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los mandatarios iberoamericanos hablan de las cumbres, pareciera
que fueran críticos y no agentes activos de este mecanismo
que pretende impulsar la integración de las 22 naciones iberoamericanas.
“Hay que lograr que las cumbres sean útiles”
dice Álvaro Uribe, presidente de Colombia, “Espero
que consigamos avances concretos”, apunta Tabaré Vázquez
(Uruguay), “Hay que potenciar los programas académicos”,
señala Ricardo Maduro (Honduras), “Intuyo que estamos
en gran momento para el reforzamiento de la institucionalización...”,
declara Zapatero...
“Confíamos
que...” y uno se pregunta: ¿son declaraciones previas
a un partido de fútbol en el que no se sabe a ciencia cierta
lo que va a pasar? ¿Dónde están los “Vamos
a...”? ¿Dónde está la decisión
y el compromiso declarado con el desarrollo de esta comunidad?
¿Tan
endeble es la familia iberoamericana que sus miembros parecen encomendarse
a los dioses para que, con un poco de suerte añadida, se
logren los objetivos marcados en las cumbres?
Esperemos
que no. Mientras, los salamantinos son a la vez protagonistas y
expectadores de su cumbre.
Después
de una víspera con una lluvia incesante que deslució
la llegada de los mandatarios iberoamericanos, Salamanca acogió
el viernes la apertura de la XV Cumbre Iberoamericana de Jefes de
Estado y de Gobierno con un sol radiante. Tras los nubarrones de
la sorprendente e ‘inesperada’ (como siempre) ausencia
de Fidel Castro, los reyes de España han brillaron con luz
propia y buena parte de los salmantinos que tuvo la oportunidad
de verlos, dio gritos de alegría.
La
ciudad está hermosa, con su historia inabarcable radiante,
aunque encorsetada por unas medidas de seguridad que la han convertido
casi en una prisión. Un columnista de un diario local echa
pestes contra el delegado del Gobierno en Castilla-León porque
hace meses que declaró que Salamanca sería una “ciudad
segura y abierta” durante la Cumbre y de “abierta”
lo cierto es que no tiene nada.
Numerosos cortes de calles en el centro hacen casi imposible hasta
desplazarse a pie, a comerciantes, restaurantes, al ciudadano de
la calle... les han cortado las calles. Cientos de policías
se apuestan por los recovecos más imposibles de la urbe castellana
y más vale no preguntarles por ninguna dirección porque
no la saben, no son de la tierra. Han venido ‘de visita’
como los mandatarios iberoamericanos.
“Coffee,
coffee!” ¿Qué hacen dos elegantes dependientas
de una tienda de modas aledaña a la Plaza Mayor pidiendo
café en inglés y a gritos en mitad de la calle? No
piden café, es “Kofi, Kofi” Annan, el secretario
general de la ONU que acaba de salir de su hotel acompañado
de su nórdica mujer y de unos altos mandos militares con
más banderitas en el uniforme que canas tiene Fidel Castro
en la barba. “Ay, no nos saluda, no nos ha visto”, se
lamentan las dependientas abruptamente orilladas de la alta diplomacia
internacional.
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