| Después
de casi un año de discusiones sobre las reformas
constitucionales entre el presidente de Nicaragua, Enrique
Bolaños, y el Congreso, los habitantes nicaragüenses
podrán opinar sobre el conflicto. Aunque en los últimos
días, la aprobación de una ley marco que
aplaza las modificaciones de la Carta Magna hasta enero de 2007 ha suavizado
el clima de los enfrentamientos, la Asamblea Legislativa
estudiará esta semana la elaboración de un
reférendum en el que se incluya, entre otros temas,
la opinión ciudadana sobre las enmiendas a la Constitución.
Sin
embargo, hasta el momento todavía no están
definidos cuáles serán exáctamente los
términos de la consulta popular. Según Daniel
Ortega, el líder del Frente Sandinista de Liberación
Nacional (FSLN), el principal partido de la oposición,
el reférendum además de mencionar las reformas
constitucionales, debe hacer alusión a temas
de órden económico y social.
Además,
el mandatario sandinista aprovechará la ocasión
para saber qué opina el pueblo sobre su forma de Gobierno,
centrada en la creación de asambleas de poder ciudadano.
Para Ortega, ese mecanismo aumentará la participación
del pueblo nicaragüense, que se encargará de
manifestar al presidente o alcalde a priori cuáles
son las principales necesidades de los habitantes. El líder
del FSLN anunció que en las alcaldías donde
ganen los sandinistas se llevará a cabo esta iniciativa.
Pero
antes de que el referéndum se convierta en una realidad,
la ley electoral actual establece que se requiere la firma
de 50.000 ciudadanos de Nicaragua y el apoyo de un tercio
de los 91 diputados que integran la Asamblea Nacional.
La
ley marco. En la consulta principal cobrará
especial importancia la pregunta referida a ley marco que
se aprobó en la Asamblea Nacional la semana pasada.
En virtud de esta norma, las reformas constitucionales que
aprobó el Congreso nicaragüense en octubre de
2004, tendrán que esperar a las próximas elecciones
presidenciales para ser aplicadas.
De
esta forma se ha encontrado una solución temporal
a la crisis de gobernabilidad fruto de la batalla que mantiene
el Poder Legislativo contra Bolaños, quien se negó
a ratificar las modificaciones a la Carta Maga al considerar
que limitaban el poder del Gobierno.
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