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Las grandes aerolíneas de EEUU tienen problemas muy serios para asegurarse
una cuota consistente en su mercado doméstico. Las compañías
de “bajo coste” están ya perfectamente instaladas y las diferencias de
precio, a veces mayores al 50%, parecen estar decidiendo esta lucha a favor de
quienes son capaces de presentar las ofertas más baratas. Por eso han puesto
sus esperanzas en los vuelos internacionales. En este contexto, tanto Northwest,
como Delta (las dos últimas en declararse en bancarrota) han optado por
recortar en un 20% el volumen y la frecuencia de los vuelos domésticos.
Prefieren utilizar sus efectivos en ampliar las líneas internacionales,
hasta un 25% más. Sobre todo aquellas en las que sus competidores
no han podido o no han querido instalarse. Y, al menos de momento, la estrategia
parece poder funcionar. De hecho, en los comunicados de bancarrota ya se especificaba
que la recuperación de estas compañías iba a depender en
gran medida de la capacidad que demostraran para conseguir aumentar los ingresos
que provienen de los vuelos internacionales. La tendencia tuvo su origen
en el giro estratégico en estas linea que imprimieron a su negocio los
gestores de United Airlines. Antes, esta aerolínea sólo conseguía
un tercio de sus ingresos totales explotando el negocio de sus líneas internacionales.
Ahora este capítulo ya supone un 50% de las ganancias. Aunque no
todos los mercados son igual de lucrativos, ni fáciles de explotar. Europa,
donde las reglas de seguridad e interconexión están más estandarizadas,
es probablemente el mercado más interesante. Aunque otros como Asia, y
especialmente China, a pesar de las dificultades operativas que, hoy por hoy,
plantean acumulan un potencial de crecimiento mucho mayor y hacen casi indispensable
para estas compañías el ir tomando posiciones previas a la esperada
explosión del negocio. Un desarrollo en el que la capacidad de la
política exterior estadounidense de abrir nuevas vías es tan fundamental
como la necesidad de ofrecer un buen servicio a precios competitivos. Y esta circuntancia
diplomática, junto a la necesidad de disponer de aviones de gran potencia
y capacidad es la que, según algunos analistas, mantienen por ahora vetadas
las líneas internacionales a las compañías de bajo coste.
Sin embargo, esa indiscutible ventaja está ahora matizada por la dura competencia
que las empresas en bancarrota o con dificultades están obligadas a desarrollar
entre sí. Y por el irresistible aumento de los precios del barril de petróleo
que amenazan con provocar nuevas subidas de tarifas. Parece claro que aún
falta algún tiempo para que este negocio supere las incertidumbres actuales.
Siempre que no aparezcan otras nuevas. Y en la récamara, la amenaza del
surgimiento de nuevas grandes, como Virgin, que parecerían capaces de rentabilizar
su pasado en la categoría “bajo coste”, con ofertas de nuevas rutas, servicios
y coberturas, propias de las empresas tradicionales. |