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Era un secreto a voces en la industria financiera
estadounidense, pero ya dispone de una sólida base académica:
la gestión de los fondos de inversión y sus movimientos
son la causa principal de las subidas y bajadas de los precios en
Wall Street. El fenómeno afecta a las acciones de las compañías
de modo indiviudual y los sectores empresariales completos.
Esa es la conclusión de un docto estudio
titulado: “Compras y ventas de activos en los mercados financieros”
que ha sido elaborado por dos profesores de Finanzas de la Harvard
Bussines Scholl, Joshua Coval y Erik Stafford, que puede consultarse
en Internet (http://papers.ssrn.com/sol3/papers.cfm?abstract-id=718201).
Los estudiosos revelan que existen dos operaciones habituales en
la mayoría de los fondos que son la principal causa de los
posteriores movimientos encadenados de los mercados financieros.
La venta rápida, que se produce cuando
un gestor debe vender una acción a toda prisa para no acumular
depreciaciones en cartera, y la compra forzada, que ocurrre cuando
un fondo está obligado a comprar una acción determinada,
por motivos lógicos de evolución de mercado, o por
otros algo más difíciles de preveer y que se relacionan
con intereses de clientes concretos. En ambos casos, la presión
de los rankings públicos es la principal razón.
Cualquier fondo especializado que acaba en los últimos puestos
de estas listas que publica habitualmente la prensa especializada
recibe inmediatamente un aluvión de peticiones de reembolso
por parte de su clientela. Y, por supuesto, los líderes sólo
deben prepararse para recoger los fondos de los clientes que van
a empezar a llamar a su puerta.
Lo que sucede entonces es que en ambos casos,
los gestores actuan para reducir la cantidad de dinero en efectivo
con el que deben trabajar. Las peticiones de reembolso desencadenan
las ventas rápidas de acciones, como fórmula de aumentar
la rentabilidad a corto plazo y volver a equilibrar la cartera en
función de los activos de clientes. Y, al contrario la captación
descontrolada de dinero fuerza compras rápidas que, la mayoría
de las veces no habrían sido meditadas lo suficiente.
En ambos casos, las subidas o bajadas de los
precios de las acciones de las empresas afectadas por los movimientos
tienen muy poca relación con los precios objetivos que les
corresponderían por fundamentales, beneficios o expectativas
de negocio. Sobre todo porque se trata de movimientos acumulativos
de un buen número de gestores que marcan la tendencia al
alza o a la baja. Además, las consecuencias pueden ser dramáticas
para las acciones con menor volumen medio de negociación
diaria, incluso aunque sólo sea un gran fondo el que haya
trabajado sobre ellas. Y casi peor si el movimiento provoca una
subida de precio, o calentamiento. Entonces, hay muchas posibilidades
de que algunos inversores minoristas queden atrapados en una trampa
que se activará en cuanto el gestor en cuestión considera
que ha llegado el momento de realizar beneficios.
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