| La
antigua y disputada lucha que mantienen España y EEUU por
conseguir la máxima influencia en Latinoamérica va
tener un momento culminante en los próximos 15 días.
Todo por culpa de una apretada agenda de eventos internacionales
en los que los máximos representantes políticos de
la región van a conocer de primera mano, las ideas que tienen
para el futuro del subcontinente, José Luis Rodríguez
Zapatero, George Bush y sus respectivas administraciones.
Aunque la primera
cita importante se celebra este fin de semana: La Cumbre Iberoamericana
de Salamanca, para muchos analistas no conviene olvidarse del aperitivo
previo, la reunión de los ministros de Finanzas del G20 que
tendrá lugar el jueves y el viernes en Shangai. Allí
estarán los representantes de las tres economías más
importantes de la región (Brasil, México y Argentina)
y se las verán, entre otros, con el secretario del Tesoro
estadounidense, John Snow, y el presidente de la Reserva Federal
de EEUU, Alan Greenspan.
Allí
se tratarán algunos temas claves como la aspiración
constante de los países emergentes a que los grandes poderes
económicos del mundo eliminen sus subsidios agrarios. Y EEUU
ha empezado fuerte. Hoy Washington ha anunciado que está
dispuestos a recortarlos en un 60% y ha emplazado a hablar a la
Unión Europea.
Sin duda alguna,
Zapatero tendrá que responder algunas preguntas sobre esta
propuesta en Salamanca. Justo la cumbre en la que el nuevo gobernante
español quiere demostrar que estas reuniones anuales, que
ahora contará con una secretaría general permanente,
tienen contenido real.
Como colofón
final de este apretado calendario se celebrará en Mar de
Plata (Argentina) la Cumbre de las Américas, entre los días
3 y 5 de noviembre. La reunión contará con la presencia
de Bush, el primer ministro canadiense y todos los mandatarios latinomericanos
menos Fidel Castro, que no será invitado porque Cuba no forma
parte de esta organización.
Hoy mismo, el
ex-ministro español de Industria y Hacienda Carlos Solchaga,
ha arremetido contra las actitudes de la izquierda latinoamericana
en la conferencia inaugural del Primer Congreso Euroamericano de
Energía, otro de los precedentes de la cumbre. Solchaga ha
dicho que el Hugo Chávez no proporciona la seguridad jurídica
suficiente en el sector de la energía, que Kirchner ha llevado
a cabo una política de precios en el gas que ha producido
desequilibrios y ha frenado las inversionres y que, por ejemplo,
el aspirante a la presidencia de Bolivia, Evo Morales, ni siquiera
se ha planteado realizar una reforma fiscal que necesita el país.
Una reconvención
amistosa pero dura que quizá coincide con el temor de la
diplomacia española a que los presidentes más populistas
del subcontinente monopolicen el escenario de Salamanca y proporcionen
argumentos a EEUU.
Curiosamente,
por primera vez en muchos años, España parece llegar
a la batalla en una posición más real. Según
la última encuesta realizada por la Fundación Zogby,
el 37% de los líderes políticos, económicos
y culturales de Latinomérica considera que España
es el aliado más deseable, por sólo un 12% que concede
este “status” a EEUU.
La encuesta
ha generado una gran preocupación en EEUU. Hace sólo
una semana, en Miami, el magnate venezolano de los medios de comunicación
Gustavo Cisneros recordó al Gobierno de Bush que existía
malestar, porque Washington no ha cumplido ninguna de sus promesas,
ni ha cerrado acuerdos migratorios, ni siquiera con México,
ni ha conseguido impulsar los tratados de libre comercio, ni parece
preocupado ahora por el futuro del ALCA.
Con esos antecedentes
el Gobierno español ha intentado atacar para consolidar la
ventaja. A finales de septiembre el ministro de Industria, José
Montilla, estuvo en Washington y Miami para presentar el plan EEUU,
dotado con 73 millones de euros, y que debe servir para consolidar
la marca España entre los latinos residentes en EEUU, un
grupo cada vez más poderoso, tanto en lo político
como en lo económico, que no está nada satisfecho
con la administración actual.
Pero las acciones
de promoción y lobby van más lejos. Uno de los puntos
importantes de la campaña española previa a este aluvión
de cumbres es la actividad del Centro Juan Carlos I de Nueva York,
cuya silla presidencial ocupa hasta fin de año Baltasar Garzón,
un “super juez” muy popular en Latinoamérica
desde el estallido del “Caso Pinochet”. En el patronato
hay además otros nombres con ascendencia en el subcontinente
como el ex-presidente del Gobierno español Felipe González.
La idea fundamental
de los seminarios que se han empezado a celebrar allí es
mostrar en el propio centro del territorio enemigo que el actual
Gobierno tiene mucha más influencia en Latinoamérica
que el anterior.
Las tensiones políticas impidieron que la gran gala inaugural
de este ciclo llegara a celebrarse. El programa incluía un
debate abierto a la audiendia en el que iban a participar José
Luis Rodríguez Zapatero, Lula da Silva y Néstor Kirchner.
Tenía
que celebrarse el 15 de septiembre para aprovechar la estancia de
los tres líderes en Nueva York con motivo de la Asamblea
General de la ONU.
De modo que
fue el ministro español de Defensa, José Bono, quién
inauguró este foro en un debate en el que detalló
las ideas políticas del nuevo Gobierno español en
la lucha contra el terrorismo, y se presentó acompañado,
entre otros, por el secretario general de la Organización
de Estados Americanos (OEA).
El próximo
gran acto anunciado, según la información facilitada
por la web del centro, supondrá un desfile de las principales
empresas españolas con intereses en el subcontinente. Allí
estarán el próximo 17 de octubre, sólo un día
después de la conclusión de la Cumbre de Salamanca,
el presidente de Telefónica, César Alierta, el presidente
del BBVA, Francisco González y el director general del Banco
Santander para Latinoamérica, Francisco Luzón. Junto
a ellos el magnate mexicano Carlos Slim, el presidente de la Reserva
Federal de Nueva York, Timothy Geithner, y el presidente de la Fundación
Soros, Arueh Neyer.
El siguiente
ministro en aparecer será el canciller español Miguel
Angel Moratinos que participará en un debate sobre inmigración
el día 24 de este mes. Junto a él el ministro de Justicia,
Juan Fernando López Aguilar y el ex-canciller mexicano Juan
Carlos Sepúlveda, el gobernador demócrata de Nuevo
México, Bill Richardson y el flamante secretario General
de las Cumbres Iberoamericanas, Enrique Iglesias.
El 14 de noviembre,
la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, será
la invitada española a un debate sobre el impacto del terrorismo
en las grandes ciudades en el que han anunciado también su
presencia Hillary Clinton, el alcalde de Londres, Ken Livingstone,
y el Gobernador del Estado de Nueva York, George Pataki.
La presencia
de Aguirre, parece destinada, según algunos observadores
del entorno del centro a demostrar la amplitud de miras de los socialistas
y su inequívoca vocación democrática y, en
todo caso, queda claramente compensada con la orientación
socialdemócrata, si se entiende este término con amplitud,
que tiene el resto de los invitados.
El
28 de noviembre el protagonismo vuelve al actual Gobierno con la
presencia de María Jesús San Segundo que debatirá
con sus homólogos brasileño y estadounidense, Fernando
Haddad y Margaret Spelling.
El 15 de diciembre se producirá, sin embargo, el debate más
esperado y el que más morbo despierta entre los hispanos
que habitan en EEUU. Un verdadero duelo de titanes en el que participará
Mariano Rajoy, jefe de la oposición española, cuyas
opiniones previsiblemente serán compartidas por otros invitados
estrella como el presidente de Colombia, Alvaro Uribe, Henry Kissinger
y el presidente del Comité de Relaciones Internacionales
del Senado de EEUU, Richard Lugar.
Frente a ellos
nada menos que Felipe González, Bill Clinton, y Manuel López
Obrador. El tema en este caso no deja lugar a dudas las nuevas tendencias
políticas de Latinoamérica.
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