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La
mayoría de la dirigencia latinoamericana, plantea a sus pueblos
que hay una nueva y una vieja política, demostrando un abismo
entre ellas, lo que no es por demás creíble. Sólo
que su obligación es la de saldar las diferentes cuestiones
que en realidad tienen con la sociedad a la que deberían
de representar de la mejor manera posible.
De ninguna manera
consideramos que ante la diversidad de sectores en pugna uno sea
lo nuevo y el otro lo contrario, la cuestión es mucho más
profunda, la trama pasa por la revalorización de la política
como herramienta de cambio y de desarrollo social y económico,
ni más ni menos esto es lo nuevo tanto ayer, como hoy y lo
será en el futuro, lo viejo apunta a la mentira y a la falta
de respuesta a los reclamos de la gente, la corrupción, el
clientelismo, mientras que la nueva sería la honestidad en
la gestión, y dar solución inmediata los problemas
de la gente en temas como la seguridad, el desempleo, la educación
base, etc.
Lo nuevo, aunque
desde siempre debió ser así, es la gestión
de políticas que reestablezcan la justicia social y que haya
un equilibrio económico, con claras reglas de juego, el respeto
por la independencia de los poderes, la seguridad jurídica,
lo viejo es alejarse de principios esenciales de la política,
como los que no entienden que el poder sólo sirve para transformar
la realidad de manera pacífica, llevar adelante una política
que mejore la calidad de vida y sostenga el equilibrio administrativo
y financiero, lo que produce una mejor interrelación con
la sociedad, acompañada por un estricto control de gestión
de parte de las minorías, nunca más poder al gobierno
de turno, si más control de su gestión.
El ciudadano
ya no cree que la política es un instrumento de cambio social,
para quebrar este escepticismo hay que entender la esencia de la
política que es saber interpretar las necesidades de la comunidad
para luego elaborar y dar respuestas adecuadas, a una sociedad que
requiere respuestas concretas. Un dirigente se debe caracterizar
por la capacidad de determinación para abordar lo que para
otros es imposible, consolidar una gestión ágil y
dinámica con el sólo fin de servir al ciudadano, no
hay que esconderse detrás de los cortinados de las crisis
para no gestionar ni tampoco refugiarse en las voces de cautela
y temor ante la posibilidad de quedar como utópicos, pues
sus anhelos son en definitiva los que aprecian cada uno de los ciudadanos.
Lo viejo y lo
nuevo, en política, no existe, la cuestión es como
una vez instalado en los espacios de decisión, se implementan
políticas a favor de la gente, el denostar una falsa dicotomía
es pura habladuría que nos lleva, seguramente a un camino
sin retorno.
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