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Según algunos informes publicados estos días, el
presidente de la Reserva Federal (FED), Alan Greenspan, va a poder
jubilarse con toda tranquilidad el próximo 31 de diciembre.
Sus acciones de política monetaria habrían contribuido
a enfriar paulatinamente los mercados inmobiliarios de más
riesgo en EEUU. Por primera vez en meses, el aumento de la velocidad
en la oferta de residencias no se corresponde con los ritmos de
venta. Un fenómeno que estaría sucendiendo incluso
en lugares como Nueva York, donde el peligro de recalentamiento
era más pronunciado que en otras ciudades.
En la exclusiva zona de Manhattan, según la Asociación
de Corredores Inmobiliarios, el precio del metro cuadrado en el
tercer trimestre del año se ha reducido un 13% con respecto
a los tres meses inmediatamente anteriores. Además, la cantidad
de tiempo que tarda en venderse una vivienda habría aumentado
en el mismo periodo un 30,4%. Otros lugares de peligro como el Condado
de Fairfax, la zona residencial exclusiva de Washington, están
sufriendo la ralentización. Según datos de los intermediarios
del área, citados por la prensa local, el número de
hogares a la venta se habría ampliado un 50% en un año.
Y los compradores empiezan a escasear.
Sin embargo, California parece salirse de la tendencia y mantener
un ritmo propio más ralentizado, con un aumento de la oferta
total de sólo un 16% en los últimos 365 días.
El glamour es el glamour.
Transicción. Los expertos hablan de un
momento de transicción en el precio de la vivienda que ya
es apreciable. Estos y otros datos que han ido apareciendo en los
últimos días, configuran, según la mayor parte
de los expertos y los habituales de los blogs inmobiliarios especializados,
los signos más evidentes de un mercado en transición.
Los propietarios de viviendas y los promotores inmobiliarios tardan
más tiempo en colocar sus ofertas porque los precios son
demasiado altos, pero no bajan porque en esta zona del mercado se
mantiene la certeza de que la tendencia sigue siendo al alza. Sin
embargo, los compradores empiezan a creer en una posible caída
de los precios y no se dan tanta prisa en comprar como cuando estaban
convencidos de que los costes iban a seguir ampliándose a
toda velocidad. Habría indicios de que la desaceleración
es imparable: la subida paulatina de los tipos de interés
hipotecarios (ya por encima del 6%) y el incremento de la factura
energética de los consumidores, entre otros.
Ahora, la incertidumbre, sin embargo, crece. ¿Estamos ante
un enfriamiento saludable? ¿Se trata del inicio de un proceso
de caída de los precios imparable y sostenido? En estos puntos
hay una gran diversidad de criterios entre los análisis de
urgencia elaborados al respecto. Y también quién recuerda
que, algunos expertos, llevan mucho tiempo asegurando que va a producirse
el estallido de la burbuja, que empezó a engordar hace ahora
diez años, y que tendrá devastadoras consecuencias
macroeconómicas. Pero, no es la primera vez en ese tiempo
que se produce un momento de ralentización y después
un rebote que impulsa
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