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La
banca venezolana respira aliviada. El Gobierno ha devuelto a la
Asamblea Nacional la "ley de tarjetas" que pretendía
regular y fomentar el uso del dinero plástico y que no gustaba
a los bancos. Ahora la Asamblea tendrá que rescribirla eliminando
los puntos más críticos.
El
informe del Gobierno aún no se conoce en su totalidad. Sin
embargo, se sabe que las críticas de Hugo Chávez atañen
muchos de los puntos que también habían sido cuestionados
por los bancos. Uno de ellos, según revelaron a Americaeconomica.com
fuentes financieras venezolanas, es la obligación para los
bancos de limitar el interés sobre préstamos para
bienes de primera necesidad al 50% de los tipos oficiales establecidos
por el Banco Central de Venezuela (BCRV). Los bancos tachaban de
imposible esta medida, ya que la entidad no puede saber lo que su
cliente compra en un gran almacén que vende de todo, desde
alimentos hasta alcohol o productos de consumo. Chávez, al
parecer, ha motivado su rechazo con que esta medida fomentaría
el endeudamiento de las familias pobres que se verían estimuladas
a comprar más de lo que necesiten ya que pueden aplazar los
pagos con sus tarjetas. Razones diferentes, pero la misma conclusión.
Otra
de las cuestiones más criticada por la banca era la prohibición
para las entidades financieras de intercambiar información
sobre los clientes. Las entidades financieras denunciaron que esta
medidas provocaría con toda probabilidad un incremento de
la morosidad, lo que a su vez repercutiría sobre un aumento
del coste del crédito. Cabe destacar que la banca venezolana
ha hecho un gran esfuerzo en los últimos años para
reducir su ratio de mora. A finales de 2000, éste se situaba
en el 5,2%, se elevó hasta el 6,9% en 2002 pero desde entonces
comenzó a descender hasta situarse en el 1,4% a finales de
agosto de este año, según los últimos datos
proporcionados por la Superintendencia de Bancos y Otras Instituciones
Financieras (Sudeban). En el mismo periodo, la ratio de cobertura
de los activos dudosos ha pasado desde el 132,1% hasta el 208,8%.
Igualmente,
el sector bancario se había mostrado contrario a la eliminación
de las comisiones sobre los terminales ATM de los comercios ya que,
en opinión de las entidades, esta situación provocaría
en el medio plazo la disminución de estos terminales ya que
los bancos no tendrían interés en proporcionarlos
a las tiendas. Fuentes bancarias destacan que si las entidades no
obtienen beneficios de los ATM, dejarán de impulsar su difusión
y esto a su vez bloqueará el desarrollo del dinero plástico
en el país. Y esto es exactamente lo opuesto de lo que se
proponía la ley aprobada por la Audiencia Nacional.
Sin
leer los informes. La ley de tarjetas ha sido impulsada por
los diputados Darío Vivas y Elvis Amoroso del Movimiento
V República (MVR), el partido de Chávez. La propuesta
ha sido aprobada en primera y segunda discusión en la Asamblea
Nacional, conformada por una amplia mayoría oficialista.
Todo iba como debía, hasta que el propio Chávez intervino
para pedir al poder legislativo que revisara la ley. ¿Qué
pasó?
Según fuentes conocedoras de la situación política
venezolana, los impulsores de la ley buscaron el consenso fácil
con medidas populistas como la eliminación de las comisiones
sobre las tarjetas. La Asociación Bancaria de Venezuela (ABV),
así como los responsables de los principales bancos del país
mantuvieron diversas reuniones para detallar sus críticas
a la ley. Sin embargo, los diputados siguieron adelante con su plan
"sin hacer caso a las críticas constructivas y a los
informes que les proporcionó el sector. "Pero por suerte
en el Gobierno hay gente que razona y se da cuenta que esto a largo
plazo dañaría el sistema financiero del país",
añaden estas fuentes.
Los bancos venezolanos prefieren no pronunciarse públicamente
sobre este tema. Sin embargo, fuentes bancarias que prefirieron
mantener el anonimato han admitido su satisfacción por la
decisión de Chávez de no avalar "una ley leonina
con los bancos. Este rechazo es un primer paso" concluyen.
Flexibilidad.
El rechazo a la Ley de Tarjetas no es la única señal
"positiva" que el Gobierno de Hugo Chávez ha enviado
a los bancos. El presidente de Sudeban, Trino Alcides Díaz,
ha anunciado esta semana que el Ejecutivo será flexible con
las entidades sobre el tema de la cartera hipotecaria. La ley impone
a las entidades que destinen por lo menos el 10% de su cartera crediticia
bruta a financiación hipotecaria con tipos de interés
reducidos. Sin embargo, según admitió el propio Alcides
Díaz, parece difícil que este año las entidades
puedan cumplir con esta obligación.
El superintendente dijo que este incumplimiento se explica con el
retraso con el que el Ministerio de Vivienda trasfirió los
subsidios a la banca para la cartera hipotecaria. Además,
añadió que los bancos han cumplido con creces en la
concesión de préstamos a agricultores y microempresarios,
dos de las otras dos carteras obligatorias de préstamos que
el Gobierno ha impuesto a los institutos de crédito y a las
que hay que añadir la de los créditos al turismo.
En total, estos préstamos tienen que cubrir el 31,5% del
total de la inversión crediticia bruta de las entidades financieras
venezolanas.
Alcides Díaz también ha querido tranquilizar a los
bancos asegurando que el Gobierno no se plantea realizar más
intervenciones después de la que hizo en Banplus el pasado
7 de octubre. El superintendente explicó que la intervención
de Banplus es debida a las "graves anomalías administrativas"
que se producían en la entidad desde hace más de un
año. Sudeban, dijo el superintendente, no ha detectado anomalías
similares en otros bancos, así que no hay razones para pensar
que el Gobierno quiera intervenir a otras entidades.
Más
bonos, menos peligro. La banca compra cada vez más deuda
pública en Venezuela. Según los datos de agosto, los
bonos en manos de los bancos sumaban 9.977 millones de euros, lo
que supone un 53,4% más que en 2004 y más del 34%
de los activos totales. Sin embargo, más del 71% de estos
bonos son considerados "líquidos", ya que se trata
de emisiones a corto plazo o disponibles para la venta. Además,
los indicadores de solvencia y liquidez de Venezuela han ido mejorando
hasta el punto que este año Standard & Poor's ha elevado
dos veces el rating de la deuda hasta situarlo en "B+".
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