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Grupo Santander ha confirmado la compra del 19,8% del banco
estadounidense Sovereign Bancorp, con sede en Filadelfia,
por valor de 2.400 millones de dólares (2.003 millones
de euros), 27 dólares por acción, una adquisición
que se pagará en efectivo. La entidad española
tiene, además, una opción de compra de hasta
el 100% de la firma en dos años a un precio mínimo
por título de 40 dólares.
Sovereign
ha confirmado que el dinero que reciba del Santander lo
invertirá en la adquisición de otra entidad,
Independence Community, por valor de 3.600 millones de dólares
(3.005 millones de euros).
Los
inversores, tanto españoles como estadounidenses,
no han recibido con agrado el anuncio. En la Bolsa de Madrid,
las acciones del Santander perdieron hoy un 3,13% mientras que
el Ibex-35 retrocedió tan sólo un 0,55% y
en Nueva York, los ADR de la entidad española se
desplomaban al cierre de esta edición un 3,2%. Más
duro era el castigo para los títulos de Sovereign
Bancorp que caían casi un 10% hasta los 21,6 dólares
por acción.
Algunas
dudas. Entre los inversores parecían pesar
algunas informaciones aparecidas en la prensa de EEUU que
daban cuenta de la pelea que mantiene el fondo de San Diego
Relational Investor con el actual consejo de administración de Sovereing.
Relational
es todavía el mayor accionista de este banco con
un 7,3% y ha publicado una dura nota en la que señala
que el precio que se quiere pagar por Independence es demasiado
elevado y responde sólo -lo mismo que la operación
anunciada por el Santander- al deseo de diluir el poder
de los actuales accionistas. También
algunos analistas de EEUU, citados por la prensa, consideraban
un error la adquisición del banco neoyorquino Independence,
cuyos títulos subían un 24,8% en la preapertura
de Wall Street.
El
Santander ha hecho pública esta operación
justo un año después de la adquisición
del banco británico Abbey National mediante un canje
de acciones, una operación que, en un principio,
tampoco agradó a los mercados. La nueva aventura
de la entidad que preside Emilio Botín se conoció
la víspera de la presentación de resultados
del tercer trimestre del banco, evento que presidió
Botín y que se ha celebrado hoy en la sede londinense
del Abbey National, en Triton Square, ubicación que
se ha vestido hoy del color rojo corporativo del Santander.
Un
edificio vestido de rojo. El edificio de cristal
de acero del Abbey fue el escenario elegido por el presidente
de la entidad española para presentar los resultados
de los nueve primeros meses del año y anunciar un
plan trienal para relanzar al propio Abbey.
Ante
los medios de comunicación comparecieron Emilio Botín,
Alfredo Sáenz, consejero delegado, y Francisco Gómez
Roldán, consejero delegado del Abbey, los tres a
golpe de corbata carmesí. Resultaba singular oirles
realizar sus intervenciones en un inglés con marcado
acento hispano. Les acompañaban en primera fila Francisco
Luzón, consejero director general; Juan Rodríguez
Inciarte, director general; José Tejón, director
general de Intervención; José Antonio Álvarez,
director financiero, y José María Fuster, jefe
global de Tecnología.
Los
resultados. En los nueve primeros meses el Santander
obtuvo un beneficio atribuido de 3.878 millones de euros,
con un aumento del 36,8% respecto al mismo periodo del año
anterior. La cifra del tercer trimestre del año permite
a los ejecutivos del banco ser optimistas con respecto al cumplimiento
de la meta de beneficios comprometida para finales de año: 5.000
millones de euros.
Unos resultados que se engrosarán con los 2.200 millones
de euros extraordinarios que reportará la entidad
por la venta del
22% de Unión Fenosa (1.160 millones) y del 2,57%
del Royal Bank of Scotland (717 millones). De esos beneficios
extraordinarios, la entidad española destinará 675 millones a la reestructuración
del Abbey y 325 millones a las prejubilaciones del banco en España.
El resto irá a parar a los fondos propios de la entidad.
En
cuanto al dividendo, Botín apuntó como guiño
a los inversores que el pay out no será
superior al 50%.
Planes
para el Abbey. El Abbey ha aportado 492 millones
al beneficio atribuido del grupo y se le ha recetado un plan trienal
para que consolide su despegue, en palabras de Botín.
Dicho plan prevé un crecimiento de ingresos de entre
cinco y diez puntos porcentuales durante cada uno de los tres
próximos años. Alcanzar un ratio de eficiencia
del orden del 45% en 2008 y una rentabilidad sobre recursos
propios del 18%.
En paralelo se le aplicará la plataforma informática
Partenón de tan probada eficacia en el propio banco
y en Banesto. En palabras del consejero delegado del Abbey,
el mayor reto de la entidad consiste en alcanzar una posición
sólida como banca universal a partir de la hegemonía
que actualmente mantiene en el negocio hipotecario y de
seguros.
Además,
se continuará reestructurando el personal de la entidad
(a lo largo de este ejercicio se habrán suprimido
al menos 4.000 puestos de trabajo) y trabajando por lograr
retener un porcentaje mayor de los 18 millones de clientes
de escasa fidelidad con los que cuenta la entidad.
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