebración de la fiesta nacional alemana en su Embajada habanera, hizo prever a los analistas políticos una posible reedición de la “Guerra del Canapé”. Aquel momento de congelación diplomática en que los embajadores europeos no encontraban interlocutores en el Gobierno por haberse empeñado en invitar a los disidentes a sus fiestas.

Los alemanes optaron este año por hacer dos celebraciones separadas el mismo día con un resultado quizá previsible: los altos cargos cubanos boicotearon la suya. De ahí, los fundados temores de algunos observadores.

Pero, al menos con España, que distanció los encuentros y rebajó el rango de su cita con los disidentes, la historia no se ha repetido. Las personalidades cubanas acudieron.

Edita Asesores de Publicaciones S.L.