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La bancarrota de Delphi, el gran fabricante estadounidense de piezas para la automoción presenta varios escenarios inquietantes. Uno de ellos es el que afecta directamente a los poseedores de derivados sintéticos en los que la deuda de esta compañía actuaba como subyacente.
La deuda viva en suspensión de pagos de Delphi suma cerca de 22.000 millones de dólares (18.296 millones de euros) y sus tenedores son ahora difíciles de detectar. Muchos de ellos realizaron procesos de titulización, realizados también en varios tramos, siempre sobre pagos, ya sean de principal o de cupón, lo que complica más aún el rastro a seguir.
Sin embargo, a estas alturas algo parece confirmado,
al menos para la agencia de calificación de solvencia Fitch
Ratings: Europa va a sufrir también con dureza el impacto
de esta bancarrota. Según un estudio publicado estos días
por esta agencia de ratings, en la UE permanecen vigentes 104 contratos
sintéticos cuyo colateral es la deuda de Delphi. Se trata
fundamentalmente de swaps de seguros de crédito que
habrían sido tomados por instituciones financieras europeas
que actuaron como aseguradoras de los títulos primarios.
La agencia ha estimado en su informe que la exposición total en Europa asciende a 3.760 millones de euros, con distintos grados de implicación individual que podrían ser manejables en algunos casos cuando las reposiciones sean necesarias y algo más complicado en otros, sobre la base de un rango establecido entre 1,5 y 50 millones de euros.
Según un experto en este mercado, Delphi
era una referencia muy popular en las titulizaciones con colateral
del llamado grupo corporativo de riesgo, que son aquellas que se
realizan sobre títulos de empresas cuyo rating está
por debajo del grado de inversión. y, en general, ofrecen
grandes ganancias a los vendederos de derivados de crédito
porque las tarifas son altas. La ligazón histórica
de esta compañía a General Motors, de la que se separó
en 1999, y el hecho de que la automotora tuviera el compromiso de
asumir los compromisos de pensiones de su antigua filial si esta
se declaraba en quiebra antes de 2007, hicieron parte del milagro.
Nadie preveía la posibilidad de una bancarrota.
Hay algo positivo en medio del desastre. El amplio reparto de afectados funciona como colchón. Es evidente, que este colapso no va a provocar una sacudida generalizada. Pero sí ha desencadenado ya una oleada de reposiciones en las que el peligro aumenta: las reclamaciones de los ‘recovery swaps' (intercambios de repago) contratados. Un tipo de seguro que sirve para transferir el riesgo.
Cuando se produce una suspensión de pagos los compradores de un ‘recovery swap' exigen al vendedor, al que han pagado una cuota fija y periódica, que abone en efectivo el valor nominal de los bonos asegurados y luego se los entrega. La entidad aseguradora opera con ellos. En ocasiones intenta colocarlos asumiendo las minusvalías o las provisiona y espera cobrar.
En esta ocasión los europeos pueden tenerlo difícil, según Fitch. La agencia considera que las posibilidades de repago sólo son del 20%. Aunque la verdadera identidad de las entidades financieras afectadas será difícil de conocer. Pero ya existen algunas pistas. Parte de los derivados sintéticos de más riesgo ligados a la deuda de Delphi fueron emitidos y asegurados por Bifrost Investment, un sociedad vehículo de propósito especial (es decir, cuya única actividad es realizar emisiones de este u otros tipos) sujeta a las leyes del puerto de Dublín, cuyo régimen es prácticamente el de un paraíso fiscal. Bifrost emitió derivados por un valor total de 632,5 millones de euros.
Otra sociedad del mismo tipo y ubicación afectada es Eirles Four Limited que ya tuvo problemas hace un año con los derivados que emitió sobre la deuda de Parmalat y en este caso acumula un riesgo de 115 millones de euros. También tiene características similares se ha visto afectada Xelo III, habitualmente relacionada con operaciones de Barclays, que posee papel relacionado con Delphi por valor de 75 millones .
Además acumulan riesgos la firma británica Quartz Finance, especializada en el diseño de emisiones de deuda de riesgo para empresas de tecnología de la información, que posee derivados sintéticos relacionados con la empresa estadounidense por valor de 247,5 millones de euros y el banco de inversión estadounidense Jefferies, que suele asegurar emisiones a empresas de tamaño medio, y ahora se ve afectado tras haber adquirido en mayo la firma británica Helix Capital, cuya filial holandesa suele prestar servicios a los grandes “hedge funds” europeos y que se juega 25 millones de euros en este caso. |